Hoy viernes 3 de abril se cumple exactamente tres meses de la violenta entrada nocturna a Caracas de una flotilla de helicópteros militares de EEUU, respaldada desde las proximidades por más de 150 aeronaves y decenas de buques de guerra, que en pocas horas y antes del amanecer abandonó el país con Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, esposados con rumbo a una celda para narcoterroristas en Nueva York.

Los marines dejaron en la ciudad del Libertador Simón Bolívar un centenar de muertos y heridos, entre ellos 32 combatientes cubanos custodios de la pareja presidencial acribillados, y los consabidos daños colaterales a instalaciones militares y civiles a punta de misilazos.

Esa incursión nocturna del 3 de enero fue la primera acción militar directa y a cara descubierta de EEUU en suelo sudamericano. Fue un ataque armado que rompió un patrón histórico, porque en el último medio siglo la bota militar estadounidense había mancillado Centroamérica y el Caribe —República Dominicana, Guatemala, Granada y Panamá-, pero en Sudamérica se había limitado a operaciones conjuntas con el Ejército colombiano y otras más recatadas con el ecuatoriano.

A cara tapada, sin embargo, las dictaduras militares del Cono Sur sudamericano fueron coordinadas estrechamente por la CIA en los años setenta para su siniestra Operación Cóndor, pero sin tropas estadounidenses en el terreno.

¿De Maduro? Ya casi nadie habla del delfín de Hugo Chávez

Tres meses después del bombardeo y el apresamiento de la pareja presidencial, Venezuela vive el llamado «rodrigato» (por Delcy Rodríguez), la discreta resistencia de Diosdado Cabello y el anuncio del retorno inminente de la principal figura antimadurista: María Corina Machado, para muchos una incansable luchadora, sí, pero para nada mansa paloma aunque ostente el título de Nobel de la Paz.

Diosdado, a su vez, tan narcotraficante como Maduro, según los avisos de recompensa millonaria por su cabeza, se ha limitado a salir en algunos videos como un ministro del Interior dedicado al orden ciudadano y repitiendo solo marginalmente que el chavismo no está «arrinconado ni en retirada» y a lo más pronuncia un débil "¡Qué liberen a Maduro!", ahora más empeñado en el cuidado ciudadano y por estos días en una Semana Santa sin muchos accidentes.

Diosdado Cabello ciertamente ha bajado su perfil y se ha limitado a confirmar que el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela, que ahora lidera sin sombras) atraviesa un «reordenamiento interno», pero basado en instrucciones que, según afirma, dejó establecidas Maduro antes de su captura.

Sobre Rodríguez, ha repetido que «no le ha tocado fácil», al tiempo de ratificar el «respaldo absoluto» del PSUV a la presidenta encargada, discurso que no logra disipar una tensión latente. «Están pelando bolas si creen que la revolución se va a acabar», es lo más radical que ha dicho en este tiempo.

En este trimestre, Delcy Rodríguez da la impresión de que desmonta desde dentro y sin prisas las estructuras del chavismo, siempre bajo la presión fiscalizadora de Washington y el galante piropo de Trump, en tanto que Diosdado prefiere seguir agazapado a diferencia de María Corina Machado que corre hacia la meta de apurar su salida de EEUU y regresar a Caracas para ser parte de una transición que derive en elecciones en las que se ve triunfadora.

Donald Trump eligió a Delcy Rodríguez para desmontar el chavismo desde Miraflores y no a Machado, para no agitar en demasía el avispero en una primera fase, peor en tiempos de necesidades petroleras, aunque él y Marco Rubio no la descartan ni mucho menos como figura a posteriori.

Lo que en un principio parecía una gestión de emergencia se ha convertido en el «rodrigato»: una reconfiguración del poder que combina gestos de apertura hacia Washington con el desmantelamiento selectivo de estructuras chavistas, pero a ritmo mesurado.

En noventa días, Rodríguez en algo ha sacudido la mata ministerial y en mucho ha entregado el petróleo e impulsado una nueva ley de minas para atraer inversión extranjera, principalmente estadounidense.

