“La batalla es nuestra. La lucha es por todas” Carolina Fonfrías
En los días previos al Día Internacional de la Mujer, dos hechos confirmaron por qué sigue siendo necesaria esta conmemoración anual a través de dos mujeres excepcionales. El primero fue la partida de la legendaria cantante de salve Enerolisa Núñez y el segundo el segundo fallo a favor de la sobreviviente de violencia sexual Carolina Fonfrías. Enerolisa fue una mujer de talento impresionante que dedicó su vida a cultivar uno de los géneros musicales tradicionales de nuestro país. Carolina es una sobreviviente que ha luchado con perseverancia por culminar el proceso judicial que llevó a la condena a 12 años de prisión de su violador, el doctor Iván Rosa Maríñez. Enerolisa y Carolina provienen de lugares y realidades muy diferentes de nuestro país. Las separaba no solo la clase social sino también el color de la piel, la edad y sus trayectorias de vida. Hoy quiero rendirles homenaje a ambas y contarles por qué creo que nos ofrecen dos espejos de las luchas de las mujeres que conmemoramos cada 8 de marzo.
Enerolisa Núñez era una artista excepcional. Tuve el honor de verla en varias de sus presentaciones y la experiencia era un verdadero placer. Enerolisa transmitía con su voz y su energía en el escenario la alegría como resistencia de las mujeres negras de nuestros barrios y campos que son la mayoría de las mujeres del país. Su realidad era la de las mujeres que, como nos dicen las estadísticas, tienen menos acceso a generar ingresos propios, a la salud, educación y otros servicios de calidad y son quienes realizan más trabajo sin pago (doméstico, comunitario o cuidando a otras personas). Por eso son también las mujeres que tienen que buscarse la vida en los sectores con peores condiciones de la economía como el sector informal o el trabajo doméstico pagado. Igual que muchas de ellas, Enerolisa fue una madre soltera que luchó sola criando a sus hijos e hijas. Su comunidad de Mata de los Indios, situada en Villa Mella (Santo Domingo Norte), es también una de las más empobrecidas del Gran Santo Domingo. Y fue en este contexto de lucha que desarrolló la creatividad y resiliencia que mostraba en su arte.
La última vez que vi a Enerolisa fue durante el Festival del Manglar de Montecristi y fui rauda y veloz a pedirle permiso para tomarle una foto porque me encanta hacer retratos de la gente, especialmente de las personas que admiro. Inmediatamente me dijo que sí y posó para mí entre sorprendida y contenta. Luego se sentó con su amiga Josefina Tavárez a ver los enfrentamientos de los toros y civiles de Montecristi que formaron parte del programa final del Festival mientras yo la observaba en modo fan, feliz de por fin haberla conocido. Y es que hasta la famosa revista de música Rolling Stone reconoció el talento y los importantes aportes de Enerolisa a quien entrevistó como uno de los íconos de la música tradicional latinoamericana. (En el mismo artículo, la revista también menciona a las inmensas Fefita La Grande y Xiomara Fortuna quienes ya contaban con sus propios reportajes).
Como contó Enerolisa en su entrevista con Rolling Stone, aprendió su arte de las personas mayores yendo a tocar el pandero a las celebraciones religiosas con su madre y con su tía. Enerolisa era parte de un linaje artístico familiar en el marco de la rica tradición musical y espiritual de Mata Los Indios, Villa Mella, también conocida como la Sabana del Espíritu Santo. Recordemos que Villa Mella no es solo una de las poblaciones de mayor tamaño del Gran Santo Domingo (y cuna del famoso chicharrón) sino también una comunidad orgullosamente afrodescendiente creada por negras y negros cimarrones que escaparon de la esclavitud en la primera mitad del siglo XVI. Esta comunidad también es el asiento de la famosa Hermandad del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella, una de las hermandades católicas más antiguas del país y del continente declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001.
El antropólogo y folklorista Jonathan De Oleo Ramos es una de las personas expertas que ha estudiado la importancia de la salve en estas comunidades afrodescendientes en República Dominicana. Para estas comunidades, la salve funciona “como un eje transversal de resistencia, de cantar y de vivir su identidad y de darla a conocer” y las mujeres juegan un rol protagónico en el género siendo Enerolisa su exponente más importante. En palabras del mismo De Oleo , Enerolisa era “la portadora de tradiciones de mayor trascendencia de la música folklórica dominicana actual” y se presentaba junto con su familia (incluyendo sus hijos, hijas, nietas y biznietas) en nuestro país, en Estados Unidos y otros escenarios internacionales llegando a conocerse especialmente por canciones como Los Motoristas y su versión de Ogún Balenyó que popularizó junto con el merenguero Kinito Méndez.
