El hecho ocurrió hace cerca de seis años, cuando el Gobierno se aprestaba a intervenir a Cabo Rojo, Pedernales, con su proyecto de desarrollo turístico en alianza público-privada, pero sin socio estratégico hasta ese momento.
Mismo Cabo Rojo de la bauxita, la caliza, el mármol, el hotel para ejecutivos Senior Staff diseñado por el maestro de la arquitectura Gay Vega, el muelle de embarque, el cruceteo de camiones de volteo gigantes poco conocidos en RD, de “pasajeras amarillas” para empleados, el balneario, el cine “al aire libre”, el “plei”…
Un escenario muy activo desde los años 50 hasta mediados de los 80 cuando la minera estadounidense Alcoa Exploration Company decidió irse sin rubor y llegaron sin consistencia Ideal Dominicana, Dovemco y Cementos Andino, mientras el Gobierno tiraba al pueblo en el zafacón del olvido sin redituarle nada por la explotación de sus recursos naturales; ni siquiera la remediación ambiental. Y se profundizó el marasmo socioeconómico al rondar el 60% de pobreza multidimensional.
Corría el 2021. Urgía la reactivación económica de la comarca.
Aún con ráfagas de la pandemia de la covid-19, en un breve encuentro en la capital con Simón Suárez, vicepresidente de Relaciones Institucionales y Proyectos del Grupo Puntacana, le pregunté si esa empresa desarrolladora del turismo en la provincia del extremo sureste, La Altagracia (44,000 habitaciones), tenía planes para la nuestra, en la punta opuesta del territorio dominicano, frontera con Haití.
Fue taxativo: “Hay que esperar; la gente piensa que un desarrollo como el de Punta Cana se logra de un día para otro, pero es un proceso lento. Primero se necesitan infraestructuras básicas, vías de acceso, carreteras… Ahora nosotros estamos experimentando con un proyecto en Puntarena, Baní, para ver cómo nos va, y luego…”
Igual pregunta en circunstancia similar para el presidente ejecutivo de Cap Cana, Jorge Subero. Cortante: “No. Los desafíos con Cap Cana en el momento son muy grandes, es una ciudad de 5,000 habitaciones, mucha la responsabilidad”.
EL PRESENTE
En Pedernales, hoy, el Gobierno ha avanzado en la construcción del aeropuerto y tres hoteles de la primera etapa del complejo, que -ha adelantado- serán administrados por las prestigiosas cadenas internacionales Iberostar Group e Inclusive Collection (Word the Hyatt).
Ha terminado vías de acceso, instalación de servicios de electricidad, agua potable, sistema de alcantarillado y planta de tratamiento de aguas sanitarias. Y, desde 2024, opera la terminal de cruceros tras readecuar el muelle hecho por la Alcoa Exploration Company a mediados de los años 50 del siglo XX.
Si las cosas avanzan según lo planeado -le contó a BBC en noviembre de 2025 el director ejecutivo del Fideicomiso Pro Pedernales y extitular de la Dirección General de Alianza Público Privada, Sigmund Freund- para el año 2031 deberían estar funcionando nueve hoteles para un total de 4,800 habitaciones. El total de la inversión pública y privada en esta primera etapa -dijo- será de unos US$2,000.
Los funcionarios han anunciado diferentes fechas para inauguración del primer hotel y el aeropuerto (la más reciente para febrero 2027, año preelectoral), pero han sido taciturnos respecto de la carretera fundamental no solo para el turismo interno, sino para la vida de la provincia en tanto es la única para entrada y salida: la Barahona-Pedernales.
La empresa Andalar International, contratada por el Gobierno, comenzó en 2021 el tramo Enriquillo-Pedernales (74 kilómetros) y garantizó terminarla en el primer período presidencial de Luis Abinader (2020-2024), con al menos 60 curvas eliminadas, cuatro carriles y paseos.
