Para la sociedad dominicana la política es un compromiso serio. Luego de la caída de la dictadura de Trujillo nuestra democracia fue inestable y fue sacudida por la ideología, la revolución cubana, la guerra fría y un calentamiento juvenil que entusiasmó a gran parte de la juventud.
Pese a la revolución de abril, y la intervención militar de los Estados Unidos, fuerzas externas e internas pactaron y establecieron un régimen conservador, con Balaguer a la cabeza.
Balaguer estableció el método de permanecer con el 33 por ciento del apoyo electoral. Era el candidato de la paz, el candidato sin riesgos, el sabio y el hombre que desentrañaba la idiosincrasia dominicana.
Los 12 años de gobiernos de Balaguer garantizaron una estabilidad y sembraron la base para una República Dominicana cautelosa políticamente. El PRD era oposición, Juan Bosch y Peña sus líderes, y el bipartidismo se estableció. Sin aventuras.
Claro que hubo migraciones desde el sector empresarial hacia la política, y del mundo de las artes y las comunicaciones a la política. El más exitoso de todo fue un político curtido, aunque de origen social y económico cómodo, como lo fue Jacobo Majluta. Se marchó del PRD y fundó dos organizaciones políticas sin éxito: La Estructura y el Partido Revolucionario Independiente. Estuvo a punto de alcanzar la presidencia en 1986, pero la división del PRD y el conservadurismo dominicano favorecieron a Balaguer.
Jacinto Peynado pasó del ámbito empresarial a la política, y alcanzó la candidatura reformista cuando Balaguer ya no podía ser candidato. Ni Balaguer asistió a votar por él. Fue vicepresidente, pero su estructura económica se desinfló por su incursión en la política.
Miguel Vargas Maldonado fue otro que entró a la política con una riqueza ya hecha, fue candidato presidencial pero no logró el éxito deseado, y se quedó con el nombre del PRD, pero no prosperó políticamente.
En el mismo PRD, José Antonio Najri fue otro empresario que quiso hacer carrera política y lo obtuvo los logros que se propuso, por ejemplo con la candidatura senatorial por el Distrito Nacional.
Otros outsiders que entraron en la política, desde la farándula, fueron Roberto Salcedo, que fue alcalde del Distrito Nacional por el Partido de la Liberación Dominicana. Rafael Corporán de los Santos, por el Partido Reformista Social Cristiano, y Johnny Ventura por el PRD, a la muerte de José Francisco Peña Gómez.
Ha habido outsiders exitosos en candidaturas congresuales como Bolívar Valera, Héctor Acosta, Sergio Vargas, Manuel Jiménez, o el empresario Carlos Gómez, que viniendo desde Estados Unidos con una gran fortuna destronó de la senaduría de la provincia Espaillat a José Rafael Vargas.
Pero cuando se trata de la candidatura presidencial, por más exitoso que pueda ser un sujeto, por más redes sociales, o cambios de costumbres políticas que se deseen registrar, la sociedad dominicana no entra en esas aventuras.
Los outsiders que deseen entrar en la actividad política, o alcanzar algún puesto de elección estatal, deben hacerlo con las posiciones a las alcaldías o al Congreso Nacional. Antonio Marte, empresario del transporte es otro ejemplo de éxito, pero en posiciones en las que hay posibilidades, porque abundan, y el esfuerzo es fundamentalmente provincial o local, y no de carácter nacional, como una candidatura a la presidencia de la República.
Una especulación es la que algunos quieren hacer con Luis Abinader como si se tratara de un outsider. Y no es así. El actual presidente nació y creció en la actividad política, por los vínculos con su padre, José Rafael Abinader. Fue miembro de la Juventud Revolucionaria Dominicana, y dirigente. Lanzó desde temprano su figura a la actividad política, y conquistó la candidatura vicepresidencia del PRD en el 2012, con Hipólito Mejía como candidato. Y luego compitió con Mejía por la candidatura del PRM, y en el 2020 logró la presidencia. No se le puede considerar un outsider, aunque tiene procedencia como joven emprendedor y empresario.
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