El autor africano participó el año pasado en el encuentro literario Mar de Palabras que, en junio, en su segunda versión, reunirá en Santo Domingo a destacados autores.

Con Luanda, su ciudad natal, tiene sentimientos encontrados. La quiere, creció en ella, y de ella tomó sus historias. Pero es desigual y las injusticias corren con el viento. Según él, Luanda es un festival de desigualdades.
Ondjaki nació en la capital angoleña el segundo año de la guerra de Angola y tenía veinticinco años cuando terminó. Y lo que más recuerda de aquel conflicto es el miedo regado en todos lados, especialmente el miedo de los jóvenes y sus madres a ser reclutados y enviados al frente. “Lo que nosotros vivíamos era el efecto psicológico y los rumores de la guerra, que si llegará o no llegará”.
Su nombre es Nadou de Almeida, y si adoptó Ondjaki como nombre literario es porque su madre, de pequeño, lo llamaba así.
Ondjaki tiene devoción por la música de las palabras y por sus ritmos, por sus armonías y por las maneras en que estas pueden bailar cuando las escriben o cuando son leídas. Por eso, se le encienden los ojos cuando le tocar mencionar palabras tan hermosas como maresía, que en su lengua quiere decir algo así como el aroma del mar. O como arejar, que significa abrir para dejar algo. “Palabras que tienen música”, dice.
La genealogía de sus historias está en su abuela, que le contaba historias inverosímiles que un día fueron a parar a sus libros.
Hijo de dos guerrilleros, Ondjaki es hijo de la generación que hizo la guerra de liberación. Es sociólogo de profesión, viajero por amor y escritor por devoción. Ha publicado novelas, cuentos y poesía. Su novela autobiográfica Buenos días, camarada ha sido traducida al español, francés, italiano, alemán e inglés.
En umbundu, una de las lenguas nacionales de Angola, su nombre significa guerrero.
Usted se llama Nadou de Almeida, pero prefiere que lo llamen Ondjaki. ¿Cambió su nombre por algún simbolismo o por alguna otra razón?

Es muy normal en Angola que los escritores, casi todos, tengan un nombre literario, un seudónimo. Y yo estaba para llamarme Ondjaki cuando era niño. Una vecina le contó una historia de Ondjaki a mi madre, y ella me dio el otro nombre, el que yo tengo hasta hoy. Y entonces, cuando empecé a escribir y salió mi primer libro, de poesía, el el editor, me preguntó ¿cómo quieres firmarlo? Le dije Ondjaki, y él me dijo ¿Solo Ondjaki? Si si, solo Ondjaki. Y él lo puso solo Ondjaki. Desde ahí me llaman Ondjaki. Donde me llaman Nadou es en la familia, la abuela, mis hermanos.
¿Y qué significa Ondjaki?
Ondjaki, además de guerrero, tiene muchos significados. Es el niño que nunca está quieto. Es eso, la persona que no para.
Era el nombre que mi madre había elegido. Así acabó llamándome la mayoría de las personas. Me llamo por el nombre que mi madre quería.
¿La literatura tiene una genealogía en su familia o comenzó con usted, es decir, viene de una familia de narradores y contadores de historias?
No es de familia. Mi padre ha publicado algunos libros, pero eso no tiene nada que ver con el inicio de mi carrera como escritor.
Sí tiene que ver con mi abuela, la madre de mi madre, que tampoco era escritora, sino una buenísima contadora de historias, no en el sentido de literatura escrita, sino literatura más de cuentos. Aunque ella también era una persona urbana, no son cuentos del África profunda. No. Son cuentos de ciudad. Es esa la manera de interpretar los ritmos de la vida.
¿Recuerda algunas de las historias que ella le contaba?
Si, siempre. Yo tengo un libro llamado Abuela 19 y el secreto del soviético. Esta abuela 19 es mi abuela, la que empezamos a llamarle 19 porque tuvieron que sacarse un dedo del pie, y como ya no tenía veinte, ahí empezamos a llamarla así.
Entonces, muchas de las historias pasan por mi abuela. Ella también es un personaje recurrente, está en cuatro o cinco libros míos. Esa es una parte que tiene mucho de Luanda, de Angola. Lo otro es por la imaginación.
¿Puede describir la ciudad de Luanda en forma literaria, algo parecido a lo que hizo en su libro Gente transparente?

