La tradición de estudios que parte de la nueva historia o  historiografía de estudios culturales tiene su enclave en lo que hoy se concibe como el nuevo giro historiográfico historia, tratamiento que explica los hechos a partir de las actitudes de los sujetos en tiempo y espacio dados, pero teniendo en sus determinaciones ideales y socioeconómicas la estructura mental y la estructura social particularmente un nuevo enfoque, una nueva visión del campo teórico y epistemológico, donde la historia pretende dar cuenta de un orden competente y una función específica de las mentalidades. Los trabajos de Lucien Febvre y de Marc Bloch, Fernand Braudel y otros que caracterizan el desarrollo de la nueva visión de la historia, siendo así que forma parte de la estrategia de los historiadores que se proponen un riguroso enfoque  siempre ligado al documento y al contexto geohistórico.

Lucien Febvre
Marc-Bloch
Marc Bloch

Con la publicación de El pensamiento dominicano en la primera República, 1844-1861*, Fernando Pérez Memén continúa esta metodología histórica aplicando ciertas cronologías del pensamiento republicano. Si bien lo que interesa a Pérez Memén es el conocimiento del mundo de la vida de los principales actores políticos que se encuentran en este proceso, analizando ideas sociales, políticas y humanísticas. El libro tiene en su base un cuerpo documental bastante espeso y vasto, siendo así que para su lectura se necesita la referencia, la cita y el testimonio del sujeto o investigador para lo que se refiere a ejemplos de la fundación del Estado Dominicano y cómo se forman las ideas de independencia, soberanía y reafirmación de los derechos sociales e institucionales.

Fernando Pérez Memén

En base a un discurso histórico basado en la crítica y la documentación, Fernando Pérez Memén, desmonta la estructura ideológica tratando la idea de igualdad, la preeminencia del poder civil, la idea de las libertades individuales y la administración pública (Vid. pp. 101-145) y cómo este proceso se define por el movimiento de las ideas sociales, básicamente la formación del liberalismo individualista y el liberalismo del sujeto social.

Indudablemente, la idea liberal surge con una representación de intereses individuales y en cierto modo común que institucionalizan el valor del espíritu en la socialidad y en los ideales individuales y en los ideales básicos del proceso. Así las cosas, la idea de pobreza, la idea del trabajo y la idea del progreso tienden a la búsqueda, a las reformas constitucionales de la idea y el cambio en la estructura mental misma.

Como la historiografía que trabaja con las estructuras no de manera aislada, sino de una manera conjunta, Pérez Memén le da tratamiento muy específico a las ideas económicas del liberalismo, describiendo las diversas formas ideológicas que, en el contexto se fundamentan como solución: la idea de la propiedad, el libre cambio, la idea de la industria, la creación de una infraestructura económica y el surgimiento de las ideas monetarias y financieras (vid. pp. 231-283 y passim.) surgen de una dinámica especial del concepto de representación.

La noción de realidad se explica a través de los ideales optimistas y pesimistas, en tanto que existe una visión muchas veces transformadora de la dinámica social y otras veces estática del cuerpo social. Los intelectuales entonces se adhieren a las diversas formas de victoria o derrota que se conforman en el pensamiento liberal. Este pensamiento se forma como conjunción o disjunción en ambos términos para designar una actitud económica, política, religiosa, estatal o cultural.

En cuanto al pensamiento constitucional y a algunas miradas políticas y jurídicas, Fernando Pérez Memén apunta el juicio acerca de la pena de muerte en el marco de las constitutivas. A propósito de la pena de muerte en nuestro país Pérez Memén dice lo siguiente:

"La pena de muerte se estableció en nuestro país tanto por causas criminales como políticas. El código penal dominicano, casi un trasunto del francés, se diferencia de éste en algunos aspectos. Entre otros, la pena de muerte en Francia (Art. 22) sólo se aplicaba para la guillotina; en la República Dominicana era fusilado" (200). p.62

Y más adelante para situar en un contexto más determinado el efecto pena de muerte en una mentalidad liberal dominicana expresa lo siguiente:

"Algunos liberales dominicanos e hispanoamericanos, influidos por César Beccaria, Manuel de Lardizábal y Víctor Hugo, y su acendrada pasión por las libertades individuales, condenaban la pena de muerte y lograban prohibirla en algunas constitucionales. Angulo Guridi se muestra contrario a ella, y sólo la cree necesaria cuando no pudiera ser sustituida prisión en perpetua o a largo tiempo en penitenciaría como en Filadelfia”. P. 63.

