La República Dominicana celebra con entusiasmo la vigésimo octava Feria Internacional del libro (FIL). En la medida en que avanza el tiempo y se le pone la atención debida a este magno evento cultural y social, la ciudadanía se muestra más interesada. La diversidad de generaciones diseña su plan para participar, para aprovechar la FIL como un espacio de reencuentro con los saberes, con la vida que almacena cada texto, cada página, cada renglón de los libros. La FIL se convierte en cita obligada para los que buscan respuestas a sus preguntas, para los que desean dejarse seducir por nuevas ideas y para los que deciden buscarles explicaciones a sus dudas, a sus interpelaciones. Esto hace que la FIL, no solo concite la atención de nacionales y extranjeros, sino que suscite apertura radical a sueños nuevos que evocan culturas, proyectos y realidades sin límites.
A pesar de la diversidad de actividades y propuestas, el centro de interés de los visitantes a la FIL es el libro. Aunque la cultura digital, la Inteligencia Artificial y las novedades que surgen en el mundo tecnológico tienen un nivel de aceptación exponencial, el libro todavía atrae, despierta emociones y sentimientos intensos, en unos; en otros, rechazo y hastío. Es así, el libro genera reacciones disímiles; pero, unas y otras hacen pensar y provocan toma de decisiones para acercarse a él o para analizar sus potencialidades. Lo relevante es que el libro no deja indiferente a nadie. Invita a definirse con respecto a su naturaleza, a su enfoque y a su costo. Mueve a toma de decisiones, también, según la importancia del autor o de los autores.
El libro es una puerta abierta al aprendizaje múltiple. En primer lugar, es una puerta, porque abre horizontes inéditos y presenta oportunidades para aprender en acción. Ningún lector tiene que esperar el final de la lectura de un libro. Desde el inicio de la lectura, el libro facilita el descubrimiento de escenas, de pensamientos y de sugerencias para recrear la práctica, los saberes y los estados más íntimos de nuestro mundo interior. Pero, la movilización interna que provoca el libro en los lectores asiduos o en los que forman parte de la resistencia a la lectura es innegable. Lo cierto es que el libro no tiene nada que ver con lo estático, con lo inútil. Su vitalidad se palpa; se vive en cada letra, en cada oración.
El libro conduce a aprendizajes multidimensionales que conectan con las artes; nos adentran en los diversos campos de las ciencias. Los libros nos ayudan a comprender nuestro universo sicológico; nos permiten repensar nuestras actuaciones para articularlas con los contextos en los que intervenimos y actuamos. Los aprendizajes son polivalentes y hacen que los lectores tomen conciencia de los significados de sus vidas, de lo que tiene primacía como experiencia, como valor. Estos aprendizajes múltiples amplían la mentalidad; favorecen la recreación cultural y la adquisición de nuevas formas de articulación en la sociedad, en la familia y en los grupos de apoyo. Al concebir el libro como puerta abierta a un aprendizaje múltiple, nos interesa subrayar que este recurso motiva el desarrollo personal y social.
Hay quienes mantienen una estrecha amistad con el libro, por ello saben disfrutarlo como puerta abierta al fortalecimiento personal y colectivo. Otros consideran que el libro es cosa del pasado y que, aún en versión digital, ralentiza el tiempo y la vida. Así es, somos diversos y no todo vemos las cosas del mismo color. Los formadores de niños, jóvenes y adolescentes; los formadores de docentes, de líderes comunitarios y políticos, han de presentar el libro como puerta abierta a aprendizajes significativos, no solo para incentivar su curiosidad, sino para permitirles construir nuevas relaciones y, sobre todo, para avanzar hacia una visión más integral, de su propia vida y del mundo. El libro como puerta abierta, rejuvenece el espíritu, enriquece el lenguaje; espabila la memoria. Asimismo, es una corriente de ideas para tejer vínculos y construir comunidades de práctica, de quehacer científico y social.
Mantener el libro como puerta abierta a aprendizaje múltiple es un desafío, es una necesidad. Los centros educativos, los institutos de educación superior, las universidades y las familias deben ponerle atención a este llamado, a esta responsabilidad.
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