Hace unas semanas, a propósito de las dificultades de nuestro sistema educativo, me preguntaba si la escuela dominicana estaba preparada para nuestros tiempos. Los resultados de PISA 2025 obligan ahora a ampliar la pregunta.

En República Dominicana se ha destacado el progreso registrado en ciencias. Entre 2018 y 2025 la puntuación pasó de 336 a 361 puntos y la proporción de estudiantes que alcanza el nivel básico de competencia científica subió de alrededor de un 15 % a un 26 %.

Pero avanzar desde muy atrás sigue siendo tener mucho atraso. Casi tres de cada cuatro estudiantes dominicanos de 15 años no alcanzan todavía ese nivel básico en ciencias. En lectura apenas un 23 % lo consigue y en matemáticas, un preocupante 9 %. Además, si comparamos únicamente 2022 con 2025, los resultados permanecen prácticamente estables.

Nuestro desafío parecía hasta ahora bastante claro: recuperar un déficit educativo acumulado durante décadas y acercarnos a países que habían conseguido mejores niveles de aprendizaje.

Pero algo está cambiando: Francia acaba de registrar una fuerte caída en matemáticas y comprensión lectora. En el conjunto de la OCDE, los resultados han descendido hasta sus niveles más bajos en las tres áreas evaluadas.

No estamos en la misma situación. Francia puede preguntarse cómo recuperar capacidades perdidas. Nosotros todavía luchamos por consolidarlas y a la vez enfrentamos los mismos fenómenos que las ponen en riesgo.

La comprensión lectora ilustra particularmente bien esta paradoja. Los jóvenes no necesariamente han dejado de leer. Leen mensajes, noticias, comentarios y publicaciones durante buena parte del día. Lo que parece estar cambiando es la manera de hacerlo. PISA identifica incluso una categoría creciente de “lectores apresurados”: jóvenes que leen rápidamente pero cometen más errores.

Comprender un texto exige algo más que recorrerlo. Hay que detenerse, relacionar sus partes, conservar información, hacer inferencias, volver atrás y reflexionar. Son operaciones que requieren atención y esfuerzo, precisamente cuando la inmediatez y la fragmentación se han vuelto las normas.

En nuestro caso las deficiencias en comprensión lectora vienen de lejos y no empezaron con las pantallas. Lo nuevo es que sobre esa fragilidad previa se han instalado fenómenos que hoy preocupan a sistemas educativos más sólidos.

PISA muestra que en República Dominicana se ha ampliado la distancia entre los estudiantes de mejores y peores resultados en matemáticas y ciencias. Mejorar el promedio sin reducir esas brechas sería un progreso incompleto.

Las desigualdades tienen muchas caras. En algunos sectores, el aumento de la población escolar extranjera añade el reto de aulas de hecho multinivel, para las cuales los docentes no siempre han sido preparados. Reducir las brechas exige también reconocer estas nuevas realidades y proporcionar los apoyos necesarios.

A todo eso se suman las pantallas y ahora la inteligencia artificial. La tecnología puede ser una formidable herramienta de aprendizaje, pero también profundiza desigualdades si unos aprenden a utilizarla para pensar mejor mientras otros la utilizan para evitar pensar.

Quizás necesitemos también revisar nuestra manera de reformar la educación. Una reciente reflexión publicada en Francia a raíz de PISA advertía sobre la sucesión de reformas que cambian prioridades sin disponer del tiempo necesario para producir resultados. Sus autores reclamaban una estrategia sostenida, formación continua de los docentes y apoyos específicos para quienes se van quedando atrás. Los déficits acumulados durante décadas no se corrigen al ritmo de las coyunturas políticas.

Hay algo todavía mayor en juego. La comprensión lectora no es solamente una competencia escolar, es una competencia ciudadana. Comprender una información, seguir un razonamiento, distinguir un hecho de una opinión o reconocer una manipulación son herramientas indispensables para participar libremente en una sociedad democrática. En un mundo saturado de información, redes sociales, noticias falsas e inteligencia artificial, una ciudadanía que no comprende bien lo que lee es más vulnerable. Sin comprensión lectora, la democracia se vuelve frágil.

El desafío de la escuela dominicana es, por tanto, mucho mayor que subir unos puntos en la próxima prueba PISA. Tiene que recuperar aprendizajes que nunca consiguió generalizar, reducir las desigualdades y, al mismo tiempo, hacer frente a transformaciones que preocupan incluso a los sistemas educativos que durante años miramos como modelos.

Debemos recuperar el tiempo perdido sin dejar de prepararnos para el tiempo que viene.

Elisabeth de Puig

Abogada

Soy dominicana por matrimonio, radicada en Santo Domingo desde el año 1972. Realicé estudios de derecho en Pantheon Assas- Paris1 y he trabajado en organismos internacionales y Relaciones Públicas. Desde hace 16 años me dedicó a la Fundación Abriendo Camino, que trabaja a favor de la niñez desfavorecida de Villas Agrícolas.

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