Gente transparente fue mi largo intento de decirme a mí y a otros cómo era Luanda. Desafortunadamente, no te puedo decir cosas buenas. Porque yo cuando miro a Luanda o cuando miro a Río de Janeiro, donde viví algunos, cuando miro Lisboa, incluso, cuando hablamos de Santo Domingo, yo te diría que lo que hace a la ciudad es la verdad de las personas. Y con eso quiero decir de la mayoría de las personas.
Mucha gente dice ¿y Río cómo era? Era lo que se llama una ciudad maravillosa. Digo, depende de cómo lo quieres mirar. Río, geográficamente, es muy bonita. Pero Río no es eso. Río son las personas, son las señoras negras que trabajan para las señoras blancas. Es la dificultad de las favelas.
Luanda también. Luanda es bonita, sí. ¿Pero qué es Luanda? Es un festival de desigualdades. Es lo principal que yo veo. Te puedo hablar de Luanda en sentido geográfico. Sí, es bonita, pero lo que está pasando con las personas no es fácil.
Hay una cosa buena que creo que es lo mismo que Río también tiene. Las personas tienen mucha energía, tienen una capacidad de sobrevivencia muy buena. Y eso es muy bonito.
Es justo que te diga que lo que más me impresiona y lo más importante y lo más bonito de Luanda son las personas. La gente que está en Luanda en los últimos treinta años, no hay Luanda, hay que gente que llegó a Luanda.
Luanda es un caldero, una cosa grande donde pones todo. Es la ciudad capital, es donde está el dinero, donde están las mejores condiciones de sobrevivencia.
Yo creo que Luanda es eso. Luanda es una mezcla increíble de etnias, personas, voluntades, sueños, aspiraciones, deseos, danzas, ritmos, tristezas e ilusiones. Eso es Luanda.
¿Qué edad tenía usted cuando terminó la guerra de Angola?
Veinticinco años. Y no había guerra en Luanda. Casi nada. La guerra estaba lejos, doscientos, trescientos mil kilómetros. Lo más cercano sería trescientos kilómetros.
¿A pesar de esa distancia, qué ecos y qué historias llegaban a su lugar, a su familia?
Hay dos cosas que es importante decir. Cuando vives en Luanda y la guerra aparentemente está lejos, lo que tienes es un poco de miedo, lo que tienes es alguna vez problemas con el abastecimiento del agua y de la luz. La electricidad a veces se va.
No se puede hablar de la guerra de Luanda como una ciudad como Sarajevo o Palestina en ese momento, donde caen bombas. No fue eso. Porque es donde estaba al presidente y los militares protegían la capital, era la capital del país.
Entonces, lo que nosotros vivíamos era, sobre todo, el efecto psicológico y los rumores de la guerra, llegará, no llegará. Y tú, si eres niño, varón, sabes que a los dieciséis tienes que presentarte, decir yo soy esto, estoy aquí, vivo ahí y estoy estudiando. A los dieciocho en el periódico te llaman y tienes que presentarte para ir al servicio militar.
Ellos te preguntan ¿tú tienes dieciocho, que estás estudiando? Si está todo bien, si estás donde deberías estar con dieciocho, te dan lo que se llama adiamento militar. O sea, no vas ahora. Hay un papel que dice que tú estás estudiando. Si ya tienes algo malo ahí en la escuela ya vas inmediatamente, lo que era también una presión. La gente no quería reprobar. Era la peor pesadilla.
¿Eso significa que los malos estudiantes iban a la guerra?
Eso significaba que reprobar era peligroso. Te daban ganas de estudiar, tenías que tener voluntad de estudiar.
¿Cómo empezó su relación con la literatura? ¿Usted fue a las historias o ellas vinieron a usted?
Las historias, los cuentos, lo que es esa energía de contar vino a mí por mi familia. No solo de mi abuela. Mis padres son buenos contadores de historias. Toda mi familia de parte de padre y de madre estuvo involucrada en la lucha de liberación de Angola contra los portugueses.
Mi padre es de 1940, mi madre es de 1942. La independencia es del 75. Mis padres se conocieron en la guerrilla, eran guerrilleros los dos. Se conocieron ahí, en el 72, se casaron en el 75, han tenido la primera hija en el 76 y a mi en el 77.
Entonces, nosotros somos la primera generación que vive en la Angola libre, en una Angola independiente. Ellos no. Ellos estaban en el tiempo de la ocupación. Ellos, los de su generación, hicieron la independencia.
