Ante la situación de inseguridad vivida en la actualidad a nivel global y personal; nos sentimos amenazados por los cuatro costados desde abajo hasta arriba en la escala social.  Dado que es la persona quien infecta a la persona, ya no son los mosquitos, ni los ratones, ni los murciélagos…, ahora somos las personas quienes contagiamos… de ahí el distanciamiento social, por la inconsciencia del ataque; podemos transmitir la violencia sin saber que estamos contagiado. Los síntomas se manifiestan sin saber que estamos contagiados.

Aquí aparece lo determinante que son las relaciones en nuestra vida: se ha desequilibrado la economía, la política, el ocio, el culto, muchas empresas en quiebra y nos hemos tenido que ver como realmente somos: limitados; y no como decimos que somos: “Super…, H+…” ¿y qué?… La lógica del YO Super y del H+… cava mi propia tumba…, nuestra tumba. No podemos llegar más allá de nuestras propias limitaciones como ser humano… Tanto nuestro origen como nuestro destino son limitados por el Ser Trascendente, que nos hace partícipe de la vida, nos planifica y a quien no podemos dejar de reconocer… 

La Violencia nos ha desnudado y al ver nuestra humanidad desnuda   caemos en la cuenta de que estamos muy lejos de lo que decimos de nuestra Opción Vital tanto a nivel eclesial, como personal e institucional. 

La Violencia nos hace caer en la cuenta de que nos necesitamos mutuamente y el empobrecido/a es parte de nuestra dignidad, de nuestra grandeza humana y no podemos vivir a costilla de ellos y ellas; si vivimos en abundancia tiene que ser compartiendo, dialogando…

A veces nos llenamos la boca hablando de nuestros avances científicos y “hasta dónde podemos llegar con la Inteligencia Artificial (IA)…” Y que somos “Maestro de humanidad…”, pero el tsunami social causado por el mantenimiento de la Violencia, nos ha manifestado el grado de deshumanización , en la etapa actual de la sociedad, en que el avance de las ciencias disminuye el período temporal entre generaciones… El techo de las ciencias no coincide, no cubre el bienestar de la mayoría de la humanidad; al contrario, nos distanciamos cada vez más en vez de acercarnos… “La brecha social entre ricos y empobrecidos sigue ampliándose”.

 Entonces… ¿Cuál ha sido el escenario escogido por nosotros, eclesiásticos, para anunciar y denunciar el mal en el teatro de la vida? ¿Desde dónde hemos venido actuando? ¿A quiénes acompañamos? ¿Por dónde hemos entrado a este drama vitae: ¿por la alfombra roja o por la puerta trasera…?

¿Tendremos la transparencia, sinceridad y valentía de responder estas preguntas?  

Mi interés no es el acusar a otros, personal o institucionalmente, de tal deshumanización concienciada por la Violencia personal e institucionalizada en nuestra sociedad, sino analizar por qué nosotros, Iglesia Católica, “experta en humanidad”, (Pablo VI…). Por qué nosotros, Compañía de Jesús, Provincia Caribe SJ…, siendo que “nuestra misión incluye e implica inseparablemente nuestro modo de vivir…” (Carta 2020/3, El cuidado de vida-misión): ¿Cuál ha sido nuestra participación en este proceso de deshumanización vivido y manifestado por la Violencia?.  

Todos debemos de estar muy atentos porque fácilmente nos podemos situar en la acera de en frente para señalar a otros como culpables y legitimar nuestro comportamiento instalado en la seguridad… “El que tenga oído que oiga”, (Mt.13,9).

Ordinariamente no queremos reconocer lo malo que hacemos en contra de uno mismo o del Otro y echamos la culpa al otro, desde el principio de la humanidad: “… El hombre dice la mujer compañera que me diste me hizo comer; la mujer dice que la culebra la engañó… (Gen.3). 

La seguridad económica la vemos como “bienestar”; la pobreza, la debilidad solidaria, la vemos como desgracia, a lo cual queremos achacarle lo malo que hacemos.  ¿…?

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

Ver más