Con el reino de las cabezas sin oficio, damos continuidad al análisis gerencial que es aplicable a lo público y lo privado. Un abordaje que forma parte de mis clases de maestría en gerencia estratégica ofertadas en varias universidades locales e internacionales. El reino se divide en nueve tipos de satrapías, madrigueras o escondrijos, que a su vez culminan en uno de los nueve infiernos de Dante en su Divina Comedia.
Un primer señorío es dominado por los bocones repletos de ira, sin argumentos, los que en toda discusión en los medios de comunicación o en privado, se caracterizan por levantar la voz llenos de ira, buscando en el chillido y el mal sonido, las razones de sus torpezas. Son seguidos por los arrojados sin estudios; o sea, los que no aprenden, ni revisan, pero pretenden pontificar con sus tontos análisis y decisiones.
Luego vienen los idiotas somáticos porque acumulan un petit mal orgánico que les impide razonar, patología real que permanece oculta a la vista de muchos. Estas tres guaridas precedentes son seguidas por los dueños de la gula y la lujuria, que miran el mundo vía la organización de comilonas y orgías ocultas de placeres físicos, para tomar decisiones privadas o públicas.
Un quinto tipo de cabezas sin oficio son los dueños del chisme, las patrañas y manipulaciones mediáticas. Pretenden resolver todo, desinformando vía las redes y los medios de comunicación. Les siguen los yo no fui, porque quieren estar bien con todo el mundo y no asumir responsabilidades de sus decisiones. Este ciclo de gazaperas, madrigueras o ratoneras continúa con los maestros de lo obvio, los diestros a las tautologías y a descubrir el hilo en bollito.
Finalmente están los maestros del fraude y la traición, debido a que el uso de la razón para engañar conscientemente es un pecado más grave.
En el siglo XXI, esas guaridas, más o menos, también caracterizan los infiernos de Dante Alighieri (1265-1321), poeta, prosista, teórico literario y pensador político; que como sabemos son la primera parte de su obra más leída, La Divina Comedia. En esta obra se crea una estructura cónica invertida de nueve (9) círculos concéntricos, cada uno más estrecho y severo que el precedente.
El primer círculo es el limbo, el círculo más amplio del hades donde van los paganos virtuosos y no bautizados, sin tormento físico, pero sin esperanza de ver a Dios. El segundo círculo es la lujuria, repleta de almas lúdicas y arrastradas por un torbellino incesante de pasión carnal. El tercer círculo es la gula, formada por los apasionados a la ingesta, pecadores que serán castigados bajo una lluvia fría, sucia y granizada, según este escritor italiano llevado al cine por Pier Paolo Pasolini.
El cuarto averno de Dante es la avaricia, donde los elegidos, los avaros (que acumularon) y los pródigos (que derrocharon), comparten el mismo castigo por su uso inadecuado de los bienes materiales; son obligados a empujar enormes pesos que simbolizan la carga de su obsesión y el choque entre ambos. Le continúa el infierno de la ira, donde furiosos pelean en el fango del río Estigia, que es el principal cauce del inframundo.
Los pecadores están inmersos en el fango de la laguna Estigia. Los iracundos (ira activa) luchan entre sí en la superficie, mordiéndose y desgarrándose con rabia. Los indolentes o perezosos (ira reprimida) están sumergidos bajo el fango.
Todo lo anterior tiene la referencia de que en la sierra próspera de la provincia Santiago Rodríguez, en el municipio de Villa Los Almácigos y la sección «El Fundo», el agricultor y propietario de extensos territorios de valles y montañas, Julito García, advertía: «Cuídense de la cabeza sin oficio, porque la vagancia la transforma en una oficina del diablo». Así recitaba sus evangelios populares el abuelo materno de Mariana Moreno, mi compañera.
Tenía mucho tiempo que no escuchaba esa expresión, hasta que su excelencia reverendísima, monseñor Tomás Alejo Concepción, obispo de San Juan, la utilizara recientemente en las sesiones de apertura del potencial Plan Estratégico de Desarrollo Integral de esta provincia.
Ahí fui invitado a exponer, gracias a la visión asertiva del rector de la Universidad Federico Henríquez y Carvajal (UFHEC), doctor Alberto Ramírez Cabral.
Mentes sin oficio, generadoras de oficinas del diablo, es parte del compendio analítico, similar a Siete pecados capitales, Gárgolas que profanan templos y La Iglesia en manos de Lutero, entre otros. Son opúsculos en los que pretendo examinar críticamente la conducta humana.
Una cabeza hueca es terreno fértil para cultivar todo tipo de mediocridades, valoraciones sin fundamento y juicios limitados. Basados más que en evidencias, en rumores, murmullos y clamoreos. La historia recoge muchísimas leyendas y fábulas, en estados mayores militares, cortes imperiales y juntas directivas.
Formas de mal comportarse e incompetencias en la toma de decisiones que, a pesar de los buenos planes, estrategias y proyectos, por sí mismas, inmovilizan, trastocan y desvirtúan el exitoso curso de muchos procesos. Sean estos realizados por gobiernos, ayuntamientos, empresas y comunidades.
Inconductas analizadas, desde Erasmo de Róterdam y su Elogio de la locura (1511), hasta La amenaza de la estupidez de Dietrich Bonhoeffer (1943). Compendios considerados obras de culto en esta temática.
Para muchos filósofos modernos, enfrentamos una «epidemia de estupidez». Una estupidemia que es una amenaza para la democracia. Michael Klein y otros subrayan que este fenómeno está mediado por la falta de pensamiento crítico, impulsado por las facilidades de las redes sociales, el ChatGPT y otros algoritmos.
La estupidez moderna es incluso peor que la estupidez clásica. La estupidez se entendió por años como falta de talento. En cambio, la estupidez actual es más compleja porque se basa en las redes sociales y la santificación de personajes, llamados influencers; maestros modernos de las mentes frágiles.
Si se escarban las malas gestiones de ministros, funcionarios y líderes, se descubren asombrosas cabezas sin oficio. Su estupidez los arroja al infierno de las conductas aviesas. Familias destruidas y entidades quebradas. Proyectos fallidos que solo aportan segundos de placer generados por la lujuria, la gula y la avaricia.
Las mentes con buen oficio gestan el bien común. Crean riqueza intelectual y material. Fundan su desarrollo personal en el estudio-trabajo y la plena dedicación a transformar para bien las cosas. Una mente bien empleada aporta proyectos que concretan el municipio y la provincia que, entre todos, deseamos.
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