El poema de Luis Cernuda, Si el hombre pudiera decir, no se destaca como una elegía al deseo reprimido; es un campo de batalla donde el lenguaje intenta, y fracasa, liberarse de sus propios límites. Desde una perspectiva deconstructivista, la obra revela que la libertad no es un estado alcanzable, sino una construcción que depende enteramente de la existencia de la opresión.
El hombre ha mantenido su alma encarcelada. Pero, las cadenas no son externas, son el lenguaje mismo. Cernuda escribe: Si el hombre pudiera decir lo que ama. Ese “si” condicional es el abismo donde la identidad se desmorona. Al condicionar la verdad al acto de decir, el poeta admite que fuera de la palabra no hay existencia, pero dentro de la palabra hay ley y convención social.
La sociedad no solo ha construido un calabozo, ha dictado los planos arquitectónicos de nuestra psique. El hombre es estoico como una estatua porque el lenguaje de la masculinidad ha sido definido por la ausencia de color. Sin embargo, al deconstruir esta imagen, descubrimos que el gris opaco del hombre no es la ausencia de color; es la saturación de todos los colores prohibidos, comprimidos hasta la invisibilidad.
Es aquí donde surge la pregunta ¿por qué negarse a ser libre? Y la respuesta es aún más inquietante: se niega a ser libre porque la libertad, tal como la imaginamos, es una ilusión creada por el mismo sistema que nos oprime. Cernuda clama por un amor que sea libertad única, pero al hacerlo, el mismo lenguaje lo encadena.
En el poema, la libertad absoluta solo se encuentra en la disolución del “yo”. Cernuda redacta: Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofríos. Para ser libre, el hombre debe entregarse a la otra prisión. La oposición binaria Libertad vs Esclavitud colapsa. El hombre sin colores no busca luz blanca, busca una nueva forma de sombra que él pueda elegir.
Al hombre le han robado los colores, dejándolo ahogado en un mar de pasiones no dadas. Esto es poderoso porque sitúa al sujeto en un estado de no ser. El hombre de Cernuda no es un sujeto sólido, es un rastro, una huella de lo que proveía ser si el lenguaje permitiera la verdad.
Lo que la sociedad gobierna no es al hombre, sino al significado del hombre. El reclusorio que es dirigido por otro hombre es en realidad, el sistema del patriarcado y la norma que se muerde la cola; un círculo de espejos donde el hombre se vigila a sí mismo para asegurarse de que su gris siga siendo lo suficientemente puro, lo suficientemente muerto.
El poema de Cernuda no es una simple llave para salir de la celda, es el mapa que nos muestra que las paredes están hechas de palabras. El hombre sin colores no es un ser carente de escencia; es la prueba viviente de que la verdad es algo que el lenguaje solo puede rodear, pero nunca capturar. La verdadera deconstrucción ocurre cuando aceptamos que, incluso en el grito de libertad, seguimos habitando el eco de nuestra propia cárcel.
Bibliografía
- Cernuda, L. (2003). Antología. Biblioteca Virtual Nacional.
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