En un artículo titulado “El colapso semántico de la democracia”, la filósofa chilena Sasha Mudd aborda un problema de capital importancia para el futuro de nuestra civilización: “el colapso de un vocabulario moral y político compartido”. (https://elpais.com/opinion/2026-01-10/despues-de-venezuela-el-colapso-semantico-de-la-democracia.html).

Mudd se refiere al fenómeno de cómo el significado de algunos términos sobre los que había un débil consenso se va perdiendo progresivamente. Si antes de la mundialización iliberal empleábamos la palabra democracia para referirnos a un ordenamiento político regido por leyes, o a la palabra moralidad para referirnos a un conjunto de normas y costumbres compartidas, ahora estas mismas palabras son resignificadas para denotar significados totalmente contrarios. Así, la democracia denota el irrespeto al ordenamiento jurídico nacional e internacional, mientras la moralidad puede significar “unos valores privados”.

Mudd habla de “agotamiento semántico” para referirse al hecho de que se siguen usando las palabras como si conservaran los viejos significados, pero los mismos ya no conllevan ningún compromiso para quien utiliza las palabras.

La resignificación no es el producto de la búsqueda de nuevos consensos, sino de una distorsión deliberada y unilateral del sentido de las palabras producido desde el poder en el contexto de una batalla cultural contra los rivales políticos. En este sentido, podemos hablar de un “autoritarismo semántico” porque los nuevos significados se generan de modo unilateral, estigmatizando a quienes reclaman un significado distinto de los vocablos e invalidándolos como interlocutores legítimos.

El autoritarismo semántico también conlleva silenciar palabras molestas: diversidad, interculturalidad, perspectiva de género, racismo estructural y todo un vocabulario que denuncia procesos de injusticia epistémica y social. Existe un hilo de continuidad entre esta violencia lingüística y las otras expresiones de la violencia: física, psicológica, económica, social y política, una especie de bucle que se enmaraña de modo paulatino hasta cerrar cualquier orificio hacia perspectivas alternativas a la voz oficial y, por tanto, a una convivencia democrática auténtica.

Leonardo Díaz

Filósofo y ensayista

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco, con líneas de investigación en las áreas de epistemología social, ética ciudadana y filosofía política. Conductor del Podcast de filosofía Conversaciones de la caverna y del programa D−ética TV. Presidente de la Asociación Dominicana de Filosofía. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana por la Comisión de Filosofía y Epistemología. Premio Nacional de Ensayo Científico (2015). Premio de Ensayo Pedro Francisco Bono (2012). Integrante de la reunión constitutiva de la Red Iberoamericana de Filosofía. Fue miembro de la Comisión de Alto Nivel para la Difusión de la Filosofía de la UNESCO. Autor de Reflexiones filosóficas. Artículos de ética, política y filosofía (2018); Las tensiones de Thomas Kuhn: Una perspectiva crítica para los estudios sociales y culturales de la ciencia (2014); La filosofía y los espacios de la libertad (2012), así como de diversos artículos publicados en revistas especializadas nacionales e internacionales de filosofía. (Correo: leonardodiazsd@gmail.com; Instagram: @leonardodiazsd).

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