En tiempos de incertidumbre sobre el futuro de una comunidad o de una sociedad particular y aún más, del mundo, generalmente aparecen los miedos irrefrenables, las fobias más absurdas. Al mismo tiempo, aparecen las figuras mesiánicas o movimientos de un significativo número de individuos que se presentan como salvadores, arrogándose el exclusivo conocimiento del o los causantes de la confusión o tragedia momentáneas: el chivo expiatorio. Un imaginado culpable que debe extirparse/sacrificarse. En la historia, esa figura se ha construido a través de diversos mitos, pero teniendo siempre el mismo objetivo: el débil, el estigmatizado, el excluido. Cambian los contenidos y formas de las crisis, pero la respuesta es siempre la misma. Sucede actualmente aquí y en todo el mundo.

Es conocida la expresión “caza de brujas”. No es una mera expresión, se refiere a un hecho acaecido en la Europa del siglo XI que fue de profunda confusión, cuestionamiento de fe, crecimiento demográfico, resurgimiento de las ciudades, inicio de las Cruzadas y de las grandes disputas religiosas que duraron alrededor de tres siglos etc. Fue, al mismo tiempo, momento de grandes miserias e incertidumbres que produjeron importantes y sistemáticos movimientos de protestas y violencia contra los poderes políticos y religiosos de entonces. Para terminar la convulsión se recurrió a la construcción de un relato explicativo de su origen: la brujería, la hechicería relacionada con el Maligno. Satanás. Sus practicantes: mujeres, y de ellas las más vulnerables; viudas, solteras y entradas en edad.

Por eso, las mitológicas, grotescas, narizonas y desaliñadas figuras montadas en una escoba que aterrorizan, sobre todo a los infantes. Como chivo expiatorio fueron procesadas y decenas de miles quemadas en hogueras. Igualmente, y no menos en cantidad, los llamados herejes. Sea en nombre de la fe o por la pretendida pureza étnica, se han asesinados millones de seres humanos, todos ellos construido como chivo expiatorio para conjurar el mal. Es el caso de los judíos que, por cuestiones religiosas y muchas veces política/económica, han sido acusados de todos los males y pecados del mundo. Segregados, étnicamente estigmatizado, política y socialmente débiles en algunas comunidades y/o países, durante siglos han sido perseguidos en prácticamente todo el mundo.

Con ese mito y para purificar la “raza”, los nazis construyeron campos de exterminio, donde murieron o fueron cremados seis millones de judíos.  Como ironía de la historia, el actual gobierno de Israel lleva a cabo un plan de exterminio de palestinos, y Alemania corre el peligro de ser gobernada por un partido neonazis abiertamente apoyado por la Rusia de Putin.  El chivo expiatorio ha sido siempre un grupo religioso de otra fe o de pueblos con atribuidas condiciones étnicas o culturales considerados una amenaza. Contra los que se desencadena el odio visceral, el miedo y la violencia. Hoy, el chivo expiatorio es el migrante. A este se le atribuyen la crisis mundial de las economías, políticas, de los servicios básicos, la violencia y criminalidad etc. Y, como siempre, ese pretexto es buscado en los más débiles.

En caso de los judíos, podía discutirse su papel en la historia económica, su condición de hábiles artesanos urbanos, su capacidad para producir riqueza, su papel en el origen de los bancos (antes que ellos fueron los Templarios) etc., pero ese papel no es comparable con la producción de riqueza del migrante para el país donde se radica. De ahí la falsedad del relato de todas las fuerzas políticas, social y cultural que integran la presente Internacional Reaccionaria, basado en el mito de las migraciones como “amenaza” ´política, cultural, religiosa y étnica del mundo actual. Hacen de las migraciones el nuevo chivo expiatorio y recurso de campañas proselitista y electoral.

Pero, a diferencia del mito de las brujas, del imaginado carácter diabólico de los judíos, entre otros mitos, las migraciones constituyen una insoslayable realidad. Cataluña no sería la que es hoy sin las migraciones venidas de Andalucía, el norte de Italia no fuera lo que es sin los trenes repletos de migrantes que le llegaban del sur, Francia, los países del centro y norte Europa no fueran tales sin la mano de obra de su región sur, sin la que les llegaba de África, Asia y Sudamérica. Pero el caso más grotesco es el de EEUU, un país de migrantes, construido por migrantes, pero que financia la Internacional ultraderechista antiinmigrante. Su gobierno actual lleva la más inhumana política antiinmigrantes, persiguiendo y deportando gente a lugares que jamás han conocido.

En nuestro caso, somos la séptima economía de la región, superamos los 11 millones de turistas al año. Segunda potencia de la región. Anunciamos: “Hambre Cero”, en gran medida debido a que producimos el 85% de los alimentos de consumo diario. Nada de eso sería posible sin la mano de obra de origen haitiano. Sin embargo, las mujeres del mismo origen se le regatea su derecho a alumbrar y a los niños una butaca en las edificaciones cuya construcción contó con el sudor y bajo salario de sus progenitores. La falta de aulas escolares, las limitaciones de los servicios sanitarios, transporte, vivienda etc., se debe básicamente a la corrupción y no a las migraciones, nuestro eterno chivo expiatorio.

El silencio sobre ese mito podría ser letal para la economía del país.

César Pérez

Sociólogo, urbanista y municipalista

Sociólogo, municipalista y profesor de sociología urbana. Autor de libros, ensayos y artículos en diversos medios nacionales y extranjeros sobre movimientos sociales, urbanismo, desarrollo y poder local. Miembro de varias instituciones nacionales y extranjeras, ex director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ex dirigente del desaparecido Partido Comunista Dominicano, PCD.

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