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La historia de Higüey constituye un testimonio vivo de la perseverancia, la diversidad y la profunda transformación de una comunidad que, a lo largo de los siglos, ha sabido construir y reafirmar su identidad. En sus archivos históricos, en la riqueza de sus tradiciones y en la memoria colectiva de sus habitantes permanecen las huellas de generaciones que, con esfuerzo y determinación, lucharon por preservar su cultura, sus costumbres, sus valores y su territorio frente a las circunstancias y desafíos propios de cada época. Higüey se erige como un verdadero crisol de creencias, relatos ancestrales, prácticas sociales y actividades económicas, donde la convivencia, la solidaridad y el esfuerzo colectivo han contribuido a forjar el carácter y la esencia de su pueblo.

Desde una perspectiva antropológica, el estudio de Higüey permite adentrarse en la complejidad de sus estructuras sociales, culturales y políticas, al tiempo que revela la extraordinaria riqueza de un legado que se ha transmitido de generación en generación. Esta herencia cultural se manifiesta en la tradición oral, en los mitos y relatos que han sobrevivido con el paso de los tiempos, en la transmisión de valores, en la diversidad de sus expresiones festivas y religiosas, así como en la profunda solidaridad que caracteriza los vínculos entre sus habitantes.

Según el historiador Vetilio Alfau Durán, en su libro “Escritos y Apuntes Históricos, Volumen LXXIII”, publicado por el Archivo General de la Nación, la comunidad de Verón debe su nombre a Monsieur Beltrand Verón y Gramouth, quien fue el propietario de esos terrenos. De ahí el nombre de Verón, con V. Beltrand Verón y Gramouth participó en 1844 a favor de la separación. Junto con Vicente Ramírez, Juan Rijo, Isidoro Durán e Ignacio de Peña organizaron la columna que, bajo el mando de José Encarnación Fernández y Baltazar Belén, salió para El Seibo, para incorporarse a las tropas que allí organizaba el improvisado general Santana para marchar a la Capital, y de allí a los campos del Sur a sostener los principios proclamados en la Puerta del Conde el 27 de febrero.

El francés Verón sostuvo una litis judicial por la posesión de esos terrenos con el general Felipe Abad Alfau. El francés Verón fue defendido por el patricio Francisco del Rosario Sánchez, quien ganó el pleito. El general Abad Alfau fue quien años más tarde dio la orden de fusilamiento contra el patricio Francisco del Rosario Sánchez en San Juan de la Maguana.

Una tradición asegura que en la sentencia de San Juan influyó sobremanera una litis entre Felipe Abad Alfau y Bustamante, de una parte, y el francés Monsieur Beltrand Verón y Gramouth, por unos cortes colindantes de maderas en el sitio de Bávaro, en Higüey, y Sánchez, en representación de Verón, ganó el pleito”.

Parece que el general Abad Alfau y Bustamante y los demás jefes allí presentes han comprendido que la multitud se ha exaltado con las palabras del condenado y es prudente actuar con rapidez. Alfau, rabiando, mandó «¡Fuego! inmediatamente”.

ORIGEN HISTÓRICO DEL NOMBRE DE PUNTA CANA

Según el historiador Vetilio Alfau Durán, en su libro “Escritos y Apuntes Históricos, Volumen LXXIII”, en la página No. 67, la cual transcribimos textualmente: “Expedición de Cesáreo Guillermo”; el 30 de julio de 1881 salió de la playa de Ponce, Puerto Rico, al frente de una expedición revolucionaria el general Cesáreo Guillermo. Desembarcó en Punta Cana y siguió por El Macao hasta llegar a Higüey. Se le unieron los higüeyanos y formó un provisional. Todos se incorporaron y formaron un fuerte contingente que marchó a tomar El Seibo, pero se había perdido un tiempo precioso y el primer encuentro con las tropas del Gobierno que salieron a combatirlo tuvo lugar en La Lechuza, cerca de Hato Mayor.

De parte del Gobierno vino como jefe superior de operaciones el general Ulises Heureaux, quien trajo en sus filas, entre otros generales, a Alejandro Woss y Gil y a Dionisio Troncoso.

Con Cesáreo Guillermo desembarcaron los generales Juan Isidro Ortea, Rafael Pérez, Vidal Méndez, Quintín Díaz y otros, y aquí se les incorporaron el general Manuel Durán, su hijo Ismael Durán, Tomás Mercedes Botello y sus dos hijos, los coroneles Pedro Tomás y José Botello, Eustaquio Ducoudray, Bernardo Montás hijo, los hermanos Chalas, Francisco Richiez Ducoudray, Antonio Valdez, Philemon Lappost y otros.

El gobernador de El Seibo, general Eugenio Miches, se retiró a la capital y no tomó parte en la defensa.  Por igual, el jefe comunal de Higüey, general José Loreto Julián, quien, no obstante, permaneció en Higüey y se mantuvo pasivo.

El segundo encuentro tuvo lugar en El Cabao, en las cercanías de la ciudad de El Seibo, en donde solamente pelearon las tropas que comandaban los generales Eustaquio Ducoudray y Marcos Duvergé, quienes comandaban la avanzada.

Fueron las únicas que tomaron parte en la acción. Herido en la nuca, el general Heureaux, la situación se puso difícil para las tropas gubernamentales, pero el herido se incorporó muy rápido y continuó mandando el fuego. El grueso de las tropas se retiró por el lado oriental de la loma sin tomar parte en la acción. Entre los heridos figuró el general Troncoso, quien sufrió la fractura de la mandíbula inferior. Dos días después tuvo lugar el encuentro del Alto de las Auyamas, en el camino de Higüey, en donde Francisco Richiez Ducoudray fue herido en una mano. Se cuenta que el general Heureaux, quien llevaba siniestras intenciones y al obscurecer una nube el camino, dio contraorden a las tropas.