Entonces, es imposible no mirar las historias de mi familia porque está todo ahí.
Mi abuela tenía una amiga que se llamaba Carmen Hernándes que por dos veces estuvo embarazada. La primera vez le salió una bolsa llena de hormigas, y la segunda le nació un bebecito que era medio pájaro y medio niño. Y como hacía mucho calor, abrieron la ventana y el niño voló y se fue. Es de las historias que mi abuela me contaba.
Cuando lees a García Márquez tú dices, bueno, esto está bien, pero mi abuela ya me contó que una amiga suya tuvo un hijo que era medio pájaro.
Esas historias de ficción están muy involucradas con lo cotidiano. No es una separación así. Vas a un funeral, murió alguien, se come bien, se baila, se toma. La bebida es muy buena en los funerales. Pero lo que me gusta más que la comida y de tomar en los funerales son las historias.
Yo me la pasaba desde niño en los funerales, caminando para escuchar porque ahí salen historias. Yo no sé si el corazón está más abierto en esa noche por todo, obviamente. Aunque no sea tu muerto tú estás ahí y hay una energía. Uno está triste y yo creo que la gente se abre y te cuenta cosas que otro día no te cuenta.
¿Qué es el manoelés, el idioma poético que usted siempre menciona?
El manoelés es una lengua lindísima que hablaba un señor poeta brasileño llamado Manoel de Barros. Por eso le decimos el manoelés. Es un gran gran poeta. Él ya se fue, atravesó el río. Era un poeta y era lindo en lo que hacía. Estaba buscando lo más simple de todo. No quería una poesía complicada. Él lo decía, quería huir de los diccionarios. O sea, estaba buscando el piso, la arena, la lama, el viento, los pequeños insectos, más que los grandes. No era de hablar de elefantes, de leopardos. No. Él era de hablar de la mosca, de la relación poética entre la mosca y la mierda. Era capaz de hacer de ahí un poema interesante.
Ese es el manoelés. Es algo que cuando lo estás leyendo te atraviesa y que sientes que estás siendo atendido por algo de Manoel. Él era brasileño y vivía en Cuiabá. Cuando yo conocí la poesía de Manoel tenía como veintidós años.
¿Cuántas lenguas hay en Angola y en cuál escribe usted?
En Cabo Verde o en Guinea Bissau, que también fueron colonias de Portugal, ellos hablan portugués, con sus acentos, con sus variaciones locales, o hablan creole. Hay el creole de Cabo Verde y hay el creole de Guinea. Es distinto. El de Guinea es más cerrado, más difícil, el de Cabo Verde, más cercano a la lengua portuguesa, aunque tenga contribuciones de muchas otras lenguas.
En Angola y Mozambique no es este el caso. En Angola y Mozambique tú tienes, por un lado, la lengua oficial, que es la portuguesa, que es utilizada para el telediario, periódicos, etc. Pero tienes regiones en el país que son étnicamente distintas y diversas.
Muchas de esas regiones tienen sus lenguas. Hay dialectos, pero son lenguas. Bueno, el creole es una lengua también. Este creole de que te estoy hablando y el de Guinea tiene autonomía para ser una lengua.
Es muy distinto. Yo no hablo. ¿Y por qué no hablo? Porque nunca me han enseñado. En mi familia todos hablaban portugués. De Angola, pero era portugués.
Después, en algún momento en la escuela, te preguntan quieres inglés o francés, y en este momento te podrían preguntar ¿quieres aprender una de las lenguas nacionales?
¿Tú me preguntas y por qué es portugués? Bueno, así decidieron por una razón muy simple, que cuando estaba la lucha por la independencia estaban todos los grupos. Todos los grupos querían la independencia. ¿Qué lengua usaban para hablar y organizarse contra los portugueses? La lengua portuguesa.
Entonces, algunos guerrilleros dicen que la lengua portuguesa es un trofeo de guerra. O sea, que se quedó con nosotros porque nosotros usamos la lengua portuguesa para unificar todas esas etnias y hacer la guerra de liberación nacional. Y se quedó así.
Yo creo que tenemos que poner mucha, muchísima atención a las lenguas nacionales. ¿Por qué? Porque se están muriendo. Y no es solo la lengua que se muere. Se mueren los cuentos, la cultura, la riqueza. Hay cosas que solo existen en determinadas lenguas. Es eso.
