Si en un área parecen estar viéndose con más claridad las consecuencias de la desinformación, es en el sector sanitario, y el furibundo regreso del sarampión es la mejor prueba.

La prédica antivacunas, que pasó toda la pandemia difundiendo teorías de conspiración sobre el abordaje del Covid-19, ha terminado por abrir grietas en la salud pública que no han hecho sino profundizarse.

El brote de sarampión que está afectando a los tres países que en menos de cuatro meses recibirán a millones de fanáticos del mundo entero que asisten al Mundial de fútbol es el peor de los últimos años.

México, sede del partido inaugural el 11 de junio, ha registrado 9.074 casos desde 2025 hasta el momento, según cifras oficiales, y ya son 28 las personas que han perdido la vida como consecuencia de esta enfermedad viral para la que no existe tratamiento específico.

La mayoría de los contagiados se recuperan completamente en un plazo de dos a tres semanas, pero también existe el riesgo de complicaciones que van desde las infecciones de oído hasta la muerte, pasando por la ceguera, la neumonía y la encefalitis.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, advirtió el 13 de febrero contra malentendidos sobre las vacunas que "están alimentando brotes y costando vidas en muchos países".

"Debemos seguir repitiéndolo. Las vacunas funcionan, son seguras y salvan vidas", apuntó el funcionario, una reiteración que no debería ser necesaria luego de años de evidencia científica.

Sin embargo, vuelven a ser preciso recalcarlo ante las dudas de todo tipo sembradas en torno a los esquemas de inmunización.

Esos ataques incluyen la reciente decisión de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) bajo el liderazgo del secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. de eliminar de su portal la afirmación validada con evidencia científica de que las vacunas no causan autismo.

El 3 de febrero, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una alerta epidemiológica en la que reflejaba que en 2025, de los 12 países del continente que habían sufrido casos de sarampión, solo hubo muertes en los tres mundialistas: dos en Canadá, tres en Estados Unidos y 24 en México.

La OPS demandó “una acción inmediata y coordinada por parte de los Estados Miembros” y recomendó “reforzar de manera prioritaria las actividades de vigilancia y vacunación de rutina”.

Certificación perdida

Entre 1998 y 2024, los años en los que se mantuvo declarado como país libre de sarampión, Canadá tuvo promedio anual de 91 casos y nunca arrojó más 752 contagios reportados. En 2025, hubo 5.450 enfermos de sarampión, que hicieron que el país perdiera su certificación.

Toronto, la ciudad más poblada de Canadá, que albergará seis partidos, ha sufrido un impacto limitado, aunque la provincia a la que pertenece, Ontario, es junto a Alberta la más afectada, y la agencia de salud pública local anticipa una incidencia mayor para la época del Mundial.

Sin embargo, se espera que la tendencia de Toronto, cuya población es más consistente con el cumplimiento de los esquemas de vacunación que otras partes de la provincia, ayude a aminorar ese impacto.

 

El caso canadiense es el ejemplo perfecto de cómo las decisiones personales han tenido influencia en el repunte de los contagios.

Samira Jeimy, profesora en la facultad de Medicina de la Universidad Western, le dijo a la agencia AFP que la pérdida de la certificación se debió a que “la tasa de vacunación de dos dosis cayó por debajo del umbral de 95% necesario para detener la transmisión sostenida”.

Ahora, la dirección de salud pública de Ontario está tratando de que la organización del Mundial de fútbol pida a los jugadores y al personal involucrado en el torneo que suministren copias de sus registros de vacunación “para garantizar una evaluación oportuna de los contactos de casos de sarampión”.

Sería una medida similar a la que ya se observa en muchas partes del mundo con ciudadanos procedentes de determinados países, a los que se exige certificado de vacunación contra la fiebre amarilla, o la que se vivió durante la pandemia del Covid-19, cuando la participación en eventos deportivos quedó sujeta a la inmunización previa.

Muerte y alarma

La transmisión del sarampión es particularmente sencilla. Daniel Salas, quien fue ministro de Salud de Costa Rica durante la pandemia y ahora trabaja con la OPS, advirtió que una sola persona con la enfermedad puede contagiar a 18 más.

Tos, estornudos o simplemente una charla en un lugar muy concurrido, como los estadios repletos o los animados bares deportivos desbordantes de aficionados que se esperan para el Mundial, son suficientes para el virus se disemine.

México es el país más afectado por los brotes norteamericanos (no relacionados entre sí, al menos no geográficamente), con 9.074 contagios y 28 muertes confirmados por la Secretaría de Salud desde el año pasado hasta el 10 de febrero, fecha del último boletín.

Los niños entre uno y cuatro años son la población más afectada, con una prevalencia de 50,41 casos por cada 100.000 habitantes.

La tendencia parece consistente desde el punto de vista cronológico con las campañas de desinformación durante y después de la pandemia, que han llevado a muchos padres a dudar de la seguridad de la vacunación.

