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Se calcula que el número de “los muertos de la Revolución de Abril sobrepasan los 5,000”. Se habla también de la existencia de fosas comunes. Sin embargo, son informaciones que nunca han sido confirmadas.
Esas hipótesis son manejadas por el historiador Alejandro Paulino Ramos en su artículo “La guerra de abril de 1965: los muertos que nunca se pudieron contar” (Acento, com , 14/05/2014).
Una vez se quiso indagar la suerte de los muertos y desaparecido e la Guerra de Abril. Hubo una Comisión Interamericana de los Derechos, Organización de Estado Americanos Humanos que en plena Guerra de Abril recorrió el país tras las múltiples denuncias, comunicaciones, quejas y solicitudes presentadas a la Comisión .
En el informe rendido por la comisión se afirma que:
“ Desde su llegada a la República Dominicana, la Comisión recibió gran número de denuncias, unas por escrito y otras en forma verbal, sobre hechos atentatorios contra los más elementales derechos de la persona humana, consagrados en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Estas denuncias procedían tanto de los dos Gobiernos establecidos en territorio dominicano, como de personas particulares, gremios obreros, asociaciones profesionales y empleados afectados en sus derechos.
El número de denuncias correspondientes a casos concretos de personas encarceladas por motivos políticos había pasado de 1,500 al momento de tomar posesión el Presidente Provisional Dr. Héctor García Godoy.”
Terminada la guerra y en los años posteriores hasta hoy, la sociedad dominicana se desentendió del borroso capítulo de la guerra constituido por sus víctimas, sus muertos, sus desaparecidos: por los montones de cadáveres que se recogían en las calles y se lanzaban en los camiones de basura rumbo a fosas comunes y que ,en los combates se llevaban a los hospitales y que en las operaciones militares eran derribados en los contenes y en los callejones, no solo en Santo domingo sino en todo el país.
De ahí la existencia de fosas comunes abiertas por el CEFA y, en general por la dinámica misma de la guerra. De ahí también, los centenares de desaparecidos sin lugares de encuentro cierto, que todavía hoy esperan ser encontrados.
No hemos tratado de continuar la búsqueda iniciada por la Comisión Interamericana de los Derechos, Organización de Estado Americanos Humanos. Los historiadores , en general, no reseñan esos horrores.
Sin embargo, algunos , como Alejandro Paulino Ramos, han dedicado esfuerzos en reseñar los muertos y desaparecidos, así como la ocurrencia de las fosas comunes, como se muestra en una serie de trabajos de ese historiador publicados en Acento.com.
La Comisión descubrió la existencia de fosas comunes, según Informe de los criminólogos de la OEA reseñado por el referido historiador, en los diversos lugares: en la zona oriental, en propiedades que antes pertenecieron a Trujillo, como es el caso de la finca conocida como Haras Nacionales, debajo del puente del río Yuca, en los lugares de Mata Redonda, Mal Nombre, y en la hacienda La Estrella. Por igual, en Monte Plata y en la localidad cibaeña de Bonao. (Acento.com, 24/04/2024)
En este conteo de los muertos de abril quisiera resaltar el trabajo del historiador “Informe de la OEA sobre crímenes ejecutados por el gobierno de Imbert Barrera durante la guerra de abril de 1965 (y V)” publicado en Acento .com al conmemorarse el 59 aniversario de la Guerra de Abril .
El historiador se apoya en el periódico Patria que en la guerra fue editado por los constitucionalistas, que a su vez recoge los datos del informe de la comisión de la OEA que en 1965 hizo un levantamiento de las fosas comunes en las cuales fueron rescatados e identificados los cadáveres así numerados: 8, 9, 11, 12, 13,14, 15, 16,17.
Desde entonces no se ha avanzado en profundizar las investigaciones hasta dar con las fosas comuniones y exponer todas las violaciones a los derechos humanos durante la guerra por parte del gobierno de Reconstrucción Nacional, como aparece en la agenda -prontuario de esa comisión.
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Cada año, y pronto, en unos días, me llega la Revolución de Abril del 1965 como manantial de dos corrientes recrecidas en mis entrañas, una de vida y esperanza, otra de muerte y dolor.
Nací y morí en abril, aniversario de mi natalicio y, de mi muerte, en la muerte de dos hermanos en la heroica gesta del 65.
Réquiem por los huérfanos de gratitud y olvidados muertos de la Revolución de Abril, que, según cálculos sobrepasan los 5 mil.
En fosas comunes, matojos y cañadas miles son los insepultos del glorioso abril que aún esperan una lágrima, una flor, un adiós.
Pena, dolor y sangre son lastres que se remueven en mi espíritu acongojado cuando observo la conmemoración victoriosa del cada aniversario de una guerra perdida.
Perdida para la causa constitucionalista, aunque hoy celebremos nuestras hazañas que no son a menospreciar, sobre todo contra los yanquis invasores, y homenajeemos a los innumerables hombres y mujeres que dieron muestras palpables de heroísmo, de apego a la libertad y la defensa de la patria.
