Roberto Fernández, un cubano-dominicano que trabajó muy de cerca tanto con Juan Bosch y como con José Francisco Peña Gómez desde la caída de la dictadura de Trujillo hasta el fallecimiento del líder del Partido Revolucionario Dominicano en 1998, acaba de fallecer en Miami, Florida, donde estuvo viviendo los últimos 30 años.
Roberto, conocido popularmente como "El cubano", era un colaborador eficiente de Peña Gómez, en sus afanes políticos y durante el tiempo que le tocó ejercer de síndico del Distrito Nacional. Era pulcro, cauteloso, eficiente, inteligente, y guardaba con celo su propia imagen, porque se sentía como uno de los pocos cubanos que había sobrevivido a la persecución política de los adversarios del gobierno cubano encabezado por los hermanos Castro.
No se dejaba fotografiar, era cauteloso para establecer una vivienda fija, y pocos podían ubicarlo en un lugar. Formó familia cuando tuvo tiempo, ya tarde, no tuvo hijos, y su compañera Diana Collazo le ofreció seguridad en un hogar cálido, viviendo juntos, atesorando sus archivos, sus perros que recogía de las calles y cuidades, y recibiendo información y comunicándose con los amigos entrañables, con quienes compartía preocupaciones y hacía análisis del rumbo de la política en Estados Unidos, Cuba, Argentina, y por supuesto, la República Dominicana.
Formalmente no era economista, pero sabía tanto de economía como si lo hubiese estudiado en Harvard. No era sociólogo, pero sabía tanto de los fenómenos sociales como si hubiese estudiado en una de las escuelas de mayor arraigo.
Roberto Fernández era una enciclopedia de la historia política de la República Dominicana. No daba entrevistas. No aparecía en ningún diario, ni escribía artículos, salvo los textos sin nombre que publicaba en algunas de las revistas del exilio cubano en Miami. Una de las pocas excepciones de Roberto fue conceder una extensa entrevista a Bernardo Vega para la elaboración de su libro “Cómo los americanos ayudaron a colocar a Balaguer en el poder en 1966”.
Desde muy temprano y siendo muy joven Roberto se convirtió en una de las figuras relevantes cercanas a Juan Bosch, y de paso a la familia de Juan Bosch, a Doña Carmen y a sus hijos, en particular Barbarita, que le querían como si fuese un hermano. Roberto sirvió de asistente de Juan Bosch, para sus grandes investigaciones históricas, Roberto visitaba los archivos del Congreso de los Estados Unidos buscando discursos y documentos solicitados por el profesor Juan Bosch.
Y más que eso, Roberto se encargaba de suplir al profesor Bosch de sus necesidades para escribir, cinta de maquinillas, papel, archivos, buscaba referencias de escritores latinoamericanos. Era como una especie de secretario particular de Juan Bosch, que se encargaba de responder todas las peticiones del líder político.
Nunca aceptó un centavo, nunca tuvo propiedades, nunca pidió absolutamente nada. Y cuando el PRD, Peña Gómez o Juan Bosch, estuvieron en el poder nunca quiso absolutamente nada, ni aceptó funciones. Por razones de necesidad de Peña Gómez, Roberto Fernández se encargó de dirigir la transformación de Guibia, en el Malecón, de lo cual rindió informes y entregó por escrito los más mínimos detalles. Roberto dirigió la transformación de Guibia.
Aunque poca gente lo sabía, Roberto era un conocer al detalle de los organismos internacionales, conocía sus dinámicas internas como poco y facilitó el acceso de la República Dominicana a créditos blandos a los que pocos podían acceder. "Sus relaciones con los organismos internacionales muy buenas. Era un experto en conseguir informaciones, tenía penetración en todos los organismos de financiamiento en Washington. Yo me sorprendía del conocimiento que tenía de cosas internas que yo y unos pocos no sabíamos" nos reveló un reconocido economista y ex alto funcionario del Banco Central.
Igual fue Roberto Fernández con su hermano, como él le decía a José Francisco Peña Gómez. Le sirvió como palanca para sus relaciones internacionales, y armó con Milagros Ortiz Bosch, la campaña más grande que se haya hecho en la historia dominicana por la defensa de los derechos humanos, denunciando las atrocidades de los 12 años de Balaguer. Si hay alguien que fue gestor de la apertura de puertas en Washington y en Europa a Peña Gómez, fue Roberto Fernández.
A propósito, hay que decir que los Ortiz Bosch eran cinco, y no tres, porque siempre Roberto Fernández fue incluido como parte de la familia, como lo fue incluido José Francisco. Eran Virgilio, Milagros, Fernando, José Francisco y Roberto. "Hasta siempre y desde aquellos momentos fue un tío para nosotros, todos los sobrinos e hijos. Que siempre tuvo una habitación en la casa de abuela Angelita . Que ayudó a salvar a un montón de los hombres ranas y muchos otros combatientes. Que siempre estuvo por encima de las dos revoluciones, la que lo exilió y la que nos juntó" nos escribió Juan Basanta, hijo de Milagros Ortiz Bosch y sobrino de Roberto Fernández.
Nos escribió y nos dijo lo siguiente: "Cuenta que si no es por él yo no te pudiera escribir estas notas porque fue la persona clave que me llevó al hospital Mount Sinaí. No olvides decir que respiraba comparaciones sin ninguna aspiración. Que nunca pidió nada a cambio y que lo dio todo por sus amigos. Que su forma de pensar estaba por encima de las ideas, aunque las ideas lo perseguían a él. Nosotros somos los privilegiados haber contado con él, los que no le conocieron, se perdieron de tener el mejor amigo del mundo". Cierto. Roberto era el hombre más solidario que cualquiera pudiera conocer.
Tampoco quiso ser mencionado nunca en sus obras de bien. Era un hombre anónimo. Roberto fue siempre un perseguido político. Tratando de agredirlo a él, en una ocasión, ubicaron la residencia donde vivía su madre, en Miami, y a ella la asesinaron. Roberto nunca quiso hacer escándalo con eso. Resistió, sufrió y finalmente se protegió tanto como le fue posible, y Diana fue su guardián que le ayudó a sobrevivir en sus vicisitudes.
El no quiso nunca admitirlo, pero los perros que mantuvo, en una relación tan estrecha, le transmitieron una infección, que complicó mucho su cuadro diagnóstico. Estuvo en atención médica, fue operado de la columna, luego perdió la fuerza para mover las piernas y estuvo en sillas de rueda, y finalmente falleció este sábado 11 de julio, a las 7:54 de la noche.
Diana Collazo, su compañera, nos escribió diciendo lo siguiente: "Su lucha fue por el bien del pueblo y por principios. Tenia muy clara la importancia de la dignidad y el bienestar del pueblo. Ayer falleció Julio 11 a las 7:54 pm. Nunca buscó para él y lo demostró por su lucha constante contra lo incorrecto sin beneficio personal. Me dio su amor, su apoyo. Fuimos el uno para el otro como Ángeles guardianes. Tengo todo y no tengo nada sin él".
Roberto nos deja más que una historia de entrega y sacrificio por la democracia dominicana, por sus amigos en todas partes, y por su pueblo cubano, además del pueblo dominicano, a los que dedicó la mayor parte de su vida. Lo recordamos con amor y con gratitud, por todo lo que nos entregó y por todo lo que logró para este país, sin buscar nunca ninguna paga. Con el recuerdo pagaremos nuestras deudas con él y su familia.
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