Las acciones políticas y militares trascendentales ejecutadas por la administración Trump en este nuevo periodo gubernamental (enero 2025 – enero 2027) cumplen una agenda muy bien elaborada y en un orden de importancia inviolable en pro de conseguir los objetivos geopolíticos planificados.
En la memoria de los líderes globalistas europeos y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que asistieron al Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, aún estaban frescos los hechos y acontecimientos ocurridos en Venezuela el pasado 3 de enero.
La inédita operación militar contra Venezuela para capturar exitosamente al presidente Nicolás Maduro los ha dejado boquiabierto, desconcertados y nerviosos.
Los altos mandos militares venezolanos aún no saben cómo describir la nueva tecnología militar o arma secreta que usaron los EE.UU para neutralizar los súper radares que poseían y que impidieron el despegue de sus modernos F-16, el uso de los misiles antiaéreos S-300, SU-30MK2 y los Buk-M2 de fabricación rusa, todos destruidos en la operación denominada “Determinación Absoluta”.
Ahora los gobiernos de China, Rusia y la OTAN reclaman de EEUU revele cuál fue el “arma secreta” que se utilizó contra Venezuela.
Para los líderes europeos fue “una locura, un irrespeto a los convenios internacionales y la soberanía de una nación amiga”. Para la administración Trump, un paso firme para el avance de la recuperación del dominio geopolítico en Occidente.
Por eso Trump, luego de poner a Venezuela bajo control de los intereses estadounidenses, ha puesto sus ojos sobre Cuba y Nicaragua para completar su agenda geopolítica local y eliminar la influencia de China, Rusia e Irán en la región.
El pánico de los globalistas fue mayor cuando Trump ordenó el retiro de los EE.UU. de 66 organismos internacionales, siendo una veintena de ellos de la ONU.
La acción en sí fue un terremoto geopolítico al cortar la fuente de ingresos de una burocracia internacional que en nada beneficiaba a los intereses de Washington.
Están conscientes de que, sin los millones de dólares de EE.UU., estas organizaciones internacionales están llamadas a desaparecer por falta de fondos, debilitando su poder político global.
No solo la ONU, la administración Trump también se ha retirado de la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque ha actuado “en contra de los intereses de EE.UU de proteger al público estadounidense”.
Al desconectarse de la OMS y una buena parte de la ONU, Trump enfocó su agenda a someter a Europa a los intereses geopolíticos de los EE.UU; si se resisten, los golpeará con el garrote de los impuestos arancelarios que tanto daño hacen a sus economías.
Lo ocurrido recientemente en el Foro Económico Mundial, en Davos, ha sido un jaque mate a la agenda 2030 de los globalistas, especialmente a esa élite que está llevando a Europa al descalabro total.
Trump llegó a Davos con una agenda geopolítica bien resguardada en su carpeta. En su discurso, en el salón principal del Foro Económico Mundial, concentró la atención de todos los jefes de Estado y de gobierno.
Como gran líder político estadounidense manejó su discurso creando la idea de que lo que se desarrollaba en el evento era un nuevo Foro Geopolítico Mundial al estilo estadounidense y no el acostumbrado Foro Económico Mundial.
Dijo que ama a Europa y quiere que le vaya bien, pero que lamentablemente va por mal camino.
El líder estadounidense quiere a Groenlandia por razones estratégicas de seguridad nacional e internacional. Europa se opone.
Amenazó con aranceles a Dinamarca y a otros siete países aliados si no negocian la cesión de esta isla a EE.UU.
¿Desafiará la élite europea las pretensiones de Trump contando con el apoyo de la OTAN para impedirlo?
Todos saben que ese organismo militar europeo sin el apoyo económico de Washington es una entelequia.
Trump fue directo y frontal en su intervención. Hizo sucumbir la soberbia de los que se creían tener el control absoluto del mundo y sin oposición alguna.
Hizo hervir la sangre de los creadores del neoliberalismo, teoría política y económica que reduce la intervención del Estado para concentrar riqueza a las élites que luego usan para destruir democracias a nivel global.
Es por ello que hoy, la prensa europea destaca sus comentarios ya no sobre la vieja narrativa de los globalistas de cómo gobernar el mundo, sino de cómo neutralizar al hombre que ha decidido liderar la geopolítica mundial desde Washington con su eslogan “Make America Great First”.
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