Con eso no hay que jugar, hay que celebrar, aunque sea como compensación, porque comoquiera, fue una guerra perdida en la que el fracaso fue disfrazado de negociación y firma de un acto institucional, una tremenda trampa, como los hechos violentos y sangrientos contra los constitucionalistas lo demostraron al siguiente día y durante los meses del Gobierno de García Godoy y los 12 años de los Gobiernos de Balaguer desde el 1ro. de julio de 1966.
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Desde mis 21 años, alojadas en lo profundo de mi ser esas imágenes de la Guerra de Abril de 1965 me han acompañado hasta hoy ; compartiendo el espacio y la atmósfera con los vivos cadáveres humanos cosechados en la guerra.
Cadáveres en los lugares de combates, en los barrios, en toda la ciudad , en las calles , en los parques; cadáveres esparcidos por doquier.
Cadáveres de combatientes segados en pleno combate en la batalla del puente Duarte, en el asalto a la fortaleza Ozama, en la Operación Limpieza en la parte norte de la capital ; dominicana, durante los días 15 y 16 de junio en Ciudad Nueva.
Piezas humanas de cuerpos desmembrados , figuras cadavéricas de moribundos o de quizás ya muertos en ambulancias rumbo a los hospitales Morgan y Salvador Gautier.
Montones de cadáveres humanos podridos lanzados en camiones de basura y transportados hacia rumbos desconocidos, quizás o lanzados en zanjas improvisadas o en fosas comunes previamente abiertas en las afuera de Santo Domingo.
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La noticia acerca de la propuesta de creación de un Museo Histórico de la Gesta de Abril me ha llenado de esperanza, y por lo mismo me obliga a volver sobre un tema esencial de la Guerra de Abril: los miles de muertos enterrados en fosas comunes, hasta el momento en estado de “desaparecidos” para los familiares y la sociedad .
Ese fue el tema de mi ponencia “Cadáveres y fosas comunes en la Guerra de Abril de 1965. Una propuesta de reparación histórica de las víctimas”, leída el 22 de abril de 2025 en el 1er. Congreso de Humanidades de la UASD, dedicado al 60 aniversario de la Revolución de Abril de 1965 .
Fue una propuesta dirigida al país, y, particularmente, a la UASD a través de la Facultad de Humanidades; y de manera más directa, a la Escuela de Historia y Antropología de esa universidad .
Es una propuesta y un reclamo que hoy dirijo a la Comisión del Museo Histórico de la Gesta de Abril: No olvidar a los miles muertos ni las incontables fosas comunes de la Guerra de Abril.
El editorial de Acento.com al presidente Luis Abinader planteando la ampliación de la Comisión designada para la creación del Museo Histórico de la Gesta de Abril me ha motivado a agregar ese asunto a la agenda en torno a la Guerra de Abril: los muertos y las fosas comunes. La Guerra de Abril de 1965 fue también un espacio de masacre colectiva.
Ese drama es compartido por cientos de familias que en la guerra perdieron a sus hijos, padres, hermanos. Aunque han pasado sesenta años es una herida que nunca se cierra. Es también una gran deuda de la sociedad dominicana con esos mártires y héroes que no pudieron vivir como otros combatientes paras conmemorar esa gloriosa gesta.
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Mis hermanos Ciro y Fellito desaparecieron en la guerra. Fueron apresados por el CEFA en los alrededores de Radio Santo Domingo mientras en el carro Volkswagen de Fellito apoyaban a los combatientes constitucionales en tas trincheras .
Fellito era agrónomo, trabajaba en Sabana Grande De Boya como jefe de campo del central Haina y distribuía alimentos a los combatientes; Ciro cursaba el tercer año de medicina en la UASD y asistía a los combatientes en las urgencias médicas.
Sus cadáveres nunca aparecieron. El carro “cepillo” fue encontrado en el destacamento del kilómetro 9 de la carretera Duarte. Hay testimonios que afirman que vieron cunado lo apresaron en los alrededores de RTVD y se lo llevaron escoltando el vehículo en que se transportaban.
Desde esa desaparición mi madre desplegó todos los esfuerzos buscándolos en hospitales, cárceles y cementerios sin encontrarlos ni tener noticias de sus paraderos.
Murió en 2004 con el dolor de no poder enterrar a sus hijos. Toda la familia Matos Moquete aún vive con ese dolor, esperando encontrar sus cadáveres y poder tener la oportunidad de llorar Y enterrar a sus seres queridos en un lugar donde pudieran llevarlos florarles.
Desde esa impotencia de un testigo comprometido, a los 60 años de contemplar ese mundo de horror me siento acongojado, y en cierta medida avergonzado de que se hayan abandonado los muertos de la guerra en matorrales y fosas comunes, donde no pueden recibir no digo ya un tributo, una lagrima o un adiós.
Sin embargo, no desmayamos. Hoy esperamos, yo, particularmente, lo espero, que pudiéramos, por los menos brindar una reparación histórica a esos combatientes y a sus familiares, retomando la búsqueda de los desaparecidos, muertos y desamparados de la Guerra de Abril .
Es cuanto pido a la Comisión del Museo Histórico d la Gesta de Abril
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