En San Francisco de Macorís, hace muchos años, cuando no había manzanas sociales podridas, las niñas y los niños podían jugar tranquilamente y con seguridad frente a sus casas, los parques, las plazas más cercanas y los patios.

La niña Ramona Adalgisa Pantaleón Fernández jugaba tranquilamente inventando con muñecas de trapo, a las cuales bautizaba, maquillaba, conversaba con ellas, les cambiaba los vestidos y las ponía a cantar.

Todo parecía normal, pero Adalgisa era muy discreta, no se quejaba, aunque a veces sin saberlo le dolía todo el cuerpo. Descubrieron que padecía de fibromiálgia, una enfermedad incurable que produce un dolor musculoesquelético en todo el cuerpo, al cual hay que aprender a convivir con él, amortiguando sus efectos con medicamentos y terapias.

Para algunas personas esto era una desgracia; muchas se acobardan, se ponen tristes, groseras y hostiles. Pero hay otras que aprenden a convivir con ella, conscientes de que el dolor purifica y sensibiliza. Por eso, a los 13 años Adalgisa ayudaba a las monjas a preparar todo lo necesario para jornadas de curación de enfermos, de las cuales ella participaba. Su nivel de espiritualidad y de identidad de darse a los demás era tan grande que decidió entrar al convento para ser monja.

En su casa, esta decisión no cogió a nadie de sorpresa, por su entrega a las obras de caridad; solo que su madre dijo que no, porque soñaba que Adalgisa fuera una artista que trascendiera y que se convirtiera en un orgullo para la familia.

Adalgisa obedeció con un lloriqueo permanente y poco a poco lo fue aceptando, como una prueba divina. Su fe fue más profundamente desafiada cuando recibió la noticia lacerante de que no podía tener hijos. No se desesperó; su fe en Dios era muy grande, entonces comenzó a rezar, a pedir que pudiera tener hijos, que pudiera ser madre, y se produjo el milagro. El Señor la oyó, la complació y procreó tres hijos: un varón, Héctor Aníbal, y dos hermosas hijas, Gina y Alina, con Héctor Estrella, su primer esposo.

Además, entendió que el bien se hace desde donde uno esté, sin importar el lugar. Un día, ante la solicitud del síndico de San Francisco de Macorís, aceptó representar a la provincia en el Primer Festival de la Voz que organizó en la ciudad de Santo Domingo el inmenso artista y promotor Rafael Solano.

El festival fue un acontecimiento nacional impactante; de las provincias surgieron nuevas estrellas de la música popular, muchas de las cuales se convirtieron en los nuevos líderes, como fue el caso de Fernandito Villalona. Adalgisa quedó en un tercer lugar, rompiendo el contexto de la provincia de San Francisco de Macorís para convertirse en una figura nacional que le dio la apertura hacia la televisión y mostrar sus excelentes cualidades artístico-culturales, polifacética, de la diversidad de expresiones artísticas que ella tenía en el canto, el teatro, el cine y el humor, revelando, además, un talento fuera de lo común para los jingles publicitarios. ¡Era la época privilegiada de la comunicación visual, donde la TV superaba a la comunicación radial a nivel popular!

Pero el momento coincidió con el surgimiento de rupturas y propuestas creativas que dividieron la música popular en un antes y un después, con las dimensiones de identidad de Juan Luis Guerra. Juan Luis no era un extraño a las raíces populares. Era un creativo con las habilidades adquiridas en el Berklee College of Music y las vivencias de la cultura popular dominicana, adquiridas en el Festival de Atabales de Sainaguá, los conversatorios sobre folclore e identidad con el grupo Convite y la diversidad y majestuosidad de la cultura cocola de San Pedro de Macorís, expresadas en el video más significativo y hermoso de Juan Luis, de esencias y raíces de ancestros, «A pedir tu mano», en ritmo de merengue, con el apoyo visual del gagá y los guloyas.

Desde el primer momento en que Juan Luis conoció la voz de Adalgisa, valoró extraordinariamente su estilo, su versatilidad y sus cualidades artísticas. Para su álbum musical Bachata Rosa, la grabación (1990) sobre «Abeja del panal», escogió a esta artista sin igual.

Adalgisa Pantaleon y 4.40 (Fuente externa)

Por eso, cuando Juan Luis creó a 4-40, el grupo musical popular de más trascendencia nacional e internacional del país en toda su historia, integró a Adalgisa entre sus miembros, la cual lo acompañó durante 27 años.

Gracias a la visión, la conciencia de nuestra identidad, la revalorización y trascendencia del folclore, Nandy Rivas, publicista, logró reunir un equipo de creadores y, con el visto bueno de la compañía del Ron Barceló, realizó la campaña publicitaria comercial más impactante a nivel popular, la cual, a pesar de los años y avances tecnológicos, no ha podido ser superada. Adalgisa fue parte de las artistas que aportaron y dijeron presente en esta pedagógica y trascendente campaña publicitaria.

Adalgisa Pantaleón es una artista realizada, abuela feliz, un ser humano excepcional, soñadora, una romántica que nunca ha dejado de enamorarse del susurro del bolero, de las esencias del merengue y de la magia del son.

¡Adalgisa Pantaleón es un patrimonio artístico y un orgullo de San Francisco de Macorís y del país!

Promocion-musical-de-Adalgisa.-Fuente-externa
Promoción musical de Adalgisa. (Fuente externa)