La República Dominicana, en estos momentos, se plantea un proceso de transformación de la educación. Para avanzar en esta dirección tiene que recorrer un camino largo y complejo. Las tareas pendientes son múltiples y requieren atención previa. Una de estas tareas se vincula con la búsqueda de consenso en la sociedad. En esta época es imposible determinar cambios estructurales sin tener en cuenta a los actores clave. Para que los diferentes sectores participen, es necesario que se avance del discurso a la acción. Es importante que las autoridades tengan la determinación; y ha de empezar ahora el proceso de transformación que se espera. En este proceso, un paso importante es la democratización de la participación y del conocimiento. Se democratiza la participación teniendo en cuenta a la diversidad de sectores, no solo a los expertos y aliados del partido político en el poder. Esta participación se hace realidad cuando no solo se consulta, se posibilita la opinión; sino, también, cuando los actores pueden tomar parte en la toma de decisiones.

El conocimiento también se democratiza. Las ideas, las teorías que fundamentan el proceso transformador posibilitan, en el debate, la construcción compartida del conocimiento. Esta construcción permite que los actores tengan la oportunidad de aportar, a partir de sus estudios y experiencias. Pueden, también, aprender de sus pares y de los demás actores participantes. El proceso de transformación tiene que alcanzar la búsqueda de mecanismos para que el conocimiento no se convierta en patrimonio de una minoría. En el mundo actual se experimenta una práctica orientada a la privatización del conocimiento. Se pretende concentrarlo en actores y sectores exclusivos. Por esto, la transformación es necesaria. Todos tienen derecho a desarrollar su capacidad de conocer, de profundizar en las ciencias; de avanzar en la construcción de nuevas ideas, de nuevas formas de enfrentar los desafíos de la realidad cotidiana y más allá.

La privatización del conocimiento se experimenta con dureza por la fuerza que adquiere la mercantilización. El conocimiento mercantilizado crea barreras para la producción colaborativa, para el intercambio abierto, para la construcción de nuevas bases conceptuales. Por ello, es preciso ponerle freno a un proceso mercantil que se niega a una ciencia abierta, a una producción en la que se combinan saberes y culturas; en la que se ponen en común, enfoques y prácticas.  Este proceso debe estar abierto a todos, ha de ser incluyente. Y esta inclusión hay que apurarla. El rezago ante el avance de políticas internacionales que segregan y descartan actores y sectores considerados inútiles, requiere atención. Demanda, acción pensada y visión estratégica. Los gobiernos, las entidades de educación superior y las responsables de la educación preuniversitaria han de poner atención a este problema. Estas políticas excluyentes demandan medidas que reduzcan o limiten de forma sustantiva su avance e incidencia negativa.

La privatización del conocimiento se experimenta con dureza por la fuerza que adquiere la mercantilización. El conocimiento mercantilizado crea barreras para la producción colaborativa, para el intercambio abierto, para la construcción de nuevas bases conceptuales. Por ello, es preciso ponerle freno a un proceso mercantil que se niega a una ciencia abierta, a una producción en la que se combinan saberes y culturas; en la que se ponen en común enfoques y prácticas.  Este proceso debe estar abierto a todos, ha de ser incluyente. Hay que apurar esta inclusión. El rezago ante el avance de políticas internacionales que segregan y descartan actores y sectores considerados inútiles, requiere atención. Demanda acción pensada y visión estratégica. Los gobiernos, las entidades de educación superior y las responsables de la educación preuniversitaria han de ponerle atención a este problema. Éste demanda medidas que reduzcan o limiten de forma sustantiva su avance e incidencia negativa.

Se evidencia un sistema democrático frágil en el ámbito mundial, regional y local. Con más razón, se impone una vigilancia y una acción coordinada para contrarrestar la exclusión que se pretende sostener y expandir.

La democratización de la participación y del conocimiento han de entrar en la agenda de los dirigentes del país. El trabajo en esta dirección constituye una base importante para cualquier proceso de transformación. Los procesos transformadores pactan con lo que favorece el desarrollo integral de las personas y de la sociedad. En este contexto, la participación real de los actores y el desarrollo del conocimiento son dos ejes fundamentales que no se pueden obviar. Inciden de forma significativa en la efectividad de los procesos que se deben llevar a cabo para lograr la transformación, sea educativa o de cualquier otra naturaleza.

La sociedad dominicana muestra sensibilidad alta con respecto a la inclusión. Se resiste a que una minoría controle el derecho a la participación y al conocimiento. Pasar de la sensibilidad al respeto situado de estos derechos requiere, todavía, un trabajo sistémico y constante.

Dinorah García Romero

Educadora

Exrectora del Instituto Superior de Estudios Educativos Pedro Poveda (ISESP). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro Titular de la Carrera Nacional de Investigadores. Miembro de la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Investigadora del ISESP. Dra. en Sicología de la Educación y Desarrollo Humano.

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