Los informes indican que Mark Zuckerberg está perdiendo interés en el metaverso. "Los dos usuarios deben estar devastados" es una de las reacciones más mordaces que circulan. Para recordarles a los lectores —qué revelador que deba hacerlo— el metaverso es un mundo virtual en el que las personas interactúan como representaciones gráficas de sí mismas: como "avatares". Quién iba a elegirlo sobre la vida real, aunque fuera por una hora, es algo que me supera. Pero el de cabello alborotado estaba tan entregado a la idea que en 2021 renombró Facebook en su honor.

Al menos puede culpar al zeitgeist. Por entonces existía una creencia más amplia de que la realidad física estaba perdiendo importancia. En Gran Bretaña, el argumento tecno-utópico para abandonar la Unión Europea era que la distancia territorial ya no contaba demasiado. Australia podía ser un socio comercial tan natural como España.

Si algo bueno sale de la guerra en Irán, es que todo ese tipo de discurso tendrá dificultades para ser escuchado por un tiempo. Para deslizarme por un momento al lenguaje de Thiel, lo que estamos presenciando en el Golfo es la victoria de los "átomos" sobre los "bits". Es la reafirmación del mundo material. Las fuerzas geológicas pusieron los combustibles fósiles en Oriente Medio y crearon la apertura conocida hoy como el estrecho de Ormuz. Todavía hay ridículamente poco que alguien pueda hacer para sortear estos hechos duros. Y no solo estos. A los inversores les sorprende que ataques bastante esporádicos contra barcos comerciales y su personal sean suficientes para detenerlos. Pero los seres humanos tienden a tener un solo cuerpo y a sentir cierto apego por él. "Disruptea" eso.

La década está resultando ser una lección sobre la importancia de lo tridimensional. Hacia 2020, personas inteligentes estaban convencidas de que trabajar por Zoom era tan productivo como la vida en la oficina (la evidencia desde el confinamiento se ha vuelto más mixta) y de que el "poder blando" podía mantener a un continente seguro. Pensándolo bien, de todas las grandes apuestas que se han hecho en proyectos no físicos, el metaverso —que sobrevive de forma fragmentada y humillada— está lejos de ser el más desastroso. El Zuckerberg de Horizon Worlds es una figura menos disminuida que la Angela Merkel de la paz a través del comercio y la Bundeswehr descuidada.

Una década que prometía hacernos vivir a través de avatares ahora se siente demasiado tangible.

El mes pasado, algunos gestores de fondos estaban siendo convocados a conversaciones sumamente incómodas con sus inversores. Los mercados, que esperaban una guerra rápida y contenida en Irán, no estaban posicionados para una República Islámica tan tenaz. ¿Por qué? La incapacidad clásica de los orientados a los negocios para "poner precio" al fanatismo, o incluso para aceptar que tal cosa existe, es una razón. Pero otra podría ser generacional. Quizás una cohorte financiera criada en la era digital simplemente no podía comprender cuánto de la vida sigue dependiendo de hechos geográficos inmutables. Para quienes no vivieron las crisis de la OPEP, no ha habido otro recordatorio de esa magnitud en medio siglo.

Pues bien, hay que esperar más. Incluso el gran avance de esta década en el ámbito de los "bits" —la IA— se ha convertido en una búsqueda de centros de datos (físicos) y la energía (física) que los alimenta. En la lucha por ser la "tercera" potencia en IA tras Estados Unidos y China, la ventaja de Gran Bretaña es su talento nativo e importado. Habiendo asistido a algunas reuniones de expertos —para que el lector no tenga que hacerlo—, me temo que la abundancia mineral de Canadá terminará siendo decisiva.

Un mes después de que Facebook se convirtiera en Meta, la inteligencia estadounidense detectó una extraña concentración de personal armado ruso en la frontera con Ucrania. La guerra que ha arrasado allí desde entonces es sobre territorio (físico). Rusia puede permitirse seguir combatiendo gracias a las exportaciones de energía (física). En retrospectiva, octubre de 2021 podría haber sido la última vez que un gran empresario pudo esbozar un futuro posmaterial sin parecer tener la cabeza en las nubes. Una década que prometía hacernos vivir a través de avatares ahora se siente demasiado tangible.

Miren a su alrededor. En Gran Bretaña: la aceptación incipiente de la ineludible europeidad de la nación. En Alemania: no solo el rearme, sino la perspectiva del servicio militar obligatorio. En gran parte del mundo: competencia por escasa carga de petróleo. Poco a poco, por así decirlo, la gente está aprendiendo a tratar el mundo como un objeto físico, lo cual es sabio, ya que nunca hubo otras condiciones disponibles.

(Janan Ganesh. © 2026 The Financial Times Ltd. Todos los derechos reservados)

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