Mientras que Europa y Asia Central han disminuido los contagios hasta en un 75% con respecto a los reportados el año anterior, Norteamérica sigue sin desacelerar de forma significativa, y en México las autoridades tienen que volver a insistir en una práctica que era parte de un protocolo aceptado por todos hasta no hace mucho: vacunar.

"Recuerden que hay vacuna, y hay suficientes vacunas. Lo importante es vacunar ahí donde se da el brote como se hace con las medidas epidemiológicas alrededor de donde se presenta el brote y al mismo tiempo ciertas edades que puedan vacunarse", dijo la presidenta Claudia Sheinaum el 10 de febrero durante su habitual conferencia de prensa diaria.

Ciudad de México, sede del partido inaugural del Mundial, espera alcanzar la inmunidad comunitaria en marzo, a tiempo para el pitazo inicial, de acuerdo con los cálculos de la jefa de gobierno local, Clara Brugada, quien precisó el 13 de febrero que un millón de personas han recibido la vacuna.

Pero la capital es el menos grave de los problemas cuando se habla de sarampión en el país, con solo 217 casos activos y un fallecimiento. Chihuahua, Jalisco, Chiapas y Sinaloa son los estados más afectados y los que ponen a México en riesgo de correr la misma suerte de Canadá: perder su estatus como país libre del sarampión.

Estados Unidos: donde nacieron las dudas

La prédica antivacunas de importantes grupos de poder conservadores, que encontraron en el secretario Kennedy el impulso decisivo para ganar voz y adeptos, ha tenido en Carolina del Sur su mejor campo de experimentación.

En el condado de Spartanburg, uno de los más afectados por un brote que ya suma 950 afectados, la tasa de vacunación entre escolares está en 89%, por debajo del 95% recomendado por los expertos en salud pública para detener la transmisión del sarampión.

Incluso el gobernador republicano Henry McMaster ha mantenido lo que parece una línea partidista: que la libertad de elegir esté por encima de la obligatoriedad exigida hasta no hace mucho por los distritos escolares de muchos condados del estado.

"Nuestro enfoque es asegurarnos de que la gente tenga la información y que la vacuna esté disponible para ellos, darles toda la información para que puedan decidir qué quieren hacer", dijo durante una conferencia de prensa la semana pasada.

Pero incluso entre los republicanos hay quienes comienzan a creer que el discurso ha ido demasiado lejos, como el senador estatal Josh Kimbrell, quien se postulará a la gobernación.

"Ahora creo que algunas personas han reaccionado de forma exagerada en sentido contrario y se oponen a cualquier vacuna, incluso a aquellas que se han probado y confirmado durante décadas", escribió en enero en una carta dirigida a la junta escolar de Spartanburg.

En ese condado, los pediatras han comenzado a atender posibles contagios de sarampión al aire libre, para evitar que los niños sospechosos de haber desarrollado el virus se mezclen con los que han acudido a consulta por otras razones.

Y es que Carolina del Sur tiene casi la mitad de los casos reportados a nivel nacional: 950 de poco más de 2200 en todo el país, el peor registro de los últimos 30 años, que hará que en abril sea revisada la certificación de Estados Unidos.

Puede que este estado no represente ningún peligro de cara al Mundial de fútbol, pero Texas sí. Allí se registraron 762 casos el año pasado solo en una región específica del estado, el oeste.

Al este, Houston, que recibirá siete juegos mundialistas, tiene una tasa de vacunación de 88,7%, muy por debajo de la requerida para frenar la transmisión comunitaria.

Miembros de la comunidad médica creen que estas tendencias están directamente relacionadas con la prédica antivacunas que encabezó Kennedy.

"Alimentaron a esas personas con información falsa para crear desconfianza, y ahora están llegando al poder y van a remediar esa desconfianza promoviendo la misma desinformación", dijo a la agencia AP Rob Davidson, médico de urgencias de Michigan, que dirige un grupo de profesionales de la salud llamado Comité para la Protección de la Atención Sanitaria.

"Vemos una confusión creciente sobre qué fuentes confiar y cuáles son reales. Eso hace que la toma de decisiones a nivel individual sea mucho más difícil", explicó a AP Megan Ranney, decana de la Escuela de Salud Pública de Yale.

Kennedy, sin embargo, no parece dispuesto a enmendar el rumbo, como lo dejó ver durante una reciente entrevista al pronunciarse contra "esta idea de que deberías confiar en los expertos”, y remató: “una buena madre no hace eso”.

Y la población está reaccionando con fascinación ante las campañas de desinformación.

"Me gusta adentrarme en esos agujeros de conejo y eso abre millones de preguntas, como '¿Qué hay en las vacunas? ¿Por qué estamos administrando todas estas vacunas?'", le dijo a Reuters Kathleen Black, una madre de Carolina del Sur que aún no decide si inmunizará a su hija más pequeña, como lo hizo con los dos mayores.

Con AP, Reuters, EFE, AFP y medios locales

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