En esta semana, el Gobierno dominicano realizó, junto a instituciones públicas y privadas y toda la ciudadanía, un Simulacro de Evacuación ante un terremoto o sismo de  gran magnitud,  que movilizó a millones de personas en el territorio nacional. Fue precedido por la difusión de orientaciones para  promover una respuesta correcta  de las personas antes, durante y después de la ocurrencia de estos potentes fenómenos naturales.  Se inició con sirenas de alarmas y  mensajes transmitidos a través de teléfonos celulares. Algunos textos decían: SIMULACRO NACIONA DE EVACUACION. NO EXISTE EMERGENCIA REAL. Mantenga la calma. Evacue por la ruta establecida al punto de encuentro. NO CORRA NI EMPUJE.

Desde el punto de vista psicológico, el simulacro fue muy significativo al  fomentar una mentalidad y un comportamiento, tanto individual como colectivo, sobre la preparación y la prevención para actuar y preservar la propia vida y la de otras personas. Se realizó en circunstancias en que la población se esta habituando  a comunicarse mediante celulares, sin  acercarse a los demás, y  evitando el contacto personal.  De ahí que este ejercicio  acercó físicamente a muchas personas, sin distinción de rango, raza o posición social y económica, y recordó que los seres humanos somos iguales frente a la calamidad.

En la sociedad dominicana, la mente brillante de mi  inolvidable amigo, ingeniero   Rafael Corominas Pepín,  fue la que lanzó públicamente las primeras orientaciones y  preocupaciones  científicas y académicas sobre los terremotos y simulacros.  Tras  graduarse de ingeniero civil en la Universidad de Santo Domingo, se trasladó a España, donde completó una especialidad en los años sesenta. Al  regresar,  se dedicó a educar mediante artículos en periódicos y revistas,  impartir charlas y dar clases en  universidades. Viajaba a los lugares donde ocurrían intensos  terrenos en el mundo a estudiarlos en el terreno.  Estuvo en Caracas, Venezuela, en  1967, en Japón y Estados Unidos, a Mexico. A esta labor dedicó  gran parte de su vida, hasta que partió de este mundo en 2016. Por ello se le reconoce como el padre de la ingeniería sísmica dominican. Formó generaciones profesionales en esta área y,  como Secretario de Obras Públicas, (hoy  Ministerio de Obras Publicas),,   sentó las  bases para la aplicación de códigos sísmicos en el país.

El ingeniero Corominas Pepín,  como talentoso expositor y un divertido conversador,  impulsó una cultura   sobre los efectos devastadores de los terremotos. Relataba que por la ubicación geográfica de nuestro país,  siempre  se debía preparar  a la población para estos fenomenos.

Calificó el terremoto de  Matancita Nagua, ocurrido el domingo,   4 de agosto de 1946 como el  mas grande  registrado en la isla y uno de los  más intensos del mundo, con potencia de 8.1 en la escala de Richter; similar al  al que afectó a México, en l985.  Recordamos que el terremoto de  Haiti  fue de  7.0 , los de Venezuela de  7.2 y 7.5 y el  Colombia de 7.4.

El insistía en que los terremotos no matan, matan las estructuras que derriban, y que no se pueden evitar, pero si podemos  prepararnos mediante la prevención y educación para reducir sus mortíferas consecuencias.

Felicito a las autoridades por la realización del simulacro  y al pueblo dominicano por apoyarlo.  Llamo a que se  institucionalice y realice con mas frecuencia, para fortalecer una mentalidad de seguridad y prevención.

Todo ello con la esperanza y la fe de que nunca sea necesario aplicar, ante un terremoto real, los conocimientos y experiencias adquiridos durante estos

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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