Las grandes ilusiones se construyen durante la primera infancia, etapa relativamente libre de las dificultades que caracterizan la adultez. Sin importar la procedencia, la clase social o etnia del sujeto, este es el momento en que se idealizan expectativas que, en ocasiones, no llegan a materializarse. Esta realidad puede manifestarse de manera similar en distintos contextos; por ello, Lucinda Riley enfoca la trama de su novela “La chica italiana” en la infancia de Rosanna, personaje que impulsa el desarrollo narrativo.

La historia inicia en Nápoles, lugar de residencia de la familia Menici, de origen humilde, cuyo sustento provenía de un pequeño café en el que se involucraban todos los miembros. El relato es presentado por Rosanna a través de escenas retrospectivas, mediante cartas dirigidas a su hijo Nico, que funcionan como una catarsis para superar el sufrimiento vivido tras casarse con Roberto Rossini, de quien se enamoró cuando aún era muy joven. Ella desconocía que se trataba de un sujeto que buscaba relaciones sin compromiso, motivadas únicamente por el placer sexual; para él, la mujer era solo un objeto de disfrute, sin establecer vínculos afectivos.

Sin embargo, con el tiempo todo cambió. Roberto y Rosanna se reencontraron en un escenario de ópera, donde él quedó impactado al contemplar a la mujer en la que ella se había convertido. La madurez que Rosanna demostraba sobre el escenario como cantante de ópera, lo llevó desde ese momento, a proponerse conquistarla, ignorando la noche de pasión que había vivido con su hermana mayor. Para lograrlo, recurrió a las mismas estrategias que le habían resultado exitosas en conquistas anteriores; no obstante, en el proceso comenzó a enamorarse de Rosanna, pues ella le despertó un sentimiento hasta entonces desconocido. Dado que Rosanna estaba enamorada de él, los acontecimientos se precipitaron y culminaron en el matrimonio.

Roberto manejó la noticia con discreción, no obstante, desde ese momento fue él quien asumió el control de las decisiones relacionadas con las contrataciones de conciertos, desestimando los acuerdos que Rosanna había establecido previamente con su mentor. Esta actitud por parte de su marido la fue distanciando no solo de sus amigos, sino también de su familia. Su vida comenzó a girar exclusivamente en torno a él, aunque la situación cambió con el nacimiento de su hijo Nico.

Rosanna se alejó de los escenarios, pues prefería permanecer en casa, mientras que su marido, aunque estuvo un tiempo con ambos, comenzó a añorar sus actividades usuales después de los conciertos. Esto propició la separación en la pareja en dos oportunidades, el egoísmo de Roberto casi le cuesta la vida a Nico, además de la paternidad de la hija de Carlota, su hermana. Lo que trajo como resultado que Rosanna decidiera terminar definitivamente con su marido, por su paz emocional. Aunque a consecuencia de un infarto, que sufrió Roberto, ella decidió  acompañarlo hasta su deceso final.

Resiliencia, música y movilidad socioeconómica en “La chica italiana”, de Lucinda Riley

Riley muestra los roles tradicionales de la mujer, configurados desde la masculinidad dominante. En una época en que el divorcio era visto como una deshonra para la mujer, responsable de asumir la tradición doméstica para la que fue formada, sin oportunidades educativas, enjuiciada socialmente si decidía traer un hijo sin tener una familia. El único futuro de la mujer era conseguir un esposo desde que alcanzaba la mayoría de edad.

Sin embargo, Rossana, la hija menor de la familia Minici rompió el esquema tradicional, asistió desde muy joven a clases de canto con un profesor particular, