Numerosos contratistas de defensa han visto cómo la guerra en Ucrania transformaba su suerte, con pedidos e ingresos alcanzando máximos históricos. El conflicto en Oriente Medio promete otra inyección de efectivo en el sector, mientras EE. UU. y sus aliados se apresuran a reponer sus reservas de armas.
En Washington, la administración Trump le está dando los últimos toques a una solicitud que presentará ante el Congreso a finales de esta semana, solicitando un gasto en defensa de 1,5 billones de dólares para el próximo año. El Pentágono le ha pedido a la Casa Blanca que presente una solicitud ante el Congreso para obtener 200 000 millones de dólares adicionales con el fin de ayudar a financiar la guerra contra Irán al mismo tiempo.
"Se necesita dinero para matar a los malos", afirmó el mes pasado el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth.
No hay certeza de que estas solicitudes sean aprobadas, ni de a qué nivel, pero lo que sí está claro es que la guerra en Oriente Medio ha reducido drásticamente las reservas de algunos de los misiles y sistemas de defensa aérea insignia de EE. UU., fabricados por dos de los mayores contratistas de defensa del mundo: RTX y Lockheed Martin.
Durante los primeros 16 días de la guerra, EE. UU., junto con las fuerzas de la coalición, consumió más de 11 200 municiones, con un costo estimado de 26 000 millones de dólares, según un estudio publicado por el Instituto Real de Servicios Unidos (RUSI, por sus siglas en inglés).
Entre esas municiones se encontraban más de 1200 sistemas de defensa antimisiles RTX Patriot, cientos de sus misiles Tomahawk de largo alcance y más de 300 interceptores Thaad fabricados por Lockheed.
"La cantidad de misiles ofensivos y defensivos que se están utilizando en la actual operación es, francamente, aterradora", comentó Tom Karako, director del Proyecto de Defensa Antimisiles del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés). "Es aterradora porque los necesitamos para prevenir el conflicto y el aventurerismo en el Pacífico", dijo, refiriéndose a los temores de EE. UU. sobre la potencial amenaza que representa China para Taiwán.
Se anticipa que RTX, Lockheed y otra gran empresa de defensa, Northrop Grumman, sean los mayores beneficiarios de las ventas militares al extranjero por valor de 16 500 millones de dólares a los Estados del golfo Pérsico que han sido aprobadas por el Departamento de Estado estadounidense desde el inicio de la guerra.
El miércoles, el Pentágono anunció que Boeing, la cual produce los sensores "buscadores" para los misiles guiados tierra-aire Patriot Pac-3 de Lockheed, triplicaría la producción en virtud de un nuevo acuerdo marco de siete años.
Sin embargo, las compañías de defensa más grandes del mundo no son las únicas que están compitiendo por una parte del gasto militar más elevado.
Dado que los misiles Patriot cuestan más de tres millones de dólares cada uno y su fabricación lleva meses, los Gobiernos están buscando alternativas más económicas, conforme el conflicto con Irán ha puesto de relieve las lecciones aprendidas en Ucrania, incluyendo la importancia de contar con una forma rentable de contrarrestar los drones baratos fabricados en masa.
LIG Nex1, una empresa surcoreana especializada en defensa antimisiles, se ha convertido en una de las principales beneficiadas gracias a su sistema de defensa aérea de medio alcance, el cual es más económico que el Patriot de RTX.
Los inversores también han invertido en Elbit Systems, de Israel, impulsando al grupo de defensa a convertirse en la compañía de mayor valor en la Bolsa de Tel Aviv a mediados de marzo. A principios de esta semana, Israel aprobó un considerable aumento en el gasto de defensa, además de acordar un nuevo contrato con Elbit para el suministro de proyectiles de munición de 155 mm.
"El conflicto con Irán ha demostrado que necesitamos más municiones tradicionales de compañías como Lockheed Martin y Honeywell, pero también más municiones no tradicionales", dijo Jerry McGinn, exejecutivo de Northrop Grumman y director del centro para la base industrial del grupo de expertos CSIS.
