Que la poeta Sally Rodríguez, en el sentido de su enigma, umbría, discurriera sobre cómo anular su propio nacimiento, “desnaciendo”, o su presencia de existir tras el terror de ser nada, “me miro”, ante el desengaño taciturno y la apatía, “muda frialdad”, de sus escatológicos reflejos, “borrosos y cansados”, aposentados en los múltiples trasuntos o “espejos” cotidianos, muestra un extraordinario ejercicio pendular en pos de regreso a sus orígenes de polvo y, asimismo, subsecuente  partida, ruta, a las cenizas.

Asume, la bardo, ciertamente, espacios, “caminos” impensados, trillos pasajeros, que, resuelta a desnacer, en ella se “bifurcan” con la antagónica traílla, entrelazada, del “amor” o el apego, por su parte, y la “rabia” o el odio, por el otro. De hecho, “raíces” ancestrales, no obstante, engendradas en sus adentros sin haber podido ser alguien, o nunca residir, en lo que atañe a la rígida reflexión existencial y escrituraria: “del polvo eres y al polvo volverás”.

Y es que, en el tacto y discernimiento de sus lemas, “frente a estos días” que, igualmente, se “bifurcan” en vastos y repentinos resplandores, “llamas blancas”, Sally Rodríguez, poetisa adjunta a los sentidos, también nos rememora que sucedemos moldeados de un coágulo de tierra, entretanto “las hojas”, nuestros triunfos, secas, de brusco “caen” como “las alas” de pájaros muertos. Así, lo impenetrable, “lo insondable”, del abismo medra, “crece”, en el curso de un profundo vuelo, “denso aleteo”, que atraviesa los piélagos, tantos, de los años, “mares del tiempo”, hasta asentarse, cuan adusta mortal espada, aquende en esa Catedral del vacío, materia y tormento de su cuerpo.

Catedral del vacío

Me miro desnaciendo

en espejos borrosos

cansados de su muda frialdad

Hay caminos de mí

que se bifurcan

y entretejen raíces

con rabia y amor

Las hojas caen

y son alas que vienen a morir

frente a estos días

que también se bifurcan

en llamas blancas

dilatadas

Mientras lo insondable crece

y un denso aleteo cruza

los mares del tiempo

hasta instalarse aquí

en esta catedral del vacío