La competencia entre Estados Unidos y China por el acceso a recursos estratégicos coloca a América Latina y el Caribe en una posición de “importancia geopolítica” por sus reservas de minerales, sus recursos energéticos y su potencial para desarrollar nuevas cadenas de valor y asegurar la cadena de suministro.
El consultor experto Guillermo Koutoudjian describe el escenario como una competencia estratégica entre Washington y Pekín, en la que la región dispone de recursos que son relevantes para ambas potencias, pero enfrenta un margen de maniobra más limitado.
Según Koutoudjian, China ha avanzado en los ámbitos tecnológico, científico, económico y financiero, mientras fortalece su posición en las tecnologías relacionadas con la eficiencia energética y en las cadenas de valor de los minerales críticos.
Estados Unidos, en cambio, utiliza su producción de hidrocarburos como uno de sus instrumentos de poder. El experto agregó que el país norteamericano se ha convertido en un exportador global de gas natural licuado, petróleo y derivados, sumando el superávit energético a sus herramientas de influencia.
“La energía ya no puede analizarse únicamente desde la perspectiva económica. El interés nacional, la seguridad del abastecimiento y el control de las cadenas de valor están desplazando criterios vinculados con la eficiencia económica y la cooperación internacional”, dijo.
Para Koutoudjian, la disputa por los minerales críticos tiene una dimensión de defensa y seguridad.
“Estos recursos son necesarios para fabricar sistemas militares, desde aviones de combate hasta submarinos nucleares”, sostuvo y como ejemplo, señaló que un F-35 requiere 417 kilogramos de minerales críticos y que un submarino nuclear de la clase Ohio utiliza unas dos toneladas.
China y Estados Unidos representan dos polos de influencia energética
La especialista del Banco Mundial, Gabriela Azuela, identifica a China y Estados Unidos como dos polos del nuevo escenario energético.
Azuela describió a China como un “electroestado”, debido a su posición en las cadenas de valor vinculadas con la electrificación, las energías renovables, la manufactura y el transporte eléctrico, mientras que Estados Unidos “avanza por otra vía, con una mayor producción de petróleo y gas y una estrategia de integración del hemisferio occidental”.
En medio de ambas fuerzas queda América Latina. De acuerdo con Azuela, mientras Washington busca reducir la huella de las inversiones chinas, Pekín continúa ofreciendo oportunidades mediante financiamiento y acceso a mercados.
Ante ese escenario, planteó que los países latinoamericanos deben negociar las condiciones de aprovechamiento de sus recursos estratégicos y evitar limitarse a exportar materias primas.
La especialista propuso, además, que la región fortalezca su capacidad de negociación mediante una mayor integración.
“Una posición conjunta permitiría discutir en mejores condiciones el aprovechamiento de recursos como el litio y el cobre, así como el desarrollo de cadenas regionales de manufactura”, dijo durante la XI Semana de la Energía.
Para Marcelino Madrigal, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina enfrenta el desafío de responder a la bipolaridad sin depender exclusivamente de una de las dos potencias.
Su planteamiento combina la electrificación de las economías con el fortalecimiento de la producción de combustibles, el almacenamiento y la seguridad energética.
Madrigal destacó el crecimiento de la producción regional de litio, que pasó de 27,000 a 98,000 toneladas, y señaló que en el caso del cobre existe espacio para aumentar el valor agregado.
“La región no debería limitarse a suministrar recursos para las cadenas productivas de otros países. El objetivo sería avanzar hacia actividades de mayor valor agregado y manufactura”, afirmó.
Renovables y almacenamiento también forman parte de la seguridad energética
La seguridad energética constituye otra parte de la respuesta regional planteada por Alejandra Bernal, de la Agencia Internacional de Energía (AEI).
Bernal consideró que la diversificación de las matrices energéticas y una mayor incorporación de fuentes renovables pueden reducir la vulnerabilidad de los países latinoamericanos ante las tensiones internacionales.
Explicó que la ventaja de las renovables está en que permiten producir energía localmente y reducen la exposición a los precios internacionales y a la dependencia de combustibles provenientes de otros países.
“Este aspecto es relevante para Centroamérica y el Caribe, donde nuestros países dependen en mayor medida de los combustibles importados”, agregó.
Pero la transición también enfrenta limitaciones de infraestructura. Bernal citó rezagos en almacenamiento, transmisión y preparación ante emergencias, elementos que inciden directamente en la seguridad energética.
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