La Segunda Guerra Mundial marcó un importante punto de inflexión en la historia de las mujeres. En Estados Unidos, mientras millones de hombres eran reclutados tras la aprobación, por parte del Congreso, de la Ley Burke-Wadsworth del Servicio Militar Selectivo de 1940, las mujeres ocuparon puestos en fábricas, oficinas y otras industrias.

Al final del conflicto, la misma sociedad que las había catapultado a niveles de participación nunca antes vistos —al menos en Occidente— las obligó a abandonar las industrias y a desvincularse de todo lo que ese proceso había significado. Fueron empujadas de nuevo a las cocinas y al cuidado de sus responsabilidades como esposas. Por supuesto, esto provocó un despertar frente a los cambios que comenzaban a vislumbrarse.

El problema se agravó cuando miles de hombres regresaron como "muertos en vida", exhibiendo heridas físicas, mentales y emocionales como secuelas de la guerra. Mientras tanto, las mujeres habían demostrado la enorme capacidad de la que estaban dotadas. Demostraron que podían afrontar múltiples responsabilidades, desmintiendo la idea, sostenida durante décadas, de que carecían de las aptitudes necesarias para desempeñar esas funciones.

Esa impronta trajo consigo, al mismo tiempo, la consolidación de viejos patrones de poder y dominación que pretendían invalidarlas. No es casual que, décadas más tarde, cobraran fuerza los movimientos orientados a la reivindicación de los derechos de las mujeres y de otros grupos históricamente marginados. En ese contexto, el concepto de empoderamiento se convirtió en una plataforma para reclamar igualdad y el reconocimiento de derechos dentro de marcos normativos.

Posteriormente, durante la década de 1960, se consolidó un movimiento que promovía la eliminación de los obstáculos que impedían a las mujeres acceder a la educación y participar activamente en la vida pública, al tiempo que denunciaba la sistematización del maltrato como mecanismo de subordinación. En 1975, la Organización de las Naciones Unidas celebró la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, reconociendo oficialmente sus aportes al desarrollo de la sociedad.

Este acontecimiento impulsó el reconocimiento internacional de la necesidad de que los Estados establecieran marcos legislativos destinados a garantizar la seguridad, los derechos y los deberes de las mujeres.

Sin embargo, la historia demuestra que el papel de la mujer en las civilizaciones antiguas iba mucho más allá de la organización de la estructura social. También desempeñó funciones esenciales en la recolección de alimentos, la transmisión del conocimiento y la construcción de narrativas basadas en grandes hazañas. Incluso existen referencias a sociedades en las que el matriarcado desempeñó un papel determinante como modelo social, económico y político.

Aunque la década de 1970 consolidó el empoderamiento femenino en espacios de mayor visibilidad, también generó reacciones adversas. Se levantaron barreras que alimentaron la misoginia y fortalecieron diversas formas de violencia contra la mujer como mecanismo para controlar o castigar su comportamiento.

El empoderamiento femenino debería representar la celebración de las conquistas alcanzadas y no convertirse en motivo de descalificación. Hoy, más que nunca, la mujer continúa enfrentando la delgada línea de la injusticia social, la precariedad económica y los asesinatos por expresar libremente sus ideas.

El propio sistema de consecuencias parece ser ciego ante la rebeldía de quienes reclaman aquello que una parte de la sociedad desaprueba. De ese modo, el maltrato termina utilizándose como un supuesto mecanismo de justicia contra aquellas mujeres que desafían las barreras impuestas. Sin embargo, lejos de excluirlas, esas barreras les han permitido desarrollar herramientas de resiliencia para convertir la lucha en un espacio de resistencia frente a sociedades que, con demasiada frecuencia, normalizan e incluso viralizan la violencia contra la mujer como instrumento de opresión.

Miosotis Ledesma de Jesús

Abogada y comunicadora

Miosotis Ledesma es abogada, comunicadora y trabaja en relaciones publicas,

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