El modelo tradicional de supervisión bancaria está agotado. Durante décadas, los equipos de la Superintendencia de Bancos han hecho un trabajo serio examinando carteras, reclamaciones, captaciones, provisiones y expedientes entidad por entidad, oficio por oficio. Pero el sistema financiero al que vigilan ya no es el mismo: las operaciones se ejecutan en milisegundos, los datos llegan en volúmenes que ningún equipo humano puede leer a tiempo y los riesgos ya no aparecen solo en los balances mensuales, sino en patrones de comportamiento que viajan de una plataforma a otra antes de que cualquier informe llegue al escritorio del supervisor. Frente a esa realidad, insistir en el modelo clásico de SBR es supervisar el siglo XXI con herramientas del siglo XX.

La vanguardia de la inteligencia artificial cambió el terreno de juego. Hoy existen modelos capaces de leer decenas de miles de documentos en minutos, detectar anomalías en series de datos masivas, anticipar deterioros de cartera antes de que se materialicen y conversar con el supervisor humano en lenguaje claro, sin jerga técnica. Los bancos, por su parte, ya usan esas mismas herramientas para otorgar créditos, detectar fraude, segmentar clientes y automatizar procesos. Mientras tanto, el Supervisor continúa trabajando en gran medida con planillas, reportes estandarizados y misiones de inspección cuya periodicidad es incompatible con la velocidad del mercado. La asimetría tecnológica entre supervisado y supervisor no es un detalle: es un riesgo sistémico en sí mismo.

Desde nuestra Columna La Banca Dominicana por Dentro proponemos que la Superintendencia de Bancos desarrolle una IA Supervisora propia, entrenada específicamente en el marco regulatorio dominicano, Ley 183-02, Ley 155-17, Ley 189-11, la Ley Monetaria y Financiera, los reglamentos prudenciales de la Junta Monetaria, las circulares de la Superintendencia, y conectada en tiempo casi real a los reportes que las entidades de intermediación financiera ya remiten al ente supervisor. No se trata de sustituir al supervisor humano, sino de darle un copiloto capaz de leer todo lo que hoy no alcanza a leer y de señalarle con precisión dónde mirar.

Una IA Supervisora bien diseñada tendría cuatro funciones esenciales. Primero, vigilancia continua: analizaría los reportes de cartera, provisiones, liquidez, encaje, captaciones y reclamaciones de manera permanente, no solo cuando se programa una inspección. Segundo, alerta temprana: detectaría desviaciones respecto a patrones históricos de cada entidad y del sistema, marcando señales que ameritan revisión humana antes de que el deterioro sea visible en los estados financieros. Tercero, lectura regulatoria: respondería con precisión, y con la norma citada, a preguntas operativas del propio equipo supervisor sobre admisibilidad de garantías, clasificación de deudores, tratamiento de reestructuraciones o requisitos de capital. Cuarto, transparencia ciudadana: podría alimentar paneles públicos con indicadores agregados y comprensibles del estado de la banca, reforzando la confianza en el sistema.

La República Dominicana vive un momento particularmente favorable para dar este paso. El sistema financiero local está consolidado, bien capitalizado y con estándares contables que facilitan la integración de datos. El país cuenta, además, con un cuerpo técnico en la Superintendencia con experiencia acumulada y con un ecosistema creciente de talento en ciencia de datos. A esto se suma una realidad ineludible: el volumen de información que debe procesar el supervisor crece cada año, mientras los recursos humanos crecen mucho más lentamente. La brecha ya no se cierra contratando más inspectores; se cierra dotando a los que hay de herramientas que multipliquen su alcance.

Hay otro factor que conviene nombrar sin rodeos. Los riesgos modernos ciberseguridad, lavado de activos con técnicas cada vez más sofisticadas, concentraciones sectoriales, exposición a choques externos como el que ha traído el conflicto en Medio Oriente al mercado petrolero y cambiario no se detectan con la misma caja de herramientas que los riesgos de hace veinte años. Requieren cruce masivo de datos, análisis de redes de contrapartes, lectura de noticias y reportes internacionales en tiempo real, y capacidad de correlacionar todo eso con las posiciones de cada entidad. Eso es, literalmente, aquello en lo que la inteligencia artificial destaca.

Una iniciativa de esta envergadura no puede nacer de un experimento aislado. Debe construirse por etapas, con gobernanza clara y con resguardos explícitos. Un camino sensato contempla cuatro etapas. La primera, de diagnóstico y diseño, definiría los casos de uso prioritarios por ejemplo, vigilancia de cartera hipotecaria, monitoreo de reclamaciones, análisis de captaciones sectoriales y los requerimientos de datos. La segunda, de construcción del modelo, incluiría el entrenamiento con el corpus regulatorio dominicano y con data histórica, bajo estrictos protocolos de privacidad y seguridad. La tercera, de piloto controlado, operaría en paralelo con los equipos humanos durante al menos un ciclo supervisor completo, para calibrar resultados y detectar sesgos. Solo entonces, en la cuarta etapa, la herramienta pasaría a producción como apoyo oficial del trabajo supervisor.

Los resguardos son tan importantes como la herramienta. La IA Supervisora debe ser explicable: cada alerta debe venir acompañada de la evidencia y la norma que la sustentan. Debe ser auditable: sus decisiones y recomendaciones deben quedar registradas. Debe respetar la confidencialidad de la información de las entidades supervisadas y de sus clientes, con arquitecturas de datos que impidan filtraciones. Y, sobre todo, debe operar bajo un principio no negociable: la decisión regulatoria final es siempre humana. La IA propone, documenta y alerta; el supervisor decide.

Países de la región ya dieron los primeros pasos. Varios supervisores latinoamericanos están pilotando herramientas de SupTech supervisión con tecnología, para el monitoreo de lavado de activos, riesgo de crédito y conducta de mercado. La pregunta no es si la Superintendencia de Bancos de la República Dominicana debe sumarse a esa ola, sino con qué ambición lo hará. Un proyecto tímido, limitado a automatizar lo que ya se hace, desperdiciaría la oportunidad. Un proyecto ambicioso, que reconozca que la inteligencia artificial está redefiniendo lo que significa supervisar, puede convertir a nuestra Superintendencia en una referencia regional.

La banca dominicana merece un supervisor a la altura de su complejidad actual. Los depositantes merecen un sistema vigilado con las mejores herramientas disponibles. El país merece una institucionalidad financiera que no solo reaccione a los problemas, sino que los anticipe. Desarrollar una IA Supervisora desde la Superintendencia de Bancos no es un lujo tecnológico: es, hoy, una condición para que la supervisión siga siendo eficaz. El modelo actual ya hizo lo que podía hacer. Lo que viene requiere algo más.

La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram

Jesús Geraldo Martínez

Economista

Dominicano, consultor, con amplia experiencia profesional en regulación y supervisión del sector financiero, destacado por sus conocimientos en gerencia, finanzas bancarias, gestión de riesgos, administración y optimización de portafolios, investigación económica, planificación estratégica, análisis de riesgos financieros y sectoriales, análisis y estructuración de bases de datos, econometría, estadística, diseño y aplicación de modelos de pruebas de estrés.

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