Dedicatoria

A la profesora Elis Martínez y al Comité de Padres de la Escuela de Voleibol Femenino de Arroyo Hondo, por demostrar que la formación de una atleta también se construye con historia, cultura, valores y amor por la patria.

Y a las jóvenes del equipo Sub-16, verdaderas protagonistas de esta experiencia, porque en ellas sembramos hoy las semillas de la ciudadanía que fortalecerá la República Dominicana del mañana.

"Ninguna medalla vale más que formar una joven orgullosa de su historia, de su cultura y de su patria."

El presidente del Instituto Duartiano, Dr. Wilson Gómez Ramírez, acompañado de miembros de la directiva, recibe en el salón de reuniones de la institución a las integrantes del equipo Sub-16 de la Escuela de Voleibol de Arroyo Hondo, como parte del recorrido cultural por la Ciudad Colonial.

Una experiencia que trasciende el deporte

Las grandes iniciativas casi nunca nacen de grandes presupuestos. Nacen de una idea, de una convicción y, sobre todo, del deseo de hacer una diferencia.

Así comenzó esta historia.

No nació en un museo, ni en un monumento, ni en una oficina pública. Nació del diálogo entre la profesora Elis Martínez, entrenadora de la Escuela de Voleibol Femenino de Arroyo Hondo, y el Comité de Padres, unidos por una misma inquietud: ofrecer a las jóvenes una formación que trascendiera los límites de la cancha.

Todos compartíamos la misma pregunta.

¿Cómo ayudar a formar mejores atletas sin dejar de formar mejores seres humanos?

La respuesta apareció de manera casi natural.

Había que sacar, por un día, el aprendizaje de la cancha y llevarlo al escenario donde comenzó nuestra historia como pueblo.

Había que permitir que aquellas muchachas caminaran por las mismas calles donde empezó la historia de América; que descubrieran el valor de nuestros monumentos; que escucharan las voces de quienes dedican su vida a preservar la memoria nacional; que comprendieran que representar los colores de un equipo también significa representar una nación con más de cinco siglos de historia.

Así nació el recorrido cultural "Conociendo el lugar donde comenzó la historia de América".

Más que una actividad recreativa, fue concebida como un proyecto educativo.

Más que una visita guiada, sería una experiencia para despertar preguntas.

Más que una caminata por la Ciudad Colonial, sería un encuentro con la identidad dominicana.

Desde el primer momento, la profesora Elis Martínez hizo suyo el proyecto. Lo asumió con el mismo entusiasmo con que prepara cada entrenamiento, convencida de que la misión de una entrenadora no concluye cuando termina un partido.

La visita a Casa de Teatro también despertó el talento artístico de varias integrantes del equipo Sub-16 de la Escuela de Voleibol de Arroyo Hondo. Animadas por la magia de este emblemático escenario, Amalie, Amaya, Yuneiri, Genet y Abigail se atrevieron a tomar el micrófono e interpretar varias canciones, demostrando que, además de sobresalir en el voleibol, poseen sensibilidad artística, seguridad escénica y un prometedor talento para el canto.

Una entrenadora también educa.

Educa con el ejemplo.

Educa formando disciplina.

Educa enseñando respeto.

Educa despertando confianza.

Y también educa cuando ayuda a sus atletas a descubrir el orgullo de pertenecer a su país.

Esa visión fue compartida plenamente por el Comité de Padres.

Porque educar no es únicamente acompañar tareas escolares o asistir a competencias deportivas.

Educar también significa abrir puertas.

Crear oportunidades.

Despertar curiosidad.

Sembrar valores.

Y ofrecer experiencias capaces de permanecer para siempre en la memoria.

Con esa ilusión, dieciséis jóvenes del equipo Sub-16 emprendieron una jornada que, sin que ellas lo imaginaran, terminaría convirtiéndose en una de las experiencias más significativas de su formación.

No llevábamos únicamente un equipo de jugadoras de voleibol.

Llevábamos dieciséis adolescentes llenas de sueños, preguntas y expectativas.

Y esperábamos que regresaran con algo mucho más valioso que una fotografía o un recuerdo.

Esperábamos que regresaran con una nueva manera de mirar su país.

La Ciudad Colonial posee un privilegio que ninguna otra ciudad del continente puede reclamar.

Aquí comenzó la primera ciudad europea permanente de América.

Aquí nacieron instituciones que marcaron el desarrollo del Nuevo Mundo.

Aquí todavía es posible caminar por calles que conservan la memoria de más de quinientos años.

Pero esa mañana la Ciudad Colonial no fue simplemente un conjunto de monumentos.

Fue un gran salón de clases al aire libre.

Nuestra primera parada fue la Catedral Primada de América.

Frente a sus muros centenarios comprendimos que la historia no permanece encerrada en los libros. Vive en la arquitectura, en las plazas, en los templos y en los espacios donde generaciones enteras construyeron los primeros capítulos de nuestra nación.