“Es para entrarle con todo el pie. Las curvas se van todas por orden del mismo presidente. Por fin tenemos un presidente que se preocupó por esto”, aseguró el administrador del proyecto, Luis Gómez.
Hoy, sin embargo, el final de la obra no se ve y el silencio de los funcionarios palaciegos alarga la incertidumbre en los pueblanos, que ya no aguantan más polvo, daños de vehículos, riesgos de accidentes y horas perdidas.
Queda una brecha de escape, por suerte: el aeropuerto en construcción por la compañía española Acciona en el paraje Tres Charcos, entre Oviedo y Pedernales, a media hora de la ciudad turística Cabo Rojo en proceso…
Y el Grupo Puntacana, que ha entrado al escenario a mediados de este año como socio estratégico a través del Consorcio Cabo Rojo, que también lideran AFI Reservas y AFI Popular, tras el anuncio formal de las autoridades en la Feria Internacional de Turismo (Fitur-2026), en Madrid, España, al comenzar enero.
Es muy probable que estos inversionistas hayan reclamado Gobierno una conexión vial óptima aeropuerto-complejo Cabo Rojo, para garantizar la integridad de los turistas porque, con el actual culebreo de curvas cerradas y sin peralte, el viaje sería un coqueteo permanente con la muerte.
Con medio siglo de experiencia en desarrollos turísticos, sobre todo masivo, el Grupo Puntacana llega a Pedernales a la gestión de una iniciativa que el Gobierno ha pintado como sin parangón, porque -según asegura- será sostenible, no masiva y, al partir de cero y con un “master plan” como matriz, estará libre de las fallas de origen de los polos pioneros como los del este y el norte.
Pero el desafío será mayúsculo porque, si de turismo sostenible hablamos, entonces, las fallas son graves. La deuda con los territorios de los municipios (donde vive la gente) es descomunal, y se corre el riesgo de convertirlos en sitios caóticos, invivibles.
El énfasis se ha puesto en la construcción de la ciudad turística y la capacitación del personal de base que necesitará.
El desorden con el ordenamiento territorial gana terreno. El déficit habitacional cuantitativo encaramado en 60% (80% si abarca lo cualitativo) y la presión del encarecimiento de los alquileres impulsan la creación de arrabales.
El distrito municipal José Francisco Peña Gómez en Sierra de Baoruco (Aguas Negras, Mencía, La Altagracia, Los Arroyos) sigue sin acueducto y conexión eléctrica. Las pocas viviendas que sobreviven se desmoronan.
En la nariz de Cabo Rojo, en el ostracismo, la comunidad Las Mercedes (Bucampolo), lugar de bauxita, tierras raras y producción agropecuaria, donde estaba el rancho de descanso de los padres fundadores en la ruta escabrosa a lomo de mulo entre Puerto Escondido-Pedernales y viceversa, existe en las narices de Cabo Rojo.
Las carreteras hacia las zonas agrícolas, insufribles, Intransitable si se pretende subir hasta Los Arroyos, en lo más alto de la Sierra de Bahoruco, donde se produce gran cantidad de aguacates, cebollas, repollos, papas y otros rubros para consumo local y exportación.
En la capital de la provincia, Pedernales, no hay alcantarillado pluvial y sanitario, ni un sistema moderno de recolección, disposición y tratamiento de los desechos sólidos. Tampoco un centro para la promoción de la cultura. El edificio de oficinas públicas, una ruina a punto de provocar una tragedia…
El municipio Oviedo carece de acueducto. Es un pueblo fantasma. Luce que nunca ha olido el progreso.
Falta de todo en Pedernales. Pero -como cantaba Julio Iglesias– aún me queda la esperanza, al menos con la carretera.
Y con la construcción del centro cultural, apadrinado por los bancos Reservas, Popular, el Grupo Puntacana y las hoteleras Iberostar y Hyatt, como parte de la responsabilidad social empresarial de estos inversores en el contexto del proyecto de desarrollo de turismo sostenible.
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