Como es sabido por todos, en estos momentos la humanidad se ve amenazada por guerras de gran calibre que afectan la estabilidad mundial y la educación. Aunque la República Dominicana es un país que vive en una paz sostenida desde hace varias décadas, no es menos cierto que el mundo de hoy vive una espiral de violencia que afecta el comportamiento de muchos, incluso mirando por la televisión o las redes sociales. Ya casi no hay que ver películas de violencia porque los reportajes de guerras parecen series de terror.
Este artículo tiene el propósito de aportar conocimientos sobre los efectos de las guerras en el desarrollo de la educación, a propósito de los graves conflictos armados que vive el mundo en estos momentos, principalmente los conflictos del Medio Oriente, que mantienen el mundo en vilo ante el alza del precio de los combustibles y la amenaza nuclear.
En esta línea, en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, fue adoptada una modificación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) que consagra en su artículo 26 el derecho a una educación gratuita, obligatoria y sin discriminación. Este derecho fundamental se considera una herramienta esencial para la dignidad humana y el ejercicio de otros derechos. Sin embargo, en tiempos de crisis —conflictos, desastres o emergencias—, la educación suele ser de los primeros derechos en ser ignorados, interrumpidos o violados, exacerbando la exclusión.
Según la Unicef, los conflictos armados tienen un impacto devastador en la educación, dejando a millones de niños sin escuelas, destruyendo infraestructura educativa y truncando su futuro. Señala que, en muchas ocasiones, las escuelas son objetivo de ataques y, a menudo, utilizadas con fines militares, forzando a los niños a abandonar su aprendizaje. La falta de acceso a la educación aumenta riesgos de violencia, reclutamiento forzado y traumas duraderos.
En un estudio reciente realizado por la "Coalición mundial para proteger la educación de los ataques" se señala que la educación está siendo atacada en todo el mundo. Desde Afganistán hasta Colombia, desde Mali hasta Tailandia, estudiantes y profesores son asesinados, violados y secuestrados, mientras que escuelas y universidades son bombardeadas, incendiadas y utilizadas con fines militares.
En 2020 y 2021, se registraron más de 5000 ataques contra la educación e incidentes de uso militar de escuelas y universidades, que perjudicaron a más de 9000 estudiantes y docentes en al menos 85 países. En promedio, se produjeron seis ataques contra la educación o incidentes de uso militar al día.
Se calcula que más de 52 millones de niños y niñas de países afectados por conflictos están sin escolarizar. La destrucción de infraestructuras educativas y la inseguridad cerca de las escuelas han agravado una situación ya de por sí grave para la educación de los niños y las niñas en estas regiones.
Un aspecto interesante es el efecto de las guerras en el rendimiento de los estudiantes. Un artículo reciente publicado por el Centro de Investigación y Política Económica señala cuál es el efecto del conflicto en el rendimiento académico. Se refiere específicamente a los estudiantes de secundaria en este caso, pero en realidad, las razones que explican el impacto de la guerra en el rendimiento educativo afectan a todos los niños.
Una de las razones principales es que los niños sufren intensamente los efectos de la guerra. Cuanto más pequeños son, menos mecanismos tienen para expresar las reacciones emocionales propias de un conflicto, como el miedo, la ansiedad y la depresión. La falta de apoyo psicosocial repercute en el rendimiento escolar de los alumnos, especialmente en aquellos que necesitan apoyo adicional para el aprendizaje, incluso en contextos sin conflicto.
Es aquí donde la educación puede desempeñar un papel fundamental para reducir el impacto de la guerra en la vida de los niños. La educación sensible al conflicto, que (como su nombre indica) consiste en programas educativos que adaptan los currículos y los objetivos de aprendizaje a las realidades de la guerra, puede ayudar a los niños a seguir desarrollando habilidades esenciales para la vida y a mantener una sensación de normalidad. Aunque en este momento no estén aprendiendo gramática o las tablas de multiplicar, les proporciona una base de apoyo y bienestar para continuar su educación completa cuando llegue el momento adecuado, señala el informe.
Aunque las últimas generaciones de hombres y mujeres de nuestro país no han vivido situaciones de guerra, sí vivimos situaciones de emergencia como la COVID-19. Hago esta mención porque es posible comparar lo que están viviendo los niños de Irán, Yemen o Gaza con esa situación de dificultad.
El regreso a las aulas tras un periodo prolongado de ausencia no es una cuestión de uno a uno. Los niños no pueden recuperar el aprendizaje perdido durante un mes en tan solo un mes. Como hemos visto con el cierre de las escuelas debido a la pandemia de COVID-19, se necesita tiempo para adaptarse a nuevos entornos y nuevas normalidades, especialmente en lo que respecta a la productividad y las actividades que requieren nuestras habilidades cognitivas.
Lamentablemente, la mayoría de los sistemas escolares en países y comunidades afectadas por conflictos no cuentan con los recursos necesarios para satisfacer esta necesidad de tiempo adicional, lo que puede provocar que los niños se queden cada vez más rezagados en los estándares de aprendizaje.
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