Profesor Jesús Geraldo, leí que el petróleo se ha desplomado desde el martes 7 de abril del 2026, Si el barril bajó tanto, ¿por qué sigo pagando casi lo mismo cuando lleno el tanque? ¿Y cuándo voy a sentir esa baja en la bomba?
Andrea M., Santiago.
Gracias, Andrea. Tu pregunta es de las más lógicas y de las que más me llegan estos días, así que vamos a desarmarla con calma.
La reciente crisis entre Estados Unidos e Irán volvió a demostrar algo que muchas veces los consumidores descubren con frustración: el precio internacional del petróleo puede subir o bajar muy rápido, pero el precio que pagamos por la gasolina, el gasoil o el GLP no necesariamente se mueve con la misma velocidad ni en la misma proporción.
En pocas semanas, el petróleo Brent pasó de US$ 71.21 por barril antes del conflicto a un máximo de US$ 138.21, un aumento de 94.1 %. Luego, cuando bajaron los temores sobre el tránsito por el Estrecho de Ormuz, el precio retrocedió hasta aproximadamente US$ 81 por barril al 16 de junio. Es decir, el petróleo devolvió gran parte del aumento provocado por la guerra, aunque todavía quedó 13.7 % por encima del nivel previo al conflicto.
Entonces, Andrea, la pregunta es válida: si el petróleo casi devolvió lo que había subido, ¿por qué el consumidor no siente una baja igual cuando va a la estación?
La primera explicación es que el precio del combustible que pagamos en la bomba no depende únicamente del precio del barril de petróleo. En ese precio final entran muchos componentes: el costo de importar el producto, el flete marítimo, los seguros, el almacenamiento, la distribución, los márgenes de comercialización, la tasa de cambio y, muy especialmente, los impuestos y la discrecionalidad que aplica el Gobierno para ajustar las finanzas públicas. Por eso, aunque el petróleo baje, el precio final al consumidor no baja en la misma proporción.
La segunda explicación es el tiempo. El combustible que usted compra hoy no necesariamente fue comprado ayer al precio más bajo del mercado internacional. Muchas veces ese combustible fue adquirido semanas antes, cuando el petróleo estaba más caro. Las empresas importadoras, distribuidoras y el propio sistema de abastecimiento trabajan con inventarios. Eso significa que la baja internacional tarda un tiempo en reflejarse en el mercado local.
La tercera explicación es que los precios suelen subir más rápido de lo que bajan. Cuando hay una guerra, una amenaza de cierre de una ruta marítima o una crisis internacional, los mercados reaccionan de inmediato porque temen escasez. Pero cuando el riesgo disminuye, la baja suele ser más lenta, porque el mercado necesita confirmar que la situación realmente se normalizó.
También hay que recordar que el Estado ha intervenid los precios de los combustibles para evitar aumentos bruscos al consumidor. Cuando el petróleo sube mucho, el Gobierno puede asumir parte del costo para que la gasolina o el gasoil no suban de golpe. Pero cuando el petróleo baja, también puede ocurrir que parte de esa reducción se utilice para compensar sacrificios fiscales anteriores o estabilizar el esquema de precios. Esto no siempre se explica bien al ciudadano, y por eso se genera molestia y desconfianza.
Ahora bien, la baja del petróleo sí es una buena noticia. Aunque no se refleje de inmediato en el precio del galón, ayuda a reducir presiones sobre el costo del transporte, la generación eléctrica, la producción de alimentos, los fletes y muchos bienes que dependen directa o indirectamente del combustible. Si la baja se mantiene durante varias semanas, es más probable que el consumidor empiece a sentir algún alivio, aunque sea gradual.
Lo ocurrido demuestra que el petróleo puede subir casi 100 % en pocas semanas y luego bajar rápidamente sin embargo, el Gobierno aplica una discrecionalidad no transparente que molesta al consumidor. Esa volatilidad afecta directamente el presupuesto de los hogares, especialmente de quienes usan vehículos todos los días, trabajan en transporte, tienen negocios pequeños o dependen del gasoil para operar.
Por eso, mi recomendación para los consumidores es muy práctica que exijan más transparencia al Gobierno. Cada vez que se anuncian precios de combustibles, debería explicarse de manera sencilla cuánto corresponde al precio internacional, cuánto a impuestos, cuánto a tasa de cambio y cuánto a márgenes de comercialización y cuanto es el supuesto subsidio por galón. Mientras esa información no se comunique con claridad, el ciudadano seguirá sintiendo frustración y sensación de impotencia.
Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.
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