Aunque en los años cincuenta Haití era llamado la «Perla de las Antillas», hoy día presenta una situación hostil y peligrosa que ahuyenta a los potenciales turistas extranjeros. En los principales mercados emisores temen no solo por un posible daño a su integridad física, sino que también ven con ojeriza su extrema pobreza. Las condiciones para el desarrollo turístico están simplemente ausentes. Soñar con tener en Haití un socio confiable para el desarrollo turístico de la isla parece una aberración de mitómanos. Pero resulta fácil imaginar que una asociación con tales fines sería muy beneficiosa para ambas naciones.

A muchos observadores dominicanos esa asociación les parece la idea de un orate. Al enjuiciar las circunstancias actuales, el temor latente que acusan nuestros nacionales es que ocurra, dadas las precariedades de Haití, una masiva invasión de migrantes ilegales. A eso se añade la posibilidad de que los escarceos de las operaciones antipandillas puedan ocasionar un éxodo de bandidos hacia nuestro territorio, lo cual podría desembocar en ásperas confrontaciones armadas. Pero, azuzado por las malquerencias históricas entre los dos pueblos vecinos, el fantasma de la conflagración es un fenómeno tétrico que invade el imaginario del dominicano de a pie y más de la élite económica. Por suerte, las autoridades han dado seguridades de que nuestra frontera está blindada contra esas eventualidades.

No obstante, vale la pena argumentar la asociación industrial propuesta, iniciando con la naturaleza del fenómeno turístico. El hecho de que el turismo se conciba como un instrumento de paz, de entendimiento intercultural y de desarrollo sostenible lo evidencia la existencia de varios programas e instituciones que promueven ese papel del turismo. En América Latina, por ejemplo, nació la Red de Cátedras UNESCO (Red/Tupaz), cuyo propósito es vincular universidades y centros académicos para promover el turismo como instrumento de paz, desarrollo sostenible y entendimiento entre los pueblos. De manera que mirar al multidestino turístico como el posible vínculo que provoque una reconciliación entre Haití y la República Dominicana promete no solo el entendimiento mutuo, sino también el desarrollo económico.

Durante los años cincuenta, Haití aventajaba a nuestro país en notoriedad turística internacional y en llegada de visitantes, particularmente procedentes de Norteamérica. En aquella época, la economía dominicana era conocida principalmente por la producción de azúcar y ron, mientras que Haití había desarrollado una imagen turística cultural más consolidada. Su inestabilidad política ha sido el principal factor disruptivo, pero en las últimas décadas Haití también ha sido golpeado por desastres naturales y un descomunal terremoto. En cambio, hoy día la República Dominicana está posicionada como el primer destino turístico regional y su infraestructura turística, su conectividad y su estabilidad social atraen inversión y turistas a raudales, mientras Haití languidece en una parálisis económica a punto de tornarse en una crisis humanitaria de grandes proporciones.

Afortunadamente, el turismo puede corregir esos entuertos. Los respectivos productos turísticos de Haití y la República Dominicana son tan diferentes que, al estar unidos por su territorio, tienen espacio para cultivar un vigoroso multidestino. Si bien los dos países ofrecen el mismo clima y sol, sus respectivas dotaciones de playas son un ejemplo de que existe espacio para la complementariedad. Según una fuente consultada mediante inteligencia artificial, mientras Haití tiene 1,771 km de litoral y la República Dominicana unos 1,288, Haití cuenta con más kilómetros de playa (unos 372 frente a 349). Solo en la costa sur posee unos 26 km de playas de arena blanca y fina granulometría (véanse las gráficas adjuntas). La morfología de Haití hace difícil la conectividad de la infraestructura vial, pero sus rasgos culturales compensan. La diferencia con lo nuestro calificaría como un poderoso imán turístico para un segmento del mercado que apetezca el multidestino.

Playa en la costa sur de Haití

El desarrollo binacional del multidestino será una tarea larga y desafiante. Habría que concebir un plan de varias fases que vaya proveyendo en Haití los servicios básicos de infraestructura (agua, energía, carreteras, etc.) y la calidad de los servicios. Sin embargo, es dable suponer que, una vez que el país esté pacificado, la inversión extranjera podría responder rápidamente al atractivo que ofrecen sus playas. El principal escollo superable sería el alojamiento, asumiendo que las condiciones de la institucionalidad ofrezcan la suficiente seguridad jurídica. Los aeropuertos de Cabo Haitiano, Puerto Príncipe y Jacmel acogen aviones grandes y estarían fácilmente disponibles para lograr la conectividad aérea.

La inteligencia artificial lo define de la siguiente manera: «La República Dominicana podría actuar como centro de distribución turística internacional, aprovechando su conectividad aérea, infraestructura hotelera y experiencia comercial. Haití incorporaría progresivamente sus extraordinarios recursos históricos, artísticos y culturales, a medida que las condiciones lo permitan. Objetivo final: crear un destino multidestino caribeño capaz de ampliar la estadía de los visitantes, diversificar el turismo dominicano, generar oportunidades económicas en Haití y convertir el patrimonio compartido de la isla en un instrumento de cooperación y paz».

Para apoyar el desarrollo del multidestino Haití-República Dominicana se pueden usar dos acuerdos firmados por ambos países. El primero fue firmado en 1998 y seguido por un plan de acción de 2012 para la Comisión Mixta Bilateral. El segundo fue un memorando de entendimiento (MOU, por sus siglas en inglés) del 10 de febrero de 2014, firmado por Francisco Javier García, ministro de Turismo dominicano, y Stéphanie Villedrouin, ministra de Turismo de Haití. Como orientación, también se pueden usar dos documentos que establecen los términos de referencia para un programa binacional: el primero, de la oficina del Ordenador de Lomé IV de Haití, en 2009, y el segundo, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en 2004. Otros documentos relevantes son los generados por las agencias multilaterales, como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El esfuerzo comenzaría mediante una diligente gestión de cooperación entre la Comisión Mixta Bilateral y las siguientes instituciones de los países nórdicos: de Suecia, el Swedish Tourism Innovation Center y la Folke Bernadotte Academy; de Finlandia, la Finnish Evangelical Lutheran Mission y la Martti Ahtisaari Peace Foundation; y de Noruega, la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo y Norwegian Church Aid.

Polos de desarrollo turístico en Haití definidos en un plan del 2014

El desarrollo y la ejecución de un plan de acción binacional para fomentar el multidestino entre los dos países —aun cuando sea el elaborado en 2014— sería un área donde la cooperación, canalizada a través de la Comisión Mixta Bilateral, avanzaría sin mayores tropiezos. Emprender este esfuerzo bilateral podría eventualmente conducirnos a una atmósfera de perpetua paz y fraternidad entre las dos naciones hermanas.

Juan Llado

Consultor económico

Con entrenamiento universitario en los campos de la psicología, las ciencias políticas, la educación y la economía, obtuvo títulos universitarios en EEUU y se desempeña actualmente como consultor económico y articulista. Su experiencia de trabajo ha sido diversa, incluyendo misiones de organismos multilaterales y gerencia de proyectos internacionales. El principal hobby es la investigación y las tertulias vespertinas en el Centro Histórico de Santo Domingo. Aunque no partidarista y un libre pensador, ha abrazado últimamente la causa de la alternancia en el poder como requisito cumbre para fortalecer la democracia dominicana.

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