Grupo D: Estados Unidos 2 Australia 0, Turquía 0 Paraguay 1. Grupo C: Escocia 0 Marruecos 1, Brasil 3 Haití 0. Hoy, grupo F: Países Bajos vs Suecia. Grupo E: Alemania vs Costa de Marfil, Ecuador vs Curazao.
‘Soy de izquierda, por supuesto. Creo en el estado de bienestar. No tengo seguro privado y nunca votaré a quien prometa bajarle los impuestos a los más ricos. Si hay algo que nunca haré en mi vida será votar por los políticos de derecha’, Jurguen Klopp, entrenador alemán que jamás reniega sobre sus posturas ideológicas, tema tabú en el mundo de los deportes y que él toca con asombrosa normalidad al igual que su amigo el entrenador catalán Pep Guardiola.
Klopp, actualmente alejado de los terrenos de juego, ha rechazado varias veces ser entrenador del Real Madrid debido al enorme poder en la toma de decisiones que tiene su presidente Florentino Pérez. Con pasos exitosos por el Borussia Dortmund y el Liverpool, Klopp, hombre de eterna sonrisa, sigue siendo uno de los entrenadores más deseados.
Sus equipos se han caracterizado por la intensidad, velocidad y alta presión, con una verticalidad que invita al caos en el centro del campo en la búsqueda de robo de balones para ejecutar contraataques antes que la defensa de los rivales se reorganice.
El fútbol como rehén de la política y la guerra
Para Vladimir Lenin la guerra es la continuación de la política por otros medios. En cambio, el fútbol muchas veces se convierte en la continuidad de la política trasladada a un terreno de juego. Lamentable pero ha sido así. Utilizado como instrumento político por tiranos para lavar imágenes, el fútbol, como industria capaz de movilizar masas, debería ser el opuesto natural de la política pero no lo es.
El fútbol como espectáculo masivo ha sido aprovechado por la política, tanto en campeonatos de clubes como en partidos de selecciones. Los conflictos vienen de muy lejos. Argelia y Francia trasladaban sus problemas a los campos de juego en los años veinte del pasado siglo. España, país que manifiesta en el fútbol su evidente quiebre interno, tras la guerra civil de 1936, sufrió una ruptura en su fútbol con secuelas que se viven hasta el sol de hoy.
La Segunda Guerra Mundial provocó que Europa mirara con sospecha a las selecciones de Alemania e Italia, aliados que de la mano de Hitler y Mussolini sembraron en el viejo continente la semilla de la discordia que tomó décadas solventar. Honduras y El Salvador tomaron la triste decisión de resolver sus históricas discrepancias a raíz de un partido de fútbol de eliminatorias para el Mundial en 1969. Aquello desencadenó un conflicto en donde no hubo vencedores pero sí perdedores ya que la llamada Guerra de las Cien Horas dejó miles de muertos de ambos lados.
Argentinos e Ingleses tomaron el estadio Azteca durante el Mundial de 1986 para extender al terreno de juego la entonces reciente guerra de las Malvinas. Maradona, con la ‘Mano de Dios’ y el gol más hermoso de la historia de los Mundiales, ‘vengó’ aquella derrota que Argentina sufrió en el campo de batalla.
Irán y Estados Unidos, dos países que acaban de firmar un acuerdo de paz de un conflicto iniciado a finales de febrero, aunque pertenecen a grupos diferentes, podrían coincidir en fase de eliminación directa en caso de que ambas selecciones logren avanzar en las rondas de clasificación. Es remota la posibilidad, pero existen las probabilidades matemáticas.
Sería un partido de alto riesgo en donde el orgullo patrio de ambas selecciones se dispararía a niveles insospechados. La selección de Irán, que actualmente juega el Mundial en territorio hostil porque no se le permite pernoctar en suelo estadounidense por las restricciones migratorias que Estados Unidos le impuso, ha utilizado símbolos que denuncian el bombardeo aéreo a una escuela durante el primer día de ataques de Estados Unidos e Israel en donde murieron 168 niñas entre los 7 y 12 años de edad.
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