Leyendo a Michel Foucault en su clase del 17 de marzo de 1976 encontré estas palabras: tener derecho es asumir un contrato social que tiene una doble vía ( vivir o morir ) para el estado/nación, en la que el poder se define por encima del sujeto y del ente colectivo.
El estado tiene una actuación que constituye un poder sobre el derecho de vida y de la muerte, aun en las sociedades llamadas democráticas. Dado que el estado/nación funciona con una estructura binaria que se sostiene en un tronco esencial del poder político, cuyo significante implica la racionalidad y una economía dotada de un poder incontrolable en el que la tecnología toma el poder sobre el cuerpo individual y colectivo; asume el control de la distribución de los cuerpos individuales y una tecnología disciplinaria sobre el trabajo, reproducción y producción entre otros.
Foucault habla que la fuerza del estado capitalista, no es sólo sobre el control económico, también implica para el sistema una provocación que sigue una dirección, que lo lleve a producir bajo un crecimiento desmedido. Esta es la base de un mercado clásico que necesita ser rentable, pero también requiere de un control disciplinario sobre el sujeto político.
En base a ese control disciplinario el capitalismo se extiende más allá de la intervención biopolítica de los cuerpos, la producción alimentaria y los mercados de alimentos globales. Es un plan que se sustenta, más allá del campo de la tecnificación, pues necesita acaparar la geografía, el clima, la hidrología y las poblaciones.
En término de la producción de alimento su intervención es de alto riesgo, porque el individuo/cuerpo que se llama campesino es expropiado de la tierra, los suelos fértiles, las semillas, las prácticas culturales y de los mercados de proximidad afectando la soberanía y justicia alimentaria.
En el campo de la producción de alimentos en el ámbito global se reproducen las políticas colonialistas y asimilacionistas, bajo los estándares que suprimen cualquier contrato social que sea justo con los campesinos.
Los mecanismos disciplinarios y mecanismos reguladores de la producción de alimentos y de los mercados está sometido a una vigilancia implacable que culmina siempre en la quiebra de los pequeños productores, las expulsión de las mujeres y jóvenes del campo. La resistencia campesina las llevan los mayores, porque ya no son una fuerza de trabajo que va a poder integrarse en algún empleo en las esferas de las ciudades.
La lógica es explicada como un desfase de los individuo/ cuerpo campesino de querer competir o seguir con formas premodernas frente a los emporios multinacionales de alimentos. El campo y sus formas tradicionales son vigiladas, porque provoca una encrucijada entre el mundo campesino y la regulación de la producción de alimento capitalista.
La vigilancia es bien estricta en torno a la producción de alimentos. El dominio y control de los territorios es para unos pocos. Los grandes exportadores de alimentos son los que controlan el libre comercio y la nueva tecnología alimentaria.
Ellos son los que pueden producir y vender a grandes escalas y los que definen las reglas, ya que están amparados por diversas políticas públicas que los respaldan en su vieja mecánica de poder, la de vivir y morir.
Hoy se muestra claro para los que gusten reflexionar sobre el mundo campesino que existe un desequilibrio permanente de la fuerza de trabajo campesina y que sus economías se deterioran, por la grave situación que tiene en el mercado, la falta de tierra y de recursos económicos para darle continuidad a la producción agropecuaria. Es evidente que los campesinos sin tierras o los pequeños productores van a desaparecer del mapa rural dominicano.
Ellos son los que prácticamente producen para la subsistencia o en condiciones de producción de exclusión, por la falta de agua, suelos fértiles, técnica inadecuadas por sistemas de producción y la imposición de un monocultivo que destroza el medio ambiente, destruyendo sus viejos sistemas de cultivos asociativos.
La lógica de la producción capitalista es apropiarse de la tierra. En el país están en manos de un grupo muy pequeño de rentistas y terratenientes con capacidad de producir a gran escala y mercadear en los espacios globales. En el ámbito dominicanos se nombran con el apelativo de los dueños de la tierra o los tutumpotes agrarios. Algunos de ellos, solo mercadean la producción mal pagada a los campesinos y otros son productores de arroz, cacao, café, azúcar y bananos para las multinacionales de alimentos y se convierten en los llamados exportadores nacionales.
El acto disciplinario es destruir la capacidad de soberanía alimentaria por un modelo de importación agroalimentaria que brutalmente disminuye y debilita a la población campesina. Las bases actuales se definen como un factor activo de intervención en el control de los territorios, de las semillas, de los mercados de cercanía, en la higienización de la producción para servir a los mercados mundiales.
El binomio vida y muerte en el mundo campesino dominicano apunta a una ruptura del equilibrio y a la pérdida de derechos. Esto se debe a que ya está activo el DR- CAFTA , es un tratado de libre comercio, donde los productores campesinos dominicanos están incapacitados para competir en el mercado con los Estados Unidos, en especial: los pequeños y medianos productores, no pueden insertarse en dicha competencia en términos de precios con los productos agropecuarios norteamericanos.
Este tratado de libre comercio no garantiza derechos para los productores de alimentos, todo lo contrario, ya que impacta la producción local, que desde hace más de cincuenta años está siendo expoliada por la burguesía agraria local e internacional.
La soberanía alimentaria en República Dominicana entró en los juegos actuales del lenguaje y del mercado capitalista neocolonial. La expansión global del capital imperial tiene presencia concreta en la producción de alimentos, tanto en el pasado como en las nuevas incursiones imperiales de los países que somos periféricos.
El campesinado dominicano, ya está condenado a la desaparición, por la baja inversión estatal en el campo y la permisidad del estado de facilitarle a los imperios transnacionales, los medios para el hurto desmedido y la desintegración del mundo rural.
Los pequeños productores no tienen capacidad para mercadear dentro del modelo que impone el DR- CAFTA. Los derechos para los pequeños campesinos son cada vez menos, la muerte del conuco o huerto y la producción media para el mercado local terminará cuando los productores del imperio inunden nuestros mercados, como ya se observa en los supermercados.
La producción campesina agoniza, por diversos factores que la afectan, ya por el mencionado tratado, la expansión de la minería, la expansión de las fronteras urbanas, la baja inversión estatal y por la fuerza de las transnacionales de alimentos que tiene el objetivo de destruir las economías locales campesinas. A mi entender este nuevo modelo civilizatorio se llevará de plano, la existencia misma de los pequeños y medianos productores de alimentos.
La decisión represiva de disciplinar, vigilar y borrar a la clase campesina de su estado de ser para pasar al grupo de marginados y desempleados es la apuesta del tránsito de un poder, a otro, por parte del nuevo colonialismo de los mercaderes de alimentos.
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