Conocí a Juan Manuel Guerrero de Jesús en las aulas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) cuando fui su alumno en la asignatura Derecho de los Contratos. El clic fue instantáneo pues quedé fascinado con aquel profesor que sabía tanto de tantas cosas y que tenía una verdadera vocación para la enseñanza y la transmisión del conocimiento.
Años después, por intermedio de su alumno, colega y gran amigo en común Gilbert De La Cruz, la vida nos reuniría para compartir en ambientes tanto académicos como festivos. Fueron muchas las conversaciones que, sobre política, derecho, religión, medicina, música, cine y la vida en general sostuvimos en la galería de su casa y que atesoro de manera muy especial.
A Juan Manuel le gustaba leer de todo y una vez me dijo que nunca iba a dormirse sin antes leer algo: esa disciplina lo llevó a acumular una vastísima cultura general que distinguía y elevaba sus conversaciones y estimulaban intelectualmente las interacciones con él.
Una de las cosas que disfrutaba era la música y aunque entre sus artistas favoritos en inglés destacaban The Beatles, John Lennon y Dionne Warwick; en español era fanático de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joaquín Sabina, Amaury Pérez y Fito Páez. Solíamos hablar de todos ellos y escuchar sus éxitos, pero siempre terminábamos hablando de Fito Páez y hasta fuimos juntos a uno de sus conciertos en Santo Domingo en el año 2011.
Me decía que su canción favorita de Fito era Dar es dar. El título de esa canción (y de este artículo) retratan la esencia de Juan Manuel: un ser humano dispuesto a dar apoyo, a través del pan de la enseñanza y sus sabios consejos, a quien acudiera a él, que era un pozo inagotable de la bondad y el don de gente que lo caracterizaban.
Hablar de Juan Manuel Guerrero es hablar de un jurista excepcional, un ser humano entregado a sus amigos, a sus alumnos, y a su familia, un maestro dedicado, una persona afable y un profesional comprometido con las causas en las que creía y defendía. Sus colegas, estudiantes, amigos y familiares siempre recordarán su sonrisa, tan cautivante como sus ocurrencias y sus cientos de anécdotas y de frases icónicas que hacían reír a más de uno.
Despedir a un profesor, colega, maestro y sobre todo amigo es muy doloroso, pero se atesoran los recuerdos de los momentos compartidos y las enseñanzas recibidas.
“Y al final el amor que recibes es igual al amor que das”, como decían The Beatles, quedó manifestado en todas las expresiones de solidaridad recibidas por la familia de Juan Manuel, precisamente porque el dio mucho a tantas personas a través de todas las facetas en las que interactuó con quienes tuvimos el privilegio de conocerle.
Vaya toda mi solidaridad con su esposa Johanna, su madre, sus hermanos, sus sobrinos y demás familiares, así como para toda la comunidad jurídica y académica que lamenta la pérdida de un ser humano de luz como lo fue Juan Manuel.
¡Descansa en paz amigo!
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