En el cibermundo comienza a manifestarse una paradoja inquietante: cuanto más sofisticados se vuelven los algoritmos, más prescindible parece volverse el acto de pensar. La IA amplía nuestras capacidades, pero también reconfigura las condiciones en las que el pensamiento tiene lugar. Se trata de toda una arquitectura que nos precede y nos organiza y, en última instancia, nos sustituye en la tarea de comprender.

En este sentido, la IA nos hace más capaces, pero también puede volvernos más pasivos en la medida en que empieza a ocupar el lugar que antes correspondía a nuestro propio esfuerzo por comprender, interpretar y cuestionar la realidad.

Doctor Andrés Merejo

Desde esta perspectiva, la IA, entendida como dispositivo en el sentido de Agamben (2014) —esto es, como una red heterogénea de prácticas, saberes, técnicas y discursos orientada a capturar, conducir y modelar la conducta de los vivientes, produciendo formas específicas de subjetividad—, puede convertirnos en cibermonigotes: sujetos que delegan su pensamiento en los chatbots, como ChatGPT, Gemini o Claude, que aceptan respuestas sin someterlas a examen y actúan dentro de los márgenes que estos sistemas prescriben, quedando así inscritos en una lógica de uso que reduce su autonomía crítica y empobrece su capacidad reflexiva.

Pensar en su sentido más exigente implica demora y conflicto e interrogación sin garantía. Pero la lógica que rige la IA es otra: eficiencia y resolución inmediata. Allí donde el pensamiento se abre como pregunta, el algoritmo se impone como respuesta anticipada. Así, el sujeto cibernético deja de pensar por desplazamiento, porque el entorno virtual en el que habita ha vuelto innecesaria la incomodidad de la reflexión.

De ahí, que pensar el cibermundo exige hoy un giro decidido hacia una filosofía política de la IA, capaz de desentrañar las lógicas del ciberpoder (Merejo, 2026). No basta con describir innovaciones técnicas; es necesario comprender cómo la IA reconfigura las condiciones mismas de lo político, es decir, quién decide, con base en qué criterios y con qué consecuencias para la vida colectiva. En este marco, la cibervigilancia deja de ser un fenómeno periférico y pasa a constituirse en principio estructurante, donde el dato, su procesamiento y su proyección predictiva se convierten en instrumentos privilegiados de Gobierno.

Producto de esto, pensar el cibermundo desde esta perspectiva constituye una tarea crítica orientada a hacer visibles las relaciones de poder inscritas en el diseño y la implementación de la IA. Se trata de identificar las jerarquías implícitas, los criterios de exclusión y los modelos de sociedad que se proyectan a través de ellas.

Doctora Juana Encarnación

Sin embargo, esta exigencia crítica tropieza con una dificultad fundamental: en el mismo entorno que demanda reflexión, el ejercicio del pensamiento tiende a debilitarse. Pensar no es un acto automático ni una función garantizada por el simple acceso a la información. Pensar implica detenerse, interrogar la realidad, resistir la inercia de lo inmediato y someter a examen aquello que se presenta como evidente.

En su obra ¿Qué significa pensar?, Heidegger (2010) plantea que el pensamiento es un producto profundo que surge cuando nos enfrentamos a aquello que realmente merece ser pensado. En tiempos de crisis y confusión, el verdadero pensamiento se vuelve más necesario, ya que nos invita a ir más allá de lo superficial y a cuestionar nuestra relación con el ser.

Este destacado filósofo sostiene, además, que pensar conlleva una dimensión ética: no solo se trata de comprender, sino de asumir una responsabilidad frente a nosotros mismos y al mundo. Al reflexionar profundamente, cuestionamos nuestras creencias y nos acercamos a una forma de vida más auténtica, conectada con lo que verdaderamente importa.

En tiempos de crisis y confusión, el pensamiento se vuelve necesario, porque nos obliga a ir más allá de lo superficial y a cuestionar las formas en que interpretamos el mundo y el cibermundo como un híbrido planetario. Pensar implica abrirnos a lo que aún no comprendemos, reconocer lo que permanece oculto y buscar la esencia de las cosas, en un proceso que exige atención, paciencia y disposición a aprender de lo que el mundo nos revela.

Asistentes al Primer Congreso Internacional de Investigación Educativa

Así, el pensamiento deja de ser un simple ejercicio mental y se convierte en una manera de habitar el mundo, orientada hacia el cuidado, el sentido y la comprensión de nuestra propia existencia y del ser en general.

Este enfoque filosófico se articula con la idea de Dewey (2007), en cuanto al pensamiento reflexivo, al considerar que este surge de la duda y consiste en un examen activo, persistente y cuidadoso de las creencias a la luz de sus fundamentos y consecuencias. Sin embargo, en el cibermundo, este ejercicio se encuentra debilitado por la aceleración informativa y la sobreestimulación constante.

Como explica Kahneman (2018), tendemos a operar mediante sistemas de pensamiento rápidos, automáticos e intuitivos que, aunque eficientes, pueden conducir a errores sistemáticos si no son cuestionados. El pensamiento analítico, lento, deliberado y exigente, requiere esfuerzo, y en un entorno que privilegia la inmediatez, suele quedar relegado. Así, el problema de nuestra época no es la falta de información, sino la dificultad para pensarla.

Nota: Extracto de mi conferencia presentada en la apertura del Primer Congreso Internacional de Investigación Educativa, celebrado los días 28 y 29 de abril de 2026 en el auditorio Manuel de Cabral de la Biblioteca Pedro Mir. El evento fue coordinado por la decana de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la doctora Juana Encarnación.

Andrés Merejo

Filósofo

Profesor e investigador de la escuela de filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD): PhD en Filosofía. Coordinador del Master Filosofía en un mundo global UASD-UPV/EHU (País Vasco). Especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Premio Nacional de ensayo científico (2014). Profesor del Año (UASD). Fundador del Instituto Dominicano de Investigación de la Ciberesfera (INDOIC). Fundador del Observatorio de las Humanidades Digitales de la UASD (2015). Miembro de la Sociedad Dominicana de Inteligencia Artificial (SODIA). Miembro fundador e integrante de la Junta Directiva de la Asociación Iberoamericana de Filosofía de las ciencias y las técnicas (AIFCYT). Director de fomento y difusión de la Ciencia y la Tecnología, del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCyT). Autor de varias obras: La vida americana en el siglo XXI (1998), Cuentos en NY (2002), Conversaciones en el Lago (2005), El ciberespacio en la Internet en la República Dominicana (2007), Hackers y Filosofía de la ciberpolítica (2012), La era del cibermundo (2015), La dominicanidad transida: entre lo real y virtual (2017), Filosofía para tiempos transidos y cibernéticos (2023), Cibermundo transido: Enredo gris de pospandemia, guerra y ciberguerra (2023), El oficio de pensar. Diálogos filosóficos (2025), vol. I y II, y Filosofía política de la inteligencia artificial. Poder, técnica y futuro humano (2026). Email: merejoandres@gmail.com

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