Entre las empresas emergentes del sector de la defensa figura como beneficiario el grupo SpektreWorks, con sede en Arizona, cuyos drones de bajo costo fueron desarrollados mediante ingeniería inversa a partir de los drones iraníes Shahed y desplegados por EE. UU., el cual comenzó a utilizarlos en las primeras 24 horas de la guerra.
Las acciones de AeroVironment y Unusual Machines, ambas cotizadas en EE. UU., también se dispararon recientemente, ante las expectativas de los inversores de que estos dos fabricantes de drones se beneficiarían de manera similar del gasto del Pentágono.
Soren Monroe-Anderson, director ejecutivo de Neros, una empresa emergente de Los Ángeles que ha fabricado drones de ataque desplegados por el ejército ucraniano contra Rusia, afirmó que la demanda por parte del Pentágono había "aumentado rápidamente" desde que se lanzó la campaña de bombardeos de EE. UU. e Israel hace un mes.
El capital de riesgo ya había fluido hacia decenas de desarrolladoras de sistemas antidrones, respaldando a compañías como Tytan Technologies, con sede en Múnich; Cambridge Aerospace, del Reino Unido; y Origin Robotics, de Letonia. La empresa estonia Frankenburg Technologies está desarrollando misiles interceptores guiados por inteligencia artificial (IA) y afirma que serán "10 veces más asequibles" que las armas tradicionales.
Varias empresas emergentes europeas le declararon recientemente al Financial Times (FT) que algunos Gobiernos de Oriente Medio se habían puesto en contacto con ellas para obtener suministros.
En la carrera por encontrar opciones de defensa aérea más económicas, muchos de los contratistas establecidos, desde la compañía alemana Rheinmetall hasta BAE Systems, están invirtiendo en todo el espectro para ofrecerles a los Gobiernos capas de protección en diferentes rangos de precio.
MBDA, líder europeo en misiles, producirá un misil económico llamado DefendAir para el Gobierno alemán. RTX también le ha presentado recientemente al ejército estadounidense una nueva versión de menor costo de su sistema antidrones, Coyote.
Robert Stallard, analista de Vertical Research, mencionó otras soluciones de bajo costo, entre ellas las centradas en la energía dirigida, los cohetes guiados y las ametralladoras "inteligentes".
A pesar del aumento del gasto previsto, los expertos señalaron que las empresas aún necesitaban conseguir contratos para poder aumentar la producción y realizar entregas con rapidez. Las acciones de algunos de los principales contratistas subieron cuando estalló la guerra, pero desde entonces han vuelto a caer debido a la incertidumbre generalizada de los inversores ante las repercusiones económicas negativas más amplias.
Los contratistas establecidos, dijo el teniente coronel Jahara Matisek, uno de los autores de la investigación del RUSI, habían "acordado cuadruplicar la producción, pero necesitan pedidos financiados". Su mensaje, añadió, era: "Nos han quedado mal demasiadas veces".
El Departamento de Defensa estadounidense recientemente firmó una serie de acuerdos marco a largo plazo, incluyendo con Boeing, L3Harris y Honeywell Aerospace, así como con la empresa británica BAE Systems, pero estos aún no constituyen pedidos en firme.
Stacie Pettyjohn, directora del programa de defensa del grupo de estudios Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense (CNAS, por sus siglas en inglés), señaló que, a pesar de la promesa de la administración Trump de centrarse en eliminar los excesos de costo y los retrasos en las adquisiciones de defensa, en la práctica aún no estaba otorgándoles a los cinco grandes contratistas de defensa estadounidenses —Lockheed Martin, RTX (antes Raytheon), Northrop Grumman, Boeing y General Dynamics— los contratos a largo plazo que necesitan para aumentar su capacidad de producción.
(Sylvia Pfeifer, Christian Davies y Steff Chávez. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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