Un legado ideológico persistente
Las reacciones de lectores dominicanos publicadas en revistas de opinión en línea revelan la persistencia de un imaginario nacional en el que Haití ocupa un lugar “trágico”. En este relato, la indo‑hispanidad dominicana se construye en oposición a la africanidad haitiana. La colonia española suele describirse como un espacio de mezcla “armoniosa” entre españoles y taínos, hasta que la llegada de esclavos africanos y las “invasiones” haitianas fueron percibidas como una amenaza negra contra la identidad dominicana.
Estas representaciones plantean preguntas fundamentales: ¿por qué una nación alimenta el odio y el racismo hacia su vecino? ¿Qué factores llevan a una élite a construir su identidad sobre una supuesta superioridad racial? El anti‑haitianismo virulento en la República Dominicana no es una invención repentina, sino el resultado de una larga historia de rivalidades coloniales, resentimientos económicos y construcciones ideológicas.
Las raíces coloniales del resentimiento
La élite dominicana —formada por esclavistas, mulatos educados y el clero católico— forjó su discurso identitario en medio de tensiones culturales, políticas y económicas. Desde el siglo XVIII, el éxito económico de la colonia francesa de Saint‑Domingue despertó celos y resentimiento entre los españoles criollos.
El imaginario racial dominicano, tal como lo describe Milagros Ricourt en El imaginario racial dominicano (2022), muestra que el anti‑haitianismo es una construcción histórica, alimentada por élites que exaltaban la hispanidad mientras marginaban la africanidad
Antonio Sánchez Valverde, sacerdote jesuita y mulato ilustrado, encarna esta visión. En su obra Idea del valor de la isla Española (1785, reeditada en 1957), exhorta a la Corona española a restaurar la grandeza de la colonia oriental. Idealiza los “días gloriosos” del siglo XVI, critica el abandono de España y propone importar más colonos europeos y esclavos africanos para competir con la prosperidad francesa. Para Sánchez Valverde, los africanos eran mercancía, no parte de la composición social y cultural.
Este discurso consolidó el mito de una República Dominicana “indo‑hispano‑católica”, donde la hispanidad se glorifica y la africanidad se margina. Como señala Pedro L. San Miguel, se trata de un “relato trágico” que alimenta la nostalgia de una grandeza perdida y la desconfianza hacia Haití.
El imaginario oficial y sus consecuencias
La influencia de Sánchez Valverde y otros intelectuales coloniales se refleja en el imaginario oficial dominicano. La hispanidad es exaltada como fundamento patriótico, mientras que la africanidad es relegada al rango de amenaza. Esta construcción ideológica ha marcado las relaciones entre las dos naciones, justificando la exclusión y la estigmatización de los haitianos.
Hoy en día, ciertos discursos populares repiten estos temas: Haití es responsable de todo lo negro en la República Dominicana, los dominicanos son “esencialmente” hispánicos y taínos, y la Constitución haitiana, que proclama «la unidad de la isla», es vista como una amenaza a la soberanía dominicana. Estas representaciones, heredadas de la élite colonial, alimentan un racismo estructural que en ocasiones llega a expresiones de violencia, como fue el caso de la matanza de haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana ordenada por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.
Deconstruir para reconstruir
Comprender el anti‑haitianismo dominicano exige situarlo en su contexto histórico. No se trata de una simple hostilidad irracional, sino del producto de una élite que, durante siglos, construyó su identidad en oposición a Haití y a la africanidad. Reconocer esta historia es esencial para desmontar los mitos y abrir la posibilidad de una identidad dominicana más inclusiva.
La República Dominicana es una nación híbrida, formada por taínos, españoles, africanos y caribeños. Celebrar esta pluralidad no debilita la soberanía nacional; al contrario, la enriquece y permite superar los prejuicios heredados del colonialismo.
Conclusión
El imaginario racial dominicano, tal como lo describe Milagros Ricourt en El imaginario racial dominicano (2022), muestra que el anti‑haitianismo es una construcción histórica, alimentada por élites que exaltaban la hispanidad mientras marginaban la africanidad. Publicar y debatir estas ideas en el espacio público es una manera de romper el silencio, iluminar las raíces del racismo y abrir un diálogo necesario entre las dos naciones.
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