La migración pacífica de los musulmanes hacia Europa, África, Estados Unidos, Centro, Suramérica y el Caribe es ya una preocupación para los líderes de naciones de creencia cristiana y capitalista en el mundo.

El avance vertiginoso de de los musulmanes a nivel global no es fortuito en el siglo XXI. Obedece a una nueva estrategia de conquista territorial y expansión de su religión.

Los conflictos entre musulmanes y cristianos se remontan a los siglos XI y XII de la Edad Media, identificadas sus guerras como Las Cruzadas, nueve en total entre 1096 y 1272.

Se les llamó cruzadas por la insignia de la cruz que llevaban como banderas los guerreros (soldados de la iglesia) previamente entregada por el reino papal.

La primera cruzada (Guerra Santa) fue en el 1095, cuando el papa Urbano II hizo un llamado a las armas para que los cristianos reconquistaran Jerusalén y la Tierra Santa, entonces en manos de los musulmanes.

Las naciones involucradas fueron Francia, el imperio romano, Inglaterra y Sicilia.

La guerra de reconquista más extensa entre cristianos y musulmanes se produjo en la península ibérica protagonizada por España y Portugal, duró 781 años.

En pleno siglo XXI, aun persisten los conflictos entre ambos grupos religiosos.

El islam y el cristianismo tienen diferencias teológicas muy profundas desde hace siglos, que los ha llevado a una rivalidad geopolítica por el control de territorios.

La nueva estrategia de conquista ya no es con las armas en las manos, sino a través de la migración pacifica, cruzando mares y ríos fronterizos para llegar a tierras codiciadas para establecer sus dominios e imponer su religión.

Es por ello por lo que no debemos sorprendernos sobre lo que está pasando hoy día en Francia, España, Reino Unido, gran parte de África, Estados Unidos, Centro, Suramérica y el Caribe.

Se reconoce el islam como la segunda religión más importante del mundo, luego del cristianismo y la de mayor avance en términos de seguidores en esta época moderna.

Los musulmanes, aprovechando la política de fronteras abiertas y sin control que impusieron gobiernos globalistas, han inundado ciudades del mundo sin tirar un tiro ni sacrificar a sus líderes religiosos.

En lugares ya establecidos se han dedicado a buscar poder político para desde allí cambiar el sistema religioso establecido, como el cristianismo, para imponer su cultura, religión y forma de gobierno.

En los Estados Unidos, su presencia es notoria. Estimaciones oficiales de centros de investigación y reportes comunitarios indican que el número de musulmanes en los EE.UU sobrepasan los 5 millones.

Por igual se reporta que el 42% de la población musulmana estadounidense nació en los Estados Unidos.

Un debilitado Partido Demócrata, esforzado por aumentar sus posibilidades de regresar al poder, abrió sus puertas para que ingresen a su seno militantes con ideología socialista e islamista en franca contradicción de su formación cristiana capitalista.

Estados como Nueva York, Michigan, California, New Jersey, Illinois, Texas y Minnesota, la comunidad musulmana ya tienen miembros en la Cámara de Representantes, alcaldes, concejales y candidatos al senado.

Y hay posibilidad de que incrementen su presencia en el Congreso y el gobierno federal al participar como aspirantes a cargos electivos en las elecciones del próximo 3 de noviembre.

Lo extraño es que estos inmigrantes musulmanes hoy en cargos significativos dentro de la política estadounidense en su gran mayoría no creen en la democracia, ni en el capitalismo, ni en la religión católica, pero la comparten para lograr sus propósitos, algo que a los líderes demócratas poco les importa.

Rafael Gómez

Periodista

Rafael Gómez, periodista dominicano. Residente en los Estados Unidos.

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