Cuando se vive en la realidad de lo que pudo ser y no fue, cualquiera se atrevería a pensar en lo que fue y no volverá a ser (con esto último se es más realista. Estoy manejando este término como caña para el ingenio).
Cualquiera se atrevería a pensar que los dominicanos no salimos de: lo que pudo haber sido y es por pedazo y lo representado está como luna de Júpiter en nuestra cabeza o también esta: ser respecto a lo que se dice camino arriba como el cuento infantil recuperado de la tradición europea por Charles Perrault, en 1697, “El gato con botas”. En unas líneas pienso que lo transitamos…: decimos que todo es nuestro a ver si nos toca algo, a ver si pasa como en el cuento.
El gato se fue alante pregonando que dijeran que todo era de él y los campesinos así lo dijeron para que el gato se casara con la hija del rey. Tenemos que resaltar nuestros méritos para que alguien lo repita. Está bien eso, por supuesto. A falta de pan, casabe con todo y que el casabe cuesta más caro, todo el año, que el pan. ¿Acaso en eso no consiste la publicidad? Canta, canta, que alguien se aprenderá el estribillo. ¿Por cuánto tiempo? Eso no importa. Con que se cante a sí mismo y se lo crea, basta. Lo que hay que lamentar es que eso no se dé con todo lo que se resalta sin que sea más o menos de la cuenta. Quien anda diciendo que es algo del otro mundo en lo que hace o en su nombrar, sus razones de soledad sonora, tendrá y, ¿quién soy yo para decir lo contrario? Con ser mortal no basta y que Acento lo publique; quien dice que es algo del otro mundo, reitero, tendrá sus razones para decirlo con prueba, que es como se demanda.
Los políticos, los intelectuales-escritores, los religiosos, la farándula, clásica y popular, hasta el hombre de pueblo, es decir, titiri mundi ¿y yo también? Sí, cuando sueño y me despierto corriente abajo para ir al baño. ¡Enfermos todos! Vamos a ver, barajemos otra vez las fichas. ¿Tablero de ajedrez o de damas?
―Señor, señor, tenga piedad. No les pise los pies, no ve que está descalzo, que antes era subdesarrollado.
Hay que aprender a pensar en lo que no se es para quizás terminar siendo algo, con reconocimiento y todo y a enfrentar el desbalance de la realidad: Existo. Luego pienso, si antes no me fundo, a falta de irme en yola (todavía se atreve un pobre cristiano) por las razones harto sabidas.
Ante el desmedido crecimiento del “Síndrome del gato con botas” en la sociedad dominicana, ¿acaso compite con el complejo de Guacaganarix o son cara de una misma moneda? ¿En qué cabeza cabe que somos lo que decimos de nosotros mismos? Levanto la mano.
Compartir esta nota