El 7 de septiembre, a las siete de la mañana, fueron fusilados siete de los revolucionarios en el cementerio de Higüey: Tomás Mercedes Botello; sus hijos, los coroneles Pedro Tomás y José Botello; Juan Isidro Ortea, Vidal Méndez, Quintín Díaz y Ricardo Lluberes. El pueblo hizo observar la coincidencia terrible de los siete que cayeron fusilados en la mañana trágica de ese 7 de septiembre.

En El Seibo, tuvo igual suerte el poeta y político don Rafael Pérez Castro, hermano del general Santiago Pérez, quien en 1887 daría muerte en la calle de El Conde, en Santo Domingo, al bardo venezolano Eduardo Scanlan. Santiago Pérez se despidió del pueblo con una conmovedora proclama y unos pocos versos muy inspirados que circularon el 4 de mayo de 1887, pocas horas antes de su fusilamiento.

El poeta Juan Isidro Ortea, capturado en las ruinas del antiguo ingenio de los Trejo, en Sanate, cuando iba camino del patíbulo, conducido en silla de mano por estar gravemente herido, le dedicó esta cuarteta a una mujer muy agraciada que había conocido hacía poco:

Te mando esta flor lozana
higüeyana de ojos verdes,
para que de mí te acuerdes
Cuando no me veas mañana.

EL GRAN APORTE DE FRANK RAINIERI Y SU INTERPRETACIÓN DEL SENTIDO DE LA HISTORIA EN EL MARKETING TURÍSTICO

Para 1969, la zona específica obtenida por los inversionistas era conocida localmente y en títulos de propiedad como Yauya o Punta Borrachón. Este último nombre se consideraba poco atractivo y comercialmente inviable para un proyecto turístico. Lo que Frank Rainieri hizo en 1970 no fue inventar las palabras, sino elegir y formalizar Punta Cana como el nombre oficial para el desarrollo de su resort y, posteriormente, para toda la región turística. Su intervención fue una decisión de branding para sustituir el nombre de Punta Borrachón por uno que ya existía en la zona pero que no se usaba para designar ese asentamiento específico. En resumen, aunque el nombre existía como referencia geográfica previa, se le atribuye a Frank Rainieri la reutilización y popularización del nombre para desplazar al toponímico local de Borrachón y convertirlo en el referente mundial que es hoy, fue debido a que Don Frank Rainieri conocedor de los grandes aportes históricos del historiador Vetilio Alfau Duran que según lo que describimos en su escrito sobre la expedición del General Cesareo Guillermo el 30 de julio de 1881, desembarcando por la playa de Punta Cana, relanzó este nombre a todos los niveles tanto nacional como internacional, razón que merece un alto reconocimiento de  la sociedad Dominicana.

En un principio, los inversionistas contemplaron la posibilidad de aprovechar los recursos naturales de la zona mediante la explotación y exportación de madera y arena. Sin embargo, Frank Rainieri vislumbró un horizonte mucho más ambicioso: transformar aquel territorio agreste y apartado en un espacio destinado al desarrollo turístico. Con esta visión, impulsó la apertura de un camino terrestre, la construcción de pequeñas cabañas y la habilitación de una modesta pista de aterrizaje que permitiera establecer las primeras conexiones con el exterior.

El desarrollo de la industria hotelera en Punta Cana tuvo uno de sus primeros hitos con la apertura de 20 habitaciones en el antiguo Punta Cana Club. Aunque se trataba de un establecimiento de dimensiones modestas, aquel primer paso representó el punto de partida de un proceso de expansión que, con el transcurso de las décadas, convertiría a Punta Cana en un destino turístico de proyección internacional, reconocido por sus playas, sus paisajes naturales y su creciente infraestructura hotelera.

Don Frank Rainieri ocupa un lugar en la historia del turismo, no sólo por su visión sino por ser un visionario y comprender el valor de las tierras dominicanas, construyendo así una marca de alcance mundial. Mostró ser un visionario estratégico y con sentido de pertenencia. Donde muchos vieron sólo terreno, Don Frank vio un horizonte de desarrollo que ha transformado la Región Este y el país.

EL APORTE LEGISLATIVO DEL SENADOR AMABLE ARISTY CASTRO

Verón-Punta Cana fue elevado a Distrito Municipal mediante la Ley No. 386-06 del 3 de octubre de 2006 como el “primer Distrito Municipal Turístico del País”. Fruto de una iniciativa legislativa del Cacique del Este, senador Amable Aristy Castro, la primera directora de su Junta Municipal fue María Vásquez.

Mons. Jesús Castro Marte

Sacerdote

Monseñor Jesús Castro Marte. Labores Pastorales: Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia, Presidente de la Fundación del Museo de La Altagracia, Gran Canciller de la Universidad Católica del Este (UCADE), Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Dominicano, Presidente del Pensamiento Altagraciano. Maestrías: Magíster Tecnología Educativa, en la PUCMM, 2009; Magíster en Historia Aplicada a la Educación, en la PUCMM, 2012; Máster en Gestión internacional de Universidades, en la Universidad Alcalá de Henares, España, 2014; Máster Internacional en Bioética, Fundación Jérôme Lejeune.

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