Estos aspectos jurídicos y políticos de la pena de muerte, tratan de imponerse en el marco de un pensamiento que oscila entre lo liberal y lo conservador en la estructura de las diversas actitudes histórico-sociales.

La exposición que hace Fernando Pérez Memén a propósito de la estructura conservadora y liberal merece ser citada como tópico de referencia y diferenciación:

"En algunos países hispanoamericanos, como México y Venezuela, la lucha entre conservadores y liberales fue motivada, muchas veces, por las pretensiones de aquéllos por imponer el centralismo, y de éstos, el federalismo. Lucha que adquirió rasgos sangrientos… En nuestro país, producto de la transacción entre la clase dominante y la burguesía emergente, no ocurrió así, la forma unitaria, muy propia de la ideología conservadora de la época, se impuso." p.65

Vale la pena establecer las relaciones entre ambas estructuras, pero aún más, entre los comportamientos contrarios o antagónicos en sociedad, para así arribar a conclusiones particulares.

En cuanto a las ideas políticas y la relación Iglesia-Estado existe la determinación de dos corrientes que se imponen en el marco del pensamiento liberal:

"En las relaciones entre el poder civil y el espiritual existían dentro del liberalismo dos corrientes principales: una que tenía como modelo la constitución de Filadelfia de 1787 que preceptuó la separación entre ambas potestades, y abogaba por la desacralización y secularización del Estado, pero despojando al clero de sus poderes económicos y políticos, haciéndole un útil instrumento de poder público. Los liberales dominicanos tuvieron la experiencia de ambas corrientes de pensamiento. La borbónica y de las cortes de Cádiz desde el siglo XVIII y durante la España Boba, y la secularista durante la Era de Francia, la independencia efímera y luego la dominación haitiana." p.101

Estos elementos sirven de base para la explicación del marco mental y constitucional del pensamiento liberal, situando así determinadas coordenadas de la cultura política dominicana. La Iglesia Católica ejerce su influencia hasta en la explicación de lo político en la perspectiva de los sujetos sociales y en su heredad social. Así, Pérez Memén cita un informe de la Comisión del Programa de Constitución donde se lee lo siguiente:

"La religión Católica, Apostólica, Romana, ese rico patrimonio heredado de nuestros mayores, y que los dominicanos profesan con convicción, ha sido repuesta a su antiguo esplendor e independencia". p.103

La historia del pensamiento dominicano elaborada por nuestro autor es la historia de una estructura ideológica portadora de variados signos y de sucesiones políticas cuyas significaciones se encuentran en las actitudes mentales de los sujetos que a su vez activan la historia y el mundo de la vida del país. Toda una compleja fenomenología de la historia traduce las tensiones, miradas, desencuentros y explicaciones que interactúan en una teoría de la Historia de amplios soportes sociales y de frecuentes estremecimientos bioculturales.

La imagen de Duarte no es convencional en su tratamiento histórico, sino más bien instruida en su propia dialéctica histórica, donde el pensamiento romántico liberal aspira a serias transformaciones desde el Estado político. Pero estas transformaciones serán interferidas por los intereses políticos de caudillos y económicos y por las fuerzas que, en el caso de la cronología analizada (1844-1861), hacen estallar el proyecto mismo de la fundación del Estado Nacional. El pensamiento dominicano en la primera república se debate entre el liberalismo y el conservadurismo que son a la vez representaciones históricas canónicas en toda la historia del pensamiento hispanoamericano.

(*) Fernando Pérez Memén: El pensamiento dominicano en la primera República (1844-1861). Ed. UNPHU, Santo Domingo, 1993, 460 Págs.

Odalís G. Pérez

Escritor

Miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua

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