Entonces, no son criollos, son lenguas. Son muchas. En Angola más de trece. En Mozambique creo que más de veinte lenguas. Otras, que no son la lengua portuguesa.
Cuando llegó la independencia, tanto en Angola como en Mozambique, decidieron que la lengua portuguesa iba a ser una más de las lenguas nacionales.
Entonces, cuando me preguntan usted escribe en la lengua del colonizador yo digo con mucha calma mire, yo nací en el 77 en un país independiente, libre. Ese país decidió que la lengua portuguesa era una de nuestras lenguas. Entonces para mí, la lengua portuguesa es una de las lenguas nuestras. No es la lengua de Portugal. Es la lengua portuguesa obviamente, que llegó con los portugueses. Puede que eso cambie en el futuro.
La gente se pregunta por qué no hablan kimbundu. Eso no es fácil en Angola porque pertenece a una etnia y si tú pones kimbundu como lengua nacional o unbundu, entonces te dicen por qué la tuya y no la mía. Entonces, la que es más fácil tener como nacional es la del otro.
¿El portugués fue entonces una lengua de resistencia?
De resistencia seguramente y primeramente. Lo que permitía y permite aún la lengua portuguesa es que un tipo de Angola hable con un tipo de Mozambique y hable con un tipo de Cabo Verde y hable con un tipo de Guinea y con un brasileño y con un portugués y con un tipo de Timon-Leste.
O sea, son cinco países en África, más Brasil, Portugal y Timor-Leste. Y también en Galicia, que me encanta, Portugal, donde se canta la cultura de la lengua portuguesa porque el portugués sale del gallego, y el castellano también. Y en toda la variante de español también. No es que pase del latín para el español. No. Pasa del latín para una cosa que se llama Galaicoportugués y desde ahí se separó y está el español, y el portugués que hablan en Portugal y en todo el mundo.
Son lenguas romances
Si. Que vienen del latín. Y eso está mezclado e implica muchas cosas, aunque a los portugueses les gusta decir Portugal nació no sé dónde, pero es complicado porque Portugal era un territorio ocupado también por España, pero antes los moros estaban ahí, y por otros y por otros.
Los portugueses dicen, ridículamente, la raza portuguesa. Eso no existe.
¿En qué circunstancias nació su novela Buenos días, camarada?
Ese libro es del año 2000. Lo escribí entre mayo y agosto de ese año. Yo estudiaba en Lisboa y pasó un editor de Angola que me comentó que estaba tratando de contratar algunos escritores porque tenía una nueva colección de ficción. Tenía que ser novela, no muy corta, porque no era cuentos. Tenía que ser un romance, una novela y tenía que tener como tema principal la Independencia.
Como él me planteó eso yo pensé que era mejor decirle que ya estaba escribiendo que decirle que no tenía nada sobre eso. Pensé él tiene el dinero, él está buscando historias con esto. Entonces, yo le mentí en ese almuerzo, que yo estaba escribiendo un libro y ahí me preguntó qué título tiene. No tiene título aun, porque no tenía ningún libro.
Yo entonces escribía poesía y algunos cuentos, y él me dijo, sí, pero cuál es tu idea, porque me dices que estás escribiendo algo que tiene que ver con la Independencia. Le dije, mira Jack, es que si tú piensas bien mi infancia tiene todo que ver con la Independencia, y él dijo, sí, pero cuál es la historia. Dije es la historia de mi infancia. Yo trato de contar la relación que teníamos nosotros, los niños, con el país, los maestros cubanos, los primeros años de Independencia. Yo te hablo de la primera generación de un país libre.
Pero empecé a anotar lo que le había dicho a él, infancia, maestros cubanos, padre, madre, independencia, escueta, tengo algo aquí. Esto es parte de una autobiografía. Hoy lo haría de otra manera. Ya pasaron veinticinco años, nunca había escrito algo tan largo.
El 12 de agosto le pasé el libro. Tuve la suerte de organizar bien las informaciones y descubrir con este libro esta voz que está aquí, este niño, que me ayuda a narrar las cosas. En Brasil piensan que este libro es para niños. Este libro no es para niños, es para todos. Yo he tenido niños de diez, de once que han leído este libro. Es una cosa. Tú puedes leerlo también, es otra cosa.
