Mientras los expertos se rompen la cabeza con los “shocks” globales, en República dominicana, en especial en el “Sur fecundo”, en los barrios, bateyes y periferias, las mujeres ya están viviendo la crisis hace rato. Aquí, la incertidumbre no es un concepto, es no tener ni para llenar el tanquecito de gas, seguir viendo a las juventudes plantearse opciones de la vuelta, o la búsqueda de suerte en el mar.
Se ha dicho, con razón técnica y preocupación que evidencia el privilegio y la meritocracia, que hacer pronósticos económicos ahora es como jugar a la lotería con los números cambiando. Que hay “shocks” por todo lado y lo que ha estado causando Trump con la hermana república bolivariana de Venezuela y sus caprichos con México, Colombia y Groenlandia nos puede armar un revolú que terminara muy feo en todos los niveles.
Hasta el profesor Antonio Ciriaco Cruz lo advierte: hay que pensar en “escenarios alternativos”. Ta’ bien. Pero esa mirada, aunque certera, es como ver un huracán desde un satélite. Nosotras, las de abajo, las mujeres de las periferias, lo vivimos desde el río desbordado y el techo de zinc volando, desde donde no siempre se puede hacer mucho más que sobrevivir y a qué costo.
Analizando bien, la muy mal nombrada “incertidumbre” de la que hablan los del piso de arriba, aquí abajo tiene otro nombre: se llama “no llegar a fin de mes- estar en olla, frenando en el aro o simplemente que la malaria no nos deja respirar”. Cuando dicen que dependemos del turismo, las remesas y EE.UU., lo que realmente están diciendo es que nuestra vida depende de lo que un turista gaste, de que a una hermana en el Norte no la persiga el ICE y la deporten o la boten del trabajo, o de que a un presidente gringo no se le ocurra una nueva locura y quien aguanta ese vaivén, siempre, somos las mujeres.
Los “Shocks” de Washington se sienten en los bateyes y los conucos, aun asi hay quienes se atreven a asegurar que “la transmisión de shocks es más rápida”. ¡Y claro que es rápida! Pero no llega primero a la Bolsa; llega primero a las casas de las madres de familia que extiendan el dinero, a las casas de madres solteras, a las casas de familias precarizadas y empobrecidas al extremo por la falta de empatía y oportunidades, por la corrupción permanente y normalizada en un país donde la escasez y el vivir sobreviviendo se volvió común.
- El Shock Turísticono es solo un número en un hotel de Punta Cana. Es la muchacha de Azua o Barahona que se fue a servir a un allí y le pagan una miseria, y si bajan los vuelos, la botan muchas veces sin derecho a nada. Es la familia en Boca Chica o Juan Dolió que, en tiempos duros, tolera al “amigo” extranjero de la hija adolescente porque al menos le deja unos pesos. La “volatilidad” es, en cristiano, mujeres jodías.
- El Shock de las Remesases el cuento diario. Si en Estados Unidos hay un “recesión” o Trump pone más duro el papel, la primera en apretarse el cinturón es la hermana que está allá, limpiando casas o cuidando viejitos. Ella se pasa hambre para mandar los cien dólares fijos a la familia en Barahona o San juan. El “crecimiento” del país le duele en los huesos.
- El Shock Energético y la Comida:Que haya pelea en Venezuela mientras no nos comportamos como buenos vecinos, si no que le hacemos coro a los fascistas invasores injerencistas y que suba el petróleo, aquí se traduce en que la abuela en un barrio del barrio Palmarito tiene que inventar magia para darle de comer a los nietos con un salario que no alcanza. La “tensión geopolítica” es, en la práctica, la mujer partiéndose en cuatro pedazos: cocinando con leña porque el gas está por las nubes, haciendo una comida al día, mandando a los muchachos pa la escuela sin el pan con café en la barriga y muchas veces poniendo a trabajar hasta los menores de edad de la casa, para lograr hacer un poco más de equilibrio ¡con todo lo que implica esto!
