Sociólogos de reconocida trayectoria en el análisis político muestran preocupación por el desgaste de los partidos políticos. Incluso algunos han trabajado durante muchos años en temas de encuestas y creen que estamos ante un riesgo alto de un estallido social contra el sistema de partidos políticos, por su ineficiencia en la administración pública, y porque ahora hay un empoderamiento de las masas irredentas, a través de las redes sociales y los medios alternativos que sirven de plataformas para expresiones políticos agrias y virulentas contra los políticos y funcionarios estatales y contra los líderes de la oposición que antes han gobernado.
Creen que ciertos influencers pueden pasar al ámbito partidario, conquistado alguna de las 38 franquicias políticas reconocidas por la Junta Central Electoral.
Su temor no es que alguien sin condiciones mínimas para dirigir el Estado asuma el poder, ni siquiera que ocurra algo parecido a lo ocurrido en Colombia, con el triunfo electoral de Abelardo de la Espriella, abogado, que ha tenido lectura de libros y alguna educación del nivel medio de su país.
Lo que sostienen es que una candidatura que represente a los sectores marginados, ahora con voz y con capacidad para mostrar su indignación en las redes, con palabras soeces e insultos incalificables, tengan la posibilidad de forzar otra vez una segunda vuelta electoral, como la que se dio en 1996, cuando Peña Gómez y Leonel Fernández compitieron por el cargo, por el PRD el primero, y por el PLD y el PRSC el segundo.
Expresan que la segunda vuelta puede ser una vía para aumentar influencias y para forzar negociaciones que potencien las posiciones más riesgosas para el sistema democrático dominicano.
Reconocen, por lo menos eso está bien establecido, que los grupos fácticos harán lo que siempre han hecho y que el sector empresarial sería quien más tiene que perder con una ruptura del sistema democrático.
Hay sutilezas y mensajes contradictorios. Por ejemplo, que la embajada de los Estados Unidos actúa y promueve versiones políticas que vienen dadas por el Departamento de Estado, y que los norteamericanos han favorecido a Gonzalo Castillo y lo prefieren a Leonel Fernández. ¿Y Omar Fernández? ¿Y David Collado? ¿Y cualquier otro candidato del PRM? ¿Cuál es el riesgo que los candidatos del sistema representan para Donald Trump y el nuevo régimen que Estados Unidos intenta implantar, como ya lo ha logrado en Colombia, Venezuela, Honduras, Bolivia, El Salvador, Chile, Argentina?
En caso de que se forzara una segunda vuelta electoral, en las elecciones del 2028, no habría ninguna dificultad. Nada. El sistema tiene capacidad para resistir una segunda vuelta como ocurrió con Peña y con Leonel en 1996.
El sistema de partidos políticos de República Dominicana no ha colapsado, y pese a la existencia de 40 partidos reconocidos por la JCE, habrá siempre la posibilidad de opciones de izquierda, de derecha, del centro, de la ultraderecha y que provengan de los nuevos medios, como son las redes sociales.
Los partidos tradicionales, los más importantes, que son el PRM, el PLD y FP, seguirán jugando su rol, y no hay riesgo de ruptura oportunista ni pasajera, como ha ocurrido siempre que hemos ido a procesos electorales para la presidencia de la República.
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