Los de Cuba y República Dominicana somos dos pueblos hermanos.

Nos unen lazos históricos, de solidaridad, amistad y lucha contra enemigos comunes.

Ya en 1511, el Cacique Hatuey, del Cacicazgo de Jaragua en la isla de Santo Domingo, fue en una Canoa a Cuba a advertir a los tainos de esta isla de la codicia por el oro y la agresividad de los conquistadores españoles para robarlo.

Allá en Cuba, se integró a la lucha de los tainos contra los conquistadores españoles. Combatió en Baracoa y Maisi hasta febrero de 1512 cuando fue apresado y quemado vivo en Yara por los colonialistas.

Es emblemático que Hatuey cayera en Yara en 1512.

Porque precisamente aquí se lanzó "el Grito de Yara", el 1O de octubre de 1868, con el que Carlos Manuel de Céspedes dio inicio a la guerra de independencia de Cuba, movimiento en el que, consta en la historia, participaron dominicanos, haitianos y puertorriqueños; caribeños patriotas e internacionalistas como Hatuey, que se entregaron en cuerpo y alma a la causa de la independencia de Cuba.

El espíritu solidario de nuestro taino Hatuey, valga repetirlo, quemado vivo por los colonialistas españoles en Yara en 1512 por luchar junto a los tainos de Cuba, estuvo en ese mismo lugar el 10 de octubre de 1868 cuando Carlos Manuel de Céspedes declaró el inicio de la lucha del pueblo cubano por independendizarse del colonialismo español.

Es una hermandad forjada en la lucha común desde los tiempos de la conquista española a nuestras tierras del Caribe.

Cuba y República Dominicana comparten el mismo tronco colonial español y una historia de luchas anticoloniales.

Esa solidaridad en la lucha común se expresaría luego y de manera relevante en la hermandad de José Martí y Máximo Gómez, quienes el 25 de marzo de 1895 firmaron el Manifiesto de Montecristy, en la comunidad de este mismo nombre en la línea Noroeste de República Dominicana; mediante el cual acordaron línea y propósitos para reiniciar la lucha de independencia de Cuba.

Antonio Maceo, uno de los grandes líderes militares de esa lucha independentista también estuvo estrechamente vinculado a Santo Domingo. Vivió un tiempo en Puerto Plata, en 1880; y en su estadía en nuestro país hizo propaganda y entabló relaciones para los esfuerzos libertarios de su país.

Este intercambio de luchadores independentistas es una muestra de hace casi dos siglos de la hermandad entre Cuba y República Dominicana.

Y es así, en muchos componentes más allá de la lucha política común por la independencia y la soberanía nacionales.

En la música, el sincretismo de lo africano y español, ha dejado elementos similares. El son y el merengue; la bachata y el bolero, pueden ser bailados con igual naturalidad por dominicanos y cubanos.

El "congri" cubano (arroz con habichuelas) es de la misma pinta de la "bandera dominicana" que se come al medio día en la generalidad de los hogares dominicanos.

Ambos pueblos somos fanáticos de la pelota, y esta es casi religión en uno y otro.

Hablamos castellano, y aunque con acento y variante fonética diferentes, nos entendemos bien. Y puede que los dominicanos y los de Santiago de Cuba hablemos igual.

La amistad y la solidaridad siempre ha prevalecido por encima de las diferencias políticas. Los intercambios culturales y deportivos han sido frecuentes. En momentos de dificultades por la ocurrencia de huracanes , o por caso la Covid 19, la mano amiga de uno y otro pueblo ha llegado oportuna y puntual.

La alegría de carácter; el levantarnos, "salirnos de abajo" frente a las dificultades cuales sean; el espíritu de echar relajo con los problemas propios; hacen parte del ADN cubano- dominicano.

Sin costo alguno para el gobierno y familias dominicanos, en Cuba se han formado ciertos de médicos, maestros, deportistas y otros profesionales, que hoy ofrecen servicios de calidad al pueblo dominicano.

Somos dos pueblos hermanos, unidos por una infinidad de hilos irrompibles.

Por eso, nada tiene de extraño que el pueblo dominicano, con escasas excepciones, se muestre solidario con su hermano cubano.

Como ayer, contra el colonialismo español, y hoy contra la injerencia del imperialismo yanqui, prevalecerá la solidaridad y hermandad de cubanos y dominicanos.

Ahora, hay solidaridad; frente a los intentos del presidente Trump de los Estados Unidos de estrangular a Cuba, contra la que toma medidas más drásticas de bloqueo económico y financiero, impidiendo que se le venda petróleo, con lo cual se crearía una crisis humanitaria, porque forzaría al cierre de empresas productoras de alimentos y medicinas; de hospitales, escuelas y otros servicios que afectarían al pueblo.

Organizaciones representativas del pueblo dominicano reaccionamos a esa afrenta del presidente Trump; rechazamos sus medidas contra Cuba, a la vez que mostramos una resuelta disposición a dar a nuestro pueblo hermano la ayuda material que esté a nuestro alcance.

Manuel Salazar

Político

Doctorado en Gobierno y Políticas Públicas; Maestría en Gobierno y Desarrollo Local; Economista. Secretario General del Partido Comunista del Trabajo (PCT). Ex Secretario General del FEFLAS y de la Federación de Estudiantes Dominicanos.

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