Al igual que muchos dominicanos opinantes, debo reconocer que mi primera reacción ante el anuncio del Ministerio de Relaciones Exteriores,  fue de rechazo espontáneo  a la medida.

Obviamente estoy hablando de la decisión del Gobierno Dominicano,    de  participar junto a otros países de la Región "como receptores de ciudadanos deportados de EE:UU en condición de tránsito controlado y que deberían permanecer en nuestros país durante los días necesarios para coordinar los vuelos y la logística para devolverlos a sus países de origen".

Preciso que  no  estuve  de acuerdo en mi íntima convicción con la declaración oficial del Canciller, sin duda alguna refrendada y validada por el presidente Luis Abinader.

Aunque luego  de hacer el minimo ejercicio de empatía que regularmente asumo cuando debo juzgar un hecho u una decisión ajena,  entendiendo que quienes no simpatizamos con esta política de Estado, no estábamos en los zapatos del  presidente de la República sometido a la disyuntiva de actuar no solo como ciudadano en ejercicio de sus convicciones personales, sino también como estadista obligado a colocar en primer plano el interés nacional y el bienestar de la Nación.

Ante esta incertidumbre, quise evaluar ejemplos representativos ya conocidos aquí o en otros entornos cercanos,   de encrucijadas similares que eventualmente han tenido el  efecto de cambiar   el destino de una nación.

El primer caso corresponde al presidente Joaquín  Balaguer cuando a principios de los años 70s, específicamente entre 1971 y 1973 declaró la voluntad de renunciar a la presidencia de la República si ello contribuía a que   el presidente Richard Nixon mantuviera la cuota azucarera dominicana en el mercado preferencial de EE.UU.

En una de esas ocasiones lo hizo en un discurso solemne ante la Asamblea Nacional y en otra durante una presentación ante la Cámara Americana de Comercio,  según lo citan los historiadores Miguel Guerrero y Bernardo Vega. No necesariamente por esa propuesta extrema, pero finalmente RD logró mantener la cuota preferencial.

El otro ejemplo representativo tuvo que ver con la decisión política de Fidel Castro de expropiar sin la debida compensación cientos de empresas y propiedades de ciudadanos estadounidenses en Cuba.

Los líderes de la revolución cubana se han pasado 65 años lamentando haber perdido a EE.UU como su principal socio comercial y culpándolo del retroceso económico y social de su nación, mientras en la práctica se hacían absolutamente dependientes del apoyo económico y político de la URSS.

Dentro de ese esquema Cuba debió actuar como fuerza de choque de la URSS en guerras y conflictos tan distantes como Angola, Etiopía, Somalia, El Congo y Argelia. En el caso de Angola -y está muy documentado en Google- Cuba destinó 375 mil soldados entre 1975 y 1991.

Estoy seguro que Cuba no lo hizo por voluntad o conveniencia propia, considerando que esas intervenciones militares fueran financiadas por sus socios soviéticos, sino como una forma de corresponder a la generosa ayuda de la primera gran potencia socialista del mundo, ejercicio de solidaridad que  muchos jóvenes. Latinoamericanos aplaudimos en su momento, ya que no se entendía desde nuestra visión romántica de la política como un acto de intervencionismo. o de servilismo

No se trata de justificar a Joaquín Balaguer, a Fidel Castro, o a  Luis Abinader, pero sí de entender la realidad de los países pequeños y dependientes que no han logrado las condiciones deseables para alcanzar un ejercicio absoluto de soberanía política y económica, como lo establece la carta fundacional de las Naciones Unidas  

No obstante respeto los puntos de vista de quienes no están de acuerdo con la decisión del gobierno de actuar junto a otros países de la Región como receptores de ciudadanos deportados bajo las condiciones ya explicadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Después de todo, nadie más está en los zapatos del presidente Abinader.

Luis José Chávez

Periodista

Periodista, politólogo y activista comunitario.

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