Yo quería esa inocencia, yo no quería mi mirada, aunque yo tuviera veinticinco años, yo quería la mirada de nosotros cuando teníamos diez, once, cómo era que estos niños veían al presidente, a los maestros cubanos, la guerra, las desigualdades sociales. Es eso lo que yo intenté reproducir. Si lo conseguí o no, no sé.
¿Usted perdió la virginidad literaria con este libro?
Si, yo diría que si, con este si porque me expuso muchísimo. La técnica, los contenidos. Todo. Si. Nunca me habían preguntado eso.
¿Me puede contar la historia que cuenta su novela Cuántas madrugadas tiene la noche?
La historia es esta. Un tipo se sienta en un bar y le dice a otro: yo quiero que me pagues una cerveza, y el tipo le dice si, te pago una. Después quieres, una segunda. Y el tipo le dice yo lo que tengo es sed, yo quiero beber. Pero si tú me pagas una cerveza o dos o cuantas puedas, yo te voy a contar una historia como nunca te han contado en la vida. Y el otro paga la cerveza para escuchar. Toma desde las seis, siete de la tarde hasta que el sol vuelve, y el tipo le cuenta la vida entera, cómo pasó, cómo fue, cómo vivió, cómo murió.
Solo que al final te das cuenta que el tipo murió y cómo volvió. Solo que al final te das cuenta que el tipo que le cuenta es el tipo que está hablando. Eso me pasó, algo más o menos parecido, en Luanda. Pero lo aumenté muchísimo.
Eso me pasó. El tipo me dijo si tú me pagas una cerveza yo te cuento una historia muy buena. Él tenía una historia muy buena. No era toda la que estaba en el libro porque la mezclé con muchísimas cosas. Pero la historia original ya era un poco así, y tenía una cosa muy bien para la literatura. Él me contó eso, no fui yo.
Tenía un enano en la historia, un enano muy inteligente. Tenía una flota de carros en Luanda, de transporte, tenía un albino y tenía un perro, una casa que tenía otra persona porque estaba dominada por el perro, y eso lo usé, creo, muy bien, mejor que lo que él me dio. Esa es la historia de Cuantas madrugadas.
Es un libro muy difícil de leer, incluso en portugués, porque está escrito en un portugués de Luanda muy duro, de calle.
Entonces, fácil no es, me han comentado los propios angoleños. No es fácil. Y no es fácil de traducir. Es bonito el título. El narrador me lo dio. Estaba escribiendo y a estas alturas, cuando ya estaba escribiendo, y cuando ya está bien borracho, pregunta el otro ¿Oye tío, una noche, cuántas madrugadas tiene? Y ahí se me ocurrió, aquí está el título. Estaba borracho, pero es un borracho poético. Ese libro ha sido traducido solo al italiano.
Partiendo de la premisa de que la ficción es una mentira, una dulce mentira, quiero saber si ha tenido que mentir mucho, es decir, ficcionar mucho la realidad para escribir sus historias. Como ve, estoy hablando de la tenue línea que hay entre ficción y realidad.
No. Es como en Colombia, es como en Cuba, es como en Mozambique, y Santo Domingo posiblemente.
Ya escuché decir que aquello que llaman realismo mágico es lo cotidiano, y lo mismo pasa en Cuba. Uno ve que las cosas pasan así. Pero tú te vas a Cuba para vivir, y para sobrevivir tienes que estar dentro del realismo mágico. Todos los días. ¿Por qué? Porque solo con imaginación tú puedes sobrevivir en Cuba. Sin imaginación no lo consigues. Ahí en Angola también porque hay dificultades, muchísimas.
Yo no concuerdo que la novela es una mentira. No. Es otra manera de aceptar que lo que han definido como reglas y la vida real, eso no pasa así en el continente africano. Sobre lo que los otros dicen que es la vida nosotros tenemos otro concepto de vida.
¿Y por qué digo eso? Ah, pero qué acontece. Hay gente volando ahí. No es de volar, es el ritmo, es la vivencia de la palabra, es la libertad de los niños, es la relación con los mayores, con la gente mayor y con los niños. En mi caso, yo crecí en la ciudad, pero en muchos casos la relación con la muerte es distinta que en Suecia o que en Portugal. O sea, los muertos no están en África tan distantes como están en otros lugares. Los muertos están ahí. Puedes verlos o no, puedes creer en eso o no, pero ellos siguen por ahí.
Lo mismo dirían los indígenas en Brasil, en Perú. Ellos tienen otra relación con lo que llamamos nosotros la muerte. La muerte es un pasaje.