Además, Enerolisa fue parte de varias películas y documentales como “Cocote”, “Hasta la raíz”, “Diáspora” y el cortometraje “Los bandoleros” del actor estadounidense Vin Diesel. En los últimos años tanto el Ministerio de Cultura como múltiples gestoras y gestores culturales dentro y fuera de la comunidad lograron empezar a documentar sus aportes y los de la Cofradía. Con esa vida tan agitada e intensa, Enerolisa se retiró por un tiempo para recuperarse de un tema de salud. Aunque, como le comentó a De Oleo en una de sus últimas entrevistas, Enerolisa pensaba seguir cantando por muchos años más, nuestra Reina de la Salve partió el pasado 28 de febrero con Kalunga, el dios de la vida y la muerte en la cosmovisión Kongo africana, como explica el mismo De Oleo.
A Carolina Fonfrías la conocí a principios de este año cuando fui a brindarle apoyo junto con otras compañeras feministas en algunas de las docenas de audiencias a las que ha tenido que presentarse. Como les mencioné y probablemente han visto en los medios, Carolina fue violada por el doctor Iván de la Rosa hace más de cuatro años y desde entonces se ha mantenido firme continuando el proceso legal que tantas mujeres tienen que abandonar por falta de apoyo y de recursos a diferencia de sus agresores. El proceso es tan tortuoso que ha puesto en riesgo su salud, la tranquilidad de su familia (especialmente de su hijo y de su hija, ambos con necesidades especiales), sus ingresos y hasta su vida. Carolina es también una madre soltera y el acoso que ha recibido la obligó a mudarse y aun así fue víctima de un tiroteo en su nueva casa por parte de desconocidos. Pero, por suerte, el atentado solo causó daños materiales.
Desde la primera vez que vi a Carolina en el juzgado, quedé impresionada con su valentía y su perseverancia. Y la admiro porque lo ha sacrificado todo para llevar el proceso hasta lograr la condena a 12 años de prisión que el Poder Judicial recién impuso a Iván de la Rosa el pasado 5 de marzo (y que todavía no ha empezado a cumplir). Pero también porque lo ha hecho creando un movimiento de mujeres sobrevivientes que se apoyan unas a otras (vean @laresistencia.rd) y crean conciencia sobre lo extendida que continúa siendo la violencia sexual en nuestro país. Tal y como destacó el movimiento feminista en el manifiesto del 8 de marzo, la mayor parte de este tipo de violencia no se llega a castigar. En la práctica, el problema sigue siendo “la justicia que llega tarde o no llega y un sistema que todavía protege a los agresores y castiga a las sobrevivientes”.
Como ha enfatizado la misma Carolina, hay excepciones importantes como el Centro de Atención a Sobrevivientes y Víctimas de Violencia en el Distrito Nacional. En una de sus publicaciones en las redes sociales dirigida al presidente de la República, Carolina agradece al personal del Centro por realizar un “trabajo extraordinario” lleno de humanidad y respeto a las sobrevivientes y víctimas. Sin embargo, el hecho de que existe un solo centro con solo 3 psicólogas y un psiquiatra para todas las víctimas a nivel nacional nos muestra lo limitada que todavía es la comprensión de este grave problema y las políticas públicas establecidas para solucionarlo. Somos un país en el que 6 de cada 10 adolescentes entre 15 y 17 años han sido víctimas de violencia sexual y 4 de cada 10 mujeres de todas las edades han sido víctima de algún tipo de agresión sexual. Sin embargo, como también denuncia el manifiesto del 8M, “solo la quinta parte de lo que se invierte en combatir la violencia contra las mujeres se dedica a la prevención y, por tanto, no se puede resolver de raíz este problema que ha costado la vida a tantas de nosotras”.
Carolina no solo se ha dedicado a obtener justicia para ella sino también para todas las mujeres de todas las edades que han sufrido violencia sexual incluyendo las que sufren retrasos sin fin en el sistema judicial cuando finalmente se atreven a denunciar. De hecho, tal y como reveló en el reportaje de Alicia Ortega sobre su caso, muchas mujeres se le acercaron para compartirle que también habían sido víctimas de Iván Rosa, el mal llamado “médico del futuro” a pesar de que Alicia Ortega y su equipo comprobaron que ni siquiera cuenta con un exequátur. La gran mayoría decidieron no denunciar porque se sentían culpables por “no hacer nada” como le confesaron a la misma Carolina y anónimamente al equipo de El Informe. Sus declaraciones reflejan otra de las grandes deudas que tiene la sociedad con las mujeres: la necesidad de educar a los niños, niñas y personas adultas sobre la igualdad incluyendo una educación sexual integral. Solo así las mujeres, niñas y niños podrán reconocer a tiempo los intentos de violencia en su contra y saber que no ocurrieron por su culpa y solo así lograremos que los niños se conviertan en hombres no violentos y respetuosos de las mujeres y de todas las personas.
El recién transcurrido Día Internacional de la Mujer nos recordó nuevamente las prioridades y las brechas en las que debemos trabajar todo el año. La vida de Enerolisa Núñez encarnando la alegría como resistencia y la lucha de Carolina Fonfrías transformando el dolor en perseverancia son dos de las muchas caras de la desigualdad que nos convoca a eliminar la conmemoración del 8 de marzo. Gracias otra vez a ambas.
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