Es preciso comenzar recordándote que la democracia es un sistema político y de organización social en el que el poder es ejercido por el pueblo, directamente o a través de sus representantes.
Es importante comprender que, en una sociedad donde predominen la ignorancia, la desinformación y la mala fe, será mucho más probable que esas mismas características terminen manifestando quienes alcanzan el poder.
Aunque, cuando las personas luchan por el bien común, si no se rinden, pueden llegar a generar tendencias positivas contagiosas.
Históricamente, hemos observado que en países que han alcanzado un gran desarrollo, se nota una tendencia a seguir o emular a aquellos que han hecho grandes aportes a la civilización, esto ha contribuido a que se logren importantes avances sociales, culturales, económicos y políticos. Pero ahora tenemos un cambio importante.
En las redes sociales vemos a muchas personas transmitiendo tonterías, falsedades o antivalores. En ocasiones han llegado a ganar mucho dinero y popularidad, lo que transmite un mensaje a las multitudes que directa e indirectamente promueve la degradación social. Recordemos que esas multitudes son quienes, en definitiva, deciden o escogen el futuro de sus pueblos,
El problema no es que la mayoría sea quien tome las decisiones, sino el que estén mal informados, desesperanzados y resentidos, porque se convierten en una población políticamente manipulable.
El pueblo que renuncia a pensar puede dejarse arrastrar por pasiones, emociones, miedos y resentimientos. Se convierte entonces en un barril de pólvora que solo necesita a alguien con la habilidad suficiente para encender la mecha.
En ocasiones existe una mayoría silenciosa que observa de manera cómoda, pasiva e irresponsable, el curso de los acontecimientos y a veces, cuando finalmente reconoce que debe actuar, ya hay poco que hacer.
La historia ofrece numerosos ejemplos de lo que puede ocurrir cuando las sociedades permiten el deterioro de sus instituciones y entregan su confianza ciegamente a determinados líderes: Adolf Hitler en Alemania o Benito Mussolini en Italia.
Pero es en Latinoamérica donde posiblemente hemos visto los casos más evidentes. Podemos analizar los ejemplos de Fidel Castro en Cuba, Juan Domingo Perón en Argentina, Hugo Chávez en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua. Más allá de las narrativas oficiales y de las diferencias entre sus respectivos procesos históricos, existen realidades sociales, económicas y políticas difíciles de ignorar.
Hace más de 30 años, visité Venezuela y me impresionó el desarrollo que había alcanzado. Hoy en día ha habido un exilio de unos 7.9 millones de venezolanos, que se ha estimado en alrededor de la cuarta parte de la población. A la mayoría tomó por sorpresa el impacto socioeconómico que generaría el populismo.
Esos países con líderes populistas que han ofrecido desarrollar un gobierno en el que supuestamente gobernará el mismo pueblo, terminan afectando tanto a sus naciones que sus habitantes sueñan con irse a otros países con sistemas políticos y económicos similares a los que cambiaron.
La amenaza que acecha a las naciones de Latinoamérica es que algún líder dirija a las masas no pensantes, para dar inicio al desastre. Como ya hemos visto en reiterados casos.Incluso países tan desarrollados como los Estados Unidospueden también experimentar una caída estrepitosa si su gente no ejerce el juicio crítico.
Es más fácil detener una dictadura en sus inicios que después de estar instalada. Una vez que una dictadura logra controlar las instituciones y concentrar el poder, recuperarse puede resultar extraordinariamente difícil y costoso para una sociedad.
Hay que reconocer que es tan peligroso el que vota sin pensar, como el que no vota porque no le interesa.
No necesariamente nos referimos a tener estudios académicos de alto nivel. A menudo hay personas con poca educación formal, que poseen enorme sentido común, experiencia y juicio moral, mientras otros con muchos estudios podrían ser profundamente acríticos y manipulables.
Quiero insistir en ese punto, hay “analfabetos críticos”incluso médicos, abogados o ingenieros, que pueden tener mucha habilidad técnica pero poca capacidad reflexiva o crítica.
En cambio, hay personas que no saben leer, pero que sí tienen capacidad de leer los acontecimientos, reflexionar, identificar las voces confiables y escucharlas, para luego analizar lo que les parece que sea la mejor decisión para sus pueblos. El problema no necesariamente es la falta de estudios sino la ausencia de pensamiento crítico.
En política los que callan contribuyen a fortalecer a los que gritan. Todos somos influenciables, especialmente los que creen no serlo.
Seguir a tu líder no está mal, pero creer que es infalible es grave. Si cuando le llevas la contraria, él te dice que estás en contra del pueblo, puede ser un aviso de que estás ante un futuro dictador.
El populismo emocional se fundamenta en narrativas simplistas, explotación de las emociones (miedo, rabia y esperanza ingenua), presentación de enemigos imaginarios y promesas de paraísos.
No te engañes, el político que te ofrece privilegios injustosno es confiable y, a la larga, hundirá a tu país. Solo en un sistema de justicia, equidad, respeto y tolerancia, puede progresar una nación. Lo demás son espejismos y cantos de sirenas.
Decide lo que quieras, pero después de analizar. No te canses de pensar. Si decides no pensar hoy, podrías estar escogiendo lamentarte mañana.
Referencias
Guerrero-Solé, F., & Pérez-Altable, L. (Eds.). (2025). La democracia en riesgo: ¿Internet e IA al servicio de los populismos? Editorial UOC.
Levitsky, S., & Ziblatt, D. (2018). How democracies die. Crown.
Mudde, C., & Rovira Kaltwasser, C. (2019). Populismo: Una breve introducción. Alianza Editorial.
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