La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) celebró el miércoles 17 de junio sus elecciones de autoridades para el período 2026-2030. Fue una jornada histórica por su escala —121 cargos en disputa— y por hitos de la votación masiva. Pero junto a esos hitos, la jornada dejó otra marca: la desinformación circuló con nombre, apellido y cargo institucional. No la propagaron bots ni cuentas anónimas. La propagaron los encargados de comunicación de los propios comandos de campaña.

Eso merece ser dicho con claridad. Y documentado.

Los primeros síntomas: La noche del miércoles, mientras se contaban los votos para la rectoría, circularon al menos tres encuestas de boca de urna que proyectaban un empate técnico entre el doctor Jorge Asjana David y el vicerrector Radhamés Silverio. Los números que se difundieron hablaban de diferencias mínimas, de una carrera cerrada, de incertidumbre.

Los resultados reales contaron otra historia: Asjana ganó con una diferencia que los propios datos preliminares describen como abismal, muy lejos de cualquier empate técnico.

Lo más grave no es que las encuestas estuvieran equivocadas. Las encuestas pueden fallar. Lo grave es que los comandos de campaña conocían sus propios números internos. Quienes manejan una campaña electoral saben, con razonable precisión, cómo están parados antes del cierre de urnas. Difundir proyecciones de empate cuando los datos propios apuntan a otra dirección no es un error metodológico: es una decisión estratégica. Y esa decisión tiene un nombre: desinformación.

El segundo caso es aún más concreto. En la contienda por la decanatura de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, el equipo de prensa de la candidata emitió un comunicado anunciando su victoria antes de que los resultados lo confirmaran.

Lo que había en ese momento no era una victoria. Era un empate técnico que obligaba a una segunda vuelta.

Los números lo explican: en primera vuelta, el reglamento electoral de la UASD exige obtener más del 50 % de los votos válidamente emitidos —el llamado 50+1. La candidata obtuvo el 49.8 % de los sufragios. Su rival, el maestro Martín Montilla, el 49.0 %. Ninguno superó el umbral. El proceso debía ir a segunda vuelta.

Sin embargo, el comunicado de prensa del comando declaró ganadora a la candidata. El mensaje circuló. Fue reproducido. Y generó una narrativa de triunfo que los hechos no respaldaban en ese momento.

Hay un elemento que agrava ambos casos y que no debe perderse en el análisis: los responsables de difundir esta información no son ciudadanos desinformados que comparten lo que les llega por WhatsApp. Son encargados de comunicación institucional de comandos de campaña. Profesionales —o personas que ejercen ese rol— cuya función específica es manejar la información con precisión y responsabilidad.

Que sean ellos quienes distorsionen los datos revela algo más profundo que un error puntual: revela la ausencia de criterios éticos en el ejercicio de la comunicación política universitaria. Y eso, en una academia que forma a los futuros abogados, políticos, comunicadores y líderes del país, no es un problema menor. Es un síntoma.

La UASD no es solo una universidad. Es, históricamente, el laboratorio político de la República Dominicana. Sus elecciones reproducen, en escala académica, las mismas dinámicas que luego se despliegan en las elecciones nacionales: las alianzas, las presiones, los rumores, las estrategias de comunicación. Lo que se practica aquí se exporta.

Por eso, cuando la desinformación permea un proceso electoral universitario, la alerta no es solo académica. Es política. Es cultural. Es una señal de que las malas prácticas no tienen fronteras institucionales y de que la ética informativa —o su ausencia— se aprende y se replica.

La reflexión es clave: Una democracia que tolera la desinformación en sus espacios formativos no debería sorprenderse cuando esa desinformación aparece en sus espacios de poder.

Frente a esto, el periodismo tiene una sola respuesta posible: documentar y verificar. No amplificar el rumor, no reproducir el comunicado sin cotejarlo, no tratar las encuestas de boca de urna como si fueran resultados oficiales.

La función génesis del periodismo —registrar lo que ocurre con precisión y ponerlo en contexto— no es un ideal romántico. Es la única herramienta que existe para que la ciudadanía pueda distinguir lo que es verdad de lo que alguien quiere que parezca verdad.

Las elecciones de la UASD del 17 de junio lo recordaron de la manera más concreta posible: cuando los encargados de comunicar deciden desinformar, alguien tiene que estar ahí para corregir el registro.

Ese alguien es el periodismo independiente que hacemos en Acento.com.do