La Dependencia no es Casualidad, es un Negocio (Para Otrxs), el modelo no es fallido, es un éxito para quien lo diseñó. Somos el patio de recreo y el cuarto de servicio del imperio. Las Zonas Francas, por ejemplo, son pueblos dentro del pueblo donde las reglas son otras. Allá adentro, en Villa Altagracia, en San Pedro o Barahona, las mujeres trabajan como máquinas, sin voz ni derechos plenos sin Sindicalización, haciendo ropa que nunca podrán comprar. Eso no es desarrollo; es explotación con etiqueta de “exportación”.
Y lo de Venezuela… no es solo noticia. Es la sombra de la injerencia histórica que define al Caribe como patio trasero. Una intervención militar unilateral, sin invitación ni mandato internacional, constituye una violación flagrante del Derecho Internacional, concretamente de los Artículos 2(4) y 2(7) de la Carta de la ONU, que consagran la prohibición del uso de la fuerza y el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados. Temerla es reconocer que nuestra soberanía es una ficción negociada. Y en ese teatro de guerra, los cuerpos de las mujeres dominicanas y venezolanas y de toda Latinoamérica serán, otra vez, moneda de cambio.
Frente a ese futuro incierto que nos pintan, nosotras plantemos otro, bien enraizado, cambiar ese pronóstico es Posible, convertirlo en un porvenir con Sabor a Tierra y a Comunidad,
- Despegarse del Mono:Hay que dejar de depender de una sola cosa. Soberanía alimentaria no es un slogan, es que, en el Sur, en vez de solo cultivar para exportar, sembremos lo que nos vamos a comer. Que nuestras tierras puedan dar comida para el pueblo, no solo plátanos, melones y tomates para fuera.
- Valorar lo que Realmente Sostiene:Si las mujeres paran, el país se para. Hay que crear un Sistema de Cuidados sostenible, estable y que garantice la dignidad que no deje a las abuelas, las tías y las vecinas solas con el baño, la comida y los viejos. Eso es tan importante como una carretera.
- Crecer Desde lo Chiquito:Apoyar las cooperativas de mujeres en las comunidades rurales, pensar en la posibilidad de los huertos en los patios, las ferias agrícolas locales. Que el crédito llegue a la mujer que quiere criar chivos en la loma o hacer dulces en su casa. La verdadera inversión es la que se queda aquí.
- Medir lo que Importa:Los nuevos pronósticos tienen que hablar de agua limpia en los acueductos rurales, de horas libres para las madres para temas de cuidados, de acceso a tierra. Pronosticar solo con dólares es como medir la salud de un país por lo brillante que está el carro de un ministro o de un Legislador-a.
Sí, el mundo está incierto. Pero lo único cierto aquí es que un sistema que “crece” machucando a las mujeres y chupándole los recursos a los más pobres y a los barrios, tenemos los días contados. No se va a caer por un “shock” en Wall Street, sino por el hartazgo de las poblaciones que siempre han aguantado todo.
El profesor Ciriaco Cruz dice que los pronósticos son solo “herramientas orientativas”. Nosotras agarramos esa brújula y la apuntamos hacia donde siempre debió ir: hacia una economía que no le tema a lo que pase en el mundo, porque tenga sus pies bien puestos en sus tierras, sus manos unidas en sus comunidades y su futuro decidido por las que nunca han tenido voz asi voten en las elecciones.
El verdadero “riesgo país” no está en los fríos informes de Wall Street, sino en el calor de la hartura popular. Es el día en que las mujeres trabajadoras, las de los barrios olvidados, los bateyes y las comunidades, se nieguen a seguir siendo la costurera que remienda un sistema desgarrado. El riesgo es que, cansadas de ser el colchón que amortigua cada crisis, tomen en sus manos la pala y el pico para levantar una economía propia. Una donde la única estadística infalible sea la dignidad, y el único crecimiento medible, el de la justicia.
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