El Parque Colón nos recordó que hubo un tiempo en que aquel lugar era el gran centro político, social y comercial de la ciudad. Allí reflexionamos sobre la importancia del encuentro entre las personas, mucho antes de que existieran las redes sociales o la comunicación digital.

Conociendo las raíces de nuestra historia. Parte de las integrantes del equipo Sub-16 de la Escuela de Voleibol de Arroyo Hondo escucha atentamente las explicaciones sobre la canoa taína, símbolo del ingenio y de la extraordinaria capacidad de navegación de los primeros habitantes de la isla, durante su visita al Centro Cultural Taíno del Banco Popular.

Al recorrer la calle Las Damas, considerada la primera calle trazada y pavimentada de América, las jóvenes comenzaron a comprender que las piedras también conservan memoria. Cada paso parecía acercarlas un poco más a quienes caminaron por aquel mismo lugar hace cinco siglos.

Uno de los momentos más solemnes de toda la jornada tuvo lugar en el Panteón Nacional.

Fuimos recibidos por su director, Gustavo Ubri, quien compartió una apasionada exposición sobre el significado histórico y patriótico de este recinto donde descansan hombres y mujeres que dedicaron sus vidas al servicio de la República Dominicana.

Más que explicar un edificio, nos ayudó a comprender el profundo simbolismo de la memoria, del sacrificio y del compromiso con la nación.

Desde allí continuamos hacia la Fortaleza Ozama, cuyas murallas permitieron imaginar los tiempos en que los vigías observaban el horizonte para proteger la ciudad de corsarios e invasores.

La historia dejó de ser una narración distante.

Comenzó a sentirse cercana.

La visita al Centro Cultural Taíno abrió otra ventana hacia nuestro pasado.

Fuimos cordialmente recibidos por su directora, Carmen Rita Cordero, quien condujo al grupo por un recorrido que permitió descubrir la riqueza cultural de los primeros habitantes de nuestra isla y comprender que gran parte de nuestra identidad también nace de las raíces taínas que todavía permanecen vivas en nuestro lenguaje y en nuestras tradiciones.

Posteriormente llegamos al Centro Cultural Banreservas.

Allí fuimos acogidos por una comisión del equipo de trabajo de  Mijail Peralta Rodríguez, gerente de Cultura, quienes dieron la bienvenida al grupo y reafirmaron el compromiso del Centro con la difusión del patrimonio histórico y artístico dominicano.

Las exposiciones visitadas demostraron que la cultura no pertenece únicamente al pasado; continúa construyéndose cada día mediante el arte, la literatura, la memoria y el compromiso ciudadano.

Especial interés despertó la muestra dedicada a las hermanas Mirabal, cuya historia conmovió profundamente a las jóvenes y dio origen a interesantes reflexiones sobre la libertad, la dignidad y la defensa de los valores democráticos.

Uno de los momentos más emotivos del recorrido nos esperaba en el Instituto Duartiano.

Su presidente, Wilson Gómez Ramírez, junto a directivos y colaboradores de la institución, recibió al grupo con una hospitalidad que reflejó el profundo compromiso del Instituto con la preservación del pensamiento de Juan Pablo Duarte.

Las palabras de bienvenida fueron mucho más que un discurso protocolar.

Constituyeron una invitación a comprender que la patria no nació por casualidad, sino gracias al sacrificio de hombres y mujeres que colocaron el bien común por encima de cualquier interés personal.

Cuando las jóvenes entonaron el Himno Nacional Dominicano en la sede del Instituto Duartiano, el recorrido alcanzó uno de sus momentos más conmovedores.

No era solamente un canto.

Era una expresión sincera de respeto, gratitud e identidad.

De izquierda a derecha: Amy, Yuneiris, Jannel, Melany, Amelia y Genet, mientras recorren uno de los salones del Centro Cultural Taíno del Banco Popular, un espacio dedicado a preservar y difundir el legado histórico y cultural de los primeros habitantes de la isla.

La jornada concluyó en la tarde en Casa de Teatro, donde Freddy Ginebra y Sonia Rodríguez nos recibieron con la hospitalidad que ha distinguido a esa emblemática institución durante décadas.

Allí compartimos el almuerzo y conversamos sobre todo lo vivido durante el día.

Mientras observábamos a las muchachas comentar con entusiasmo cada experiencia, comprendimos que el verdadero recorrido no había transcurrido únicamente por las calles de la Ciudad Colonial.

Había ocurrido, sobre todo, en su interior.

Algo había cambiado.

Los monumentos habían despertado preguntas.

La historia había dejado de parecer lejana.

Y el orgullo de ser dominicanas comenzaba a adquirir un significado nuevo.

Pero la mayor sorpresa todavía estaba por llegar.

Al concluir la jornada, las jóvenes comenzaron a compartir sus impresiones.

Sus palabras demostraron que la semilla había encontrado tierra fértil.

Y fueron ellas, precisamente ellas, quienes terminaron dándonos la más hermosa lección de toda la experiencia.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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