Decía Hannah Arendt que en la política, lo colateral no es accidente, es condición…
Desde la geometría, lo colateral se refiere a lo que está situado al lado o en relación a otro elemento…
También, en la poesía, la fuerza está en lo colateral, entendido como las resonancias que emergen acompañando el sentido de un verso…
Con todo esto presente, diría que lo colateral es un arte y que el arte es, en su naturaleza, colateral.
Cerca de 17 años atrás, cuando aún estudiaba en la Universidad en Miami, llegué a Santo Domingo invitada por Charo Oquet y un proyecto de su espacio/galería en el Little Haiti de Miami, Edge Zones. Mi participación dentro del proyecto Arte de Incertidumbre/Art of Uncertainty era la de historiadora y crítica con mi charla/conferencia sobre arte, movilidad y ciudad en Bogotá: Colectivo Cambalache y el Museo de la Calle. Presentación después de pasar 2 meses investigando en la Universidad de los Andes en Bogotá.
El proyecto Arte de Incertidumbre llegaba a instalarse temporalmente en la zona colonial de Santo Domingo, en la calle Hostos, cerca del barrio Santa Bárbara, local elegido por Silvano Lora y su equipo años más temprano para forjar la Bienal Marginal de Santo Domingo, y consistía en una exhibición colectiva y su programación de eventos paralelos con artistas de Miami y de Santo Domingo. Al mismo tiempo estaba sucediendo la inauguración de la Bienal de Artes Visuales de Santo Domingo, evento al cual también acudimos como invitados.
La incertidumbre es una condición vital e inevitable, tanto o más, que lo colateral en el camino de enriquecer conocimientos y prácticas. El arte, en sí mismo, es una incertidumbre, tanto en su proceso, como en su lectura, pues las imágenes que libera son inciertas, como heridas abiertas, profundas, que requieren crítica y conciencia, tanto del observador como del participante, para aceptar que lo ilimitado de su profundidad no puede ser encasillado, ni por disciplinas, ni por nomenclaturas que apelen a darle o hacerla un saber seguro y estático.
El espacio independiente Edge Zones, en Miami, se tornó un referente de arte experimental y alternativo, gracias al trabajo incansable y constante de Charo Oquet, su gestora y directora. A quien conocí, en mis años universitarios, gracias a mi gran amiga y compañera de estudios, Liz Cerejido, curadora experta en arte cubano y ahora Directora del Cuban Heritage Collection Museum de la University of Miami.
Arte de Incertidumbre, curado por Charo Oquet y producido por Edge Zones, contó con la participación del dúo cubano-colombiano Gean Moreno y Ernesto Oroza con su estudio e instalación en base a las Arquitecturas de la necesidad, investigaciones a las poéticas del entorno a partir de la fuerza de la necesidad; el cubano Glexis Novoa con su obra site-specific La luz Permanente-Quisqueya; la artista dominicana Citlally Miranda en colectivo con José Pión y Ludwig Miranda con su acción sonora Abstractalks; Lázaro Estrada; Orlando Menicucci y Pepe Studios NY.
¡Gloriosamente diverso!
Los eventos que operan como colaterales a eventos con origen institucional, funcionan ilustrando los intersticios, que viven de lo indeterminado, expandiéndose en red y generando resonancias que reverberan progresivamente.
Por eso, fue durante esta experiencia que entendí que la riqueza de los proyectos está en las conexiones y las apariciones, estimuladas de manera robusta en los eventos paralelos, en la colateralidad de la oficialidad cultural.
En esos momentos, una versión más temprana de mi yo curatorial no dejaba de percibir redes multiplicadas, con seres que se asomaban en la realidad, tornándose censores en mi camino en lo que serían los años a venir… y todo desde la autenticidad y el respeto al otro. Surgían redes implícitas de acción entre actores, artistas, vecinos del barrio, escritores…
Fue en este tipo de conjuros de espacio/posibilidad colateral donde conocí artistas como: Orlando Menicucci, Rita Indiana, Quisqueya Henríquez, Citlally Miranda, un cultivo interdisciplinario abundante en creatividad, escucha y fertilidad cruzada entre todos los participantes del espacio, el barrio y sus habitantes. Conocí el merengue de calle, nuestro fiel compañero, nuestra memoria, cuerpo, territorio, y base de complicidad. Organización y profesionalismo presentes. Así fui, atando cabos, conectando puntos y armando mi propio esquema: Caribe, curaduría, comunidad, conocimiento. Tejiendo un método orgánico del hacer curatorial, sin excluir teorías, solo llevándolas a un lugar descentralizado, para oxigenarme y así crear mis propias teorías, desde la experiencia. Entendí de esa manera lo que sería mi oficio.
Ahora, sobre la Bienal Nacional de Artes Visuales de Santo Domingo, en su edición número 25, fue dedicada al maestro Ramón Oviedo. Toda una manifestación del esfuerzo institucional del Ministerio de Cultura, su responsable. El proyecto Arte de Incertidumbre visitó la Bienal. Presenció los protocolos, fue interesante en formas culturales, se premiaron artistas, entre ellos Pascal Mecariello por su obra Acuario Voraz de la serie Mundos Paralelos. Qué buena señal, pensé antes de regresar a nuestra zona, al Arte de Incertidumbre.
Fue una buena lección de control de sentidos y significados. Constatación de que la vida orgánica se da comunitariamente, ella parte de ahí, desde abajo, y en lo cotidiano.
¿Podremos guardar más espacios para imaginar la vida así? ¿Abierta? ¿Podremos verla como esa herida abierta que se hace más profunda gracias al arte?
Veremos…
Referencias:
Arendt, Hannah. La condición humana. Barcelona: Paidós, 1993.
Baldor, Aureliano. Geometría plana y del espacio. Madrid: Ediciones Codice, 1979.
Paz, Octavio. El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica, 2006
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