“El afán del día no entra en conflicto con dedicar algunos minutos para mejor comprender dónde estamos y qué somos”.
El preguntarse “dónde estamos” ha estado muy asociado a una simple y hasta ingenua mirada hacia el cielo.
Es Galileo quien apoyándose en avances previos construye en el 1609 el telescopio como una ampliación de aquella ingenua mirada.
Ya entonces Galileo observó- entre otros hallazgos- que la Luna no era una esfera perfecta, sino que tenía montañas y cráteres, descubrió que Venus giraba alrededor del Sol, así como que la Vía Láctea- galaxia a la que pertenecemos- está formada por una enorme cantidad de estrellas individuales invisibles para el ojo humano.
La contribución de Galileo fue el inicio de avances en los telescopios ópticos que se apoyan en la luz, a los que siguieron los telescopios no ópticos que utilizan otras frecuencias electromagnéticas profundizando el conocimiento del cosmos.
Un gran hito en esos avances se debe al astrónomo Edwin Hubble quien descubre en el 1929 que el universo se expande a partir de sus observaciones con el telescopio Hooker en el Monte Wilson en California.
Aun con los grandes avances del estudio del cosmos se logra otro gran salto cualitativo a partir de telescopios fuera de la tierra (¡!) contribución de la astronáutica mediante el telescopio espacial.
El primer telescopio espacial es el Cosmos 215 de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-URSS- colocado en el espacio exterior el 22 de junio de 1968. A partir de entonces los avances han sido enormes como la colocación en órbita del Telescopio Espacial Hubble de la NASA de los Estados Unidos y la Agencia Espacial Europea el 24 de abril de 1990 a 540 kilómetros; pero mayor aun el Telescopio Espacial James Webb gestionado por la NASA, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense puesto en órbita en diciembre de 2021 alrededor del Sol a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra.
Con los telescopios espaciales y particularmente el Hubble y el James Webb se ha podido conocer a profundidad – entre otros- que la expansión del universo se debe a una fuerza aun desconocida asociada a la denominada energía oscura, se confirmaron los agujeros negros en los centros de las galaxias incluyendo la Vía Láctea; se han observado las galaxias más antiguas poco después del origen del universo, así como la detección de vapor de agua en atmósferas de planetas fuera del sistema solar.
Desde Galileo al telescopio espacial, como invitación a la ampliación del conocimiento que tanto supera a la mirada al cielo.
Compartir esta nota