Al margen de las opiniones, siempre intranquilizadoras y malintencionadas, de algunos líderes políticos de la oposición, todos los sectores económicos y sociales del país, sin importar sus tendencias políticas, deben darle su apoyo al presidente Abinader, que enfrenta en este momento dos situaciones muy difíciles para los dominicanos en ámbitos diferentes. Cerrar filas con el gobierno hasta que superemos ambas es lo que hacen los países civilizados, democráticos y que luchan por el progreso.

La primera, la guerra en el Golfo Pérsico, que ha disparado los precios del petróleo sobre 100 dólares el barril, donde el gobierno está haciendo un inmenso sacrificio fiscal para cubrir el 80 % de los aumentos de precios de los combustibles (aumento de 24 pesos hasta 314 pesos el galón de gasolina Prémium). De no ser por ese subsidio, la gasolina estaría costando unos 360 pesos el galón. Igual con el diésel y otros derivados del petróleo.

Sin embargo, ha mantenido los precios del GLP congelados y ha dispuesto una ayuda de mil millones de pesos para subsidiar los fertilizantes que han aumentado hasta un 40 % en los mercados internacionales.

El costo fiscal de este subsidio (5 mil millones solo en el mes de marzo y que nadie sabe hasta dónde puede extenderse) implica realizar fuertes recortes en algunas partidas presupuestarias, evitando, hasta donde sea posible, afectar el gasto de capital. Y es lo que se está haciendo. El oro ayuda, pero no compensa.

En Estados Unidos, primer productor mundial de petróleo, los precios de la gasolina han subido a 4,20 dólares el galón, con un aumento de un 30 % o el equivalente a 1,19 dólares. Ese aumento equivale a 73 pesos el galón. En algunos estados, como California, los precios están en 5,90 dólares el galón (362 pesos). En Europa ronda los 7 euros el galón en promedio, o el equivalente a 620 pesos dominicanos.

Para completar la película, el clima se ensaña contra el país, con lluvias abundantes y fuertes inundaciones que han dejado varias víctimas y grandes daños materiales. El gobierno ha salido al rescate de esas familias que han abandonado sus casas anegadas o han sido destruidas por vientos y árboles. Calcular esos daños es por ahora imposible, ya que se acercan más lluvias en los próximos días que pueden agravar la situación.

Lo que aseguro es que miles de millones más tendrán que ser destinados para ayudar a esas familias desplazadas, reconstruir sus casas y reparar la infraestructura dañada en varias provincias.

El gobierno debe tener tres o cuatro planes de contingencia dependiendo de cómo cambie el incierto escenario internacional. El mundo está revuelto, al borde de una grave escasez de energía y combustible, alta inflación y un freno al crecimiento.

Lo que no necesitamos son agoreros que claman por el caos y el desastre para sacarle provecho político a la situación. El país es atacado por los efectos colaterales de una guerra y el cambio climático, y todos debemos unirnos para salir adelante, como lo hemos hecho con éxito en crisis pasadas y recientes.

José Lois Malkún

Economista

Economista dominicano. Trabajó como consultor de varios organismos internacionales, como el BID y el Banco Mundial. Fue director de la Comisión para la reforma del Sector Salud, Ministro de Finanzas y Gobernador del Banco Central, en el período 2003-2004.

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