También ha puesto en vigencia una amnistía que no termina de abrir todas las celdas de los presos políticos, aunque a la vez reitera que, "en definitiva, le hemos dicho al presidente Trump, que nos considera sus amigos, sus socios, que tiene que acabarse ya el bloqueo contra Venezuela».

Los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, presidente del Legislativo, siempre han sido fichas bolivarianas, desde los tiempos de Hugo Chávez, quien antes de morir víctima de un agresivo cáncer dejó a Maduro la tarea de no soltar el palacio presidencial de Miraflores, aunque este hace tres meses no fue detenido ahí, sino en el cercano Fuerte Tiuna, a pocas cuadras de la casa presidencial, vecina a su vez de la zona donde se levanta el Cuartel de la Montaña, sepulcro del "Comandante eterno".

Rodríguez también repetidamente llama a Trump «socio y amigo» y ha restablecido formalmente las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, con una agenda bilateral centrada en energía, minería y lucha contra el narcotráfico.

«Se acerca el día», repite y repite María Corina

En la otra orilla, María Corina Machado, que salió de la clandestinidad para ir a Noruega a recoger el premio Nobel de la Paz que anhelaba Trump, y entregárselo a él en Washington casi de inmediato, ha intensificado su actividad discursiva con un objetivo declarado: regresar a Venezuela para forzar una transición democrática con elecciones libres.

En una entrevista con la agencia AFP, Machado afirmó la semana pasada que el régimen heredado de Rodríguez «está herido irremediablemente» y que, «siguiendo instrucciones del presidente Trump, están desmantelando sus propias estructuras represivas y de corrupción».

Tras reunirse la semana pasada con el secretario de Estado, Marco Rubio, Machado repitió su sentencia preferida desde hace décadas: «Se acerca el día». Su plan ahora incluye consolidar "un gran acuerdo nacional" y preparar lo que calificó como una «nueva y gigantesca victoria electoral».

Maduro y su esposa, con cargos que entrañan penas de muchos años

Capítulo aparte es el proceso judicial contra Maduro y su cónyuge, quienes permanecen encarcelados en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn.

A finales de marzo comparecieron por segunda vez ante el juez Alvin K. Hellerstein, que dirige en Nueva York un caso judicial con cargos de conspiración por narcoterrorismo, importación de cocaína y posesión de armas, todos delitos castigados con penas carcelarias de decenas y decenas de años.

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Maduro y Cilia Flores, esposos esposados presioneros de la DEA. El proceso judicial en su contra podría extenderse durante años, aunque nunca tantos como los previstos para los delitos que se les achaca.

Lo que viene en 2026: tres fuerzas, un solo país

El resto del año se perfila como un pulso entre tres fuerzas. Las dos primeras: Rodríguez intentando consolidar su apertura económica y haciendo equilibrio entre las exigencias de Washington y la base chavista, y Diosdado buscando preservar la estructura del PSUV como factor de poder y resistiendo en voz baja cualquier concesión que considere una traición al legado de Chávez y Maduro.

La tercer fuerza: Machado apostando todo a su regreso a Caracas y a la presión internacional para forzar la convocatoria de elecciones libres.

Su aliado Leopoldo López resumió el dilema en una entrevista con EFE esta semana: «Es evidente que estamos mucho mejor de lo que estábamos el 2 de enero, pero todavía no hay una ruta clara que lleve al aterrizaje de la democracia».

Es decir, Venezuela, tres meses después del fin gubernamental de Maduro, ya no es la misma, pero ciertamente tampoco es, todavía, la que millones de venezolanos esperan que sea.

Aldo Rodríguez Villouta

Radicado en República Dominicana desde 2017, donde trabaja en Acento (www.acento.com.do) y dirige la oficina dominicana de GlobeArt de Chile, su país natal. Previamente, corresponsal de Inter Press Service (IPS), Agencia EFE, Latin American New Service (Lans, EEUU), Associated Press (AP) y BBC en Ecuador, Brasil, Italia y Venezuela. Paralelamente, corresponsal en Venezuela y Ecuador de Monitor de Radio Red de México y colaborador de la Agencia France Press (AFP) y en varios medios de prensa nacionales de esos y otros países, entre ellos Ecuadoradio y Diario Meridiano, de Ecuador, y Gazeta Mercantil, versión Mercosul en Río de Janeiro.

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