Hay mucho énfasis en los aromas en sus historias. ¿Usted es de los escritores que escriben con los cinco sentidos?
Yo creo que cinco no, pero me gusta acordarme de los aromas, sí. A mí me encanta ser engañado por mi memoria. Yo lo acepto con mucha mucha tranquilidad. Hay gente que se esfuerza para acordarse de todo, y cómo fue y qué dijo abuela. Yo no. Yo estoy, mi abuela no está. Ya se fue. Yo estoy, yo hablo con ella a mi manera. Y hablo y pregunto, pero cómo fue eso y dejo que la respuesta venga.
Yo no voy a escribir exactamente lo que dice mi abuela porque la literatura no es un relato policial. Cuando estoy haciendo literatura yo tengo conciencia de que estoy haciendo literatura. No estoy contando a mi hijo qué es lo que dijo mi abuela. No. Literatura es de mi vida y de las cosas locas que mi abuela me contó. Puedo hacer algo interesante literariamente, que es algo distinto por otras razones.
Es muy claro para mí que es necesario dejar que la memoria sea otra y otra vez una cosa nueva. La memoria no es piedra, la memoria es viento y nube. Eso es la memoria, no es piedra. No puedes creer que sea piedra. Cómo vas a tener piedra dentro de tu pecho y de tu corazón. Pero un poco de viento y un poco de nube, sí.
Pensando en el manoelense, ¿qué idioma hablan los pájaros de Angola?
Yo sé un poco más de la lengua de los peces que los pájaros. Pero yo no sé leer el mensaje de los pájaros, como yo creo que Manoel sabía. ¿Sabes? Manoel es un traductor de pájaros, yo no.
Yo soy más de buscar la voz de los peces. Y hay una cosa que me encanta. Ayer Sorayda Peguero contó que a dos peces les preguntaron cómo era vivir dentro del agua, y los peces le contestaron qué es el agua. Eso es tan interesante. Porque es como si te preguntaran, disculpa, ¿puedes ensenarme a respirar?
En el día en que escuchemos o sintamos los pájaros y su canto como algo natural, ahí la traducción está bien hecha. Antes no. Estamos intentando, que no es malo. Por favor, pon eso en la entrevista: mejor intentar traducir los pájaros que bombardear a Palestina.
¿Por cierto, para qué sirve un libro si no sirve para parar una guerra en Gaza ni parar un bombardeo ni tumbar un gobierno?
Si, es verdad que desafortunadamente ni uno ni cien mil libros en este momento consiguen parar la guerra en Palestina. Pero mira qué cosa tan bonita. Si hay un niño en Palestina leyendo una historia, un cuento bonito de Luis Sepúlveda, este niño por treinta segundos se fue a un lugar mejor. Esto es lo que la literatura tiene que hacer. Ojalá que los libros paren guerras o salven personas. Pero creo que la manera del libro actuar es la magia inexplicable.
Yo creo que cada libro tiene su magia inexplicable. Si te toca o no, eso depende de tu apertura. A mí me toca Luis Sepúlveda, a ti te toca otro, a otro no le toca nada.
¿A usted le consta que las palabras tienen música?
Si, totalmente. Voy a decirte dos o tres palabras muy lindas en portugués. Una es maresía. ¿Sabes lo que es? Es, técnicamente, la mezcla de olores, de vapores que salen de la mar y que se encuentran. Eso es técnicamente y también está en el diccionario.
Ahora vamos a Manoel. La maresía es la capacidad de una persona de escuchar una frase que el mar le dice, y esa frase es muy sencilla y muy simple. La frase ¿es quieres bailar conmigo? Esto es la maresía. Es esa palabra. Imagínate cuanta música tiene la maresía.
Después una palabra tan sencilla y tan bonita: sandalia, que ustedes la usan también. Otra más adijamento, que es apertura. Y arejar es abrir, dejar pasar. Y otra palabra más, de las más simples del mundo: iba a decirte la palabra amor, pero es lo mismo, la palabra madre, mai, lo que tiene dentro es el mundo. La palabra madre tiene una cosa muy bonita, que es, independientemente de la guerra, que hay una madre que sufre porque su hijo es de Israel. Y hay una madre que sufre porque su hijo es de Palestina.
Entre dos madres, hay una madre que no le gusta que el hijo se vaya a bombardear, y hay otra madre que no le gusta que bombardeen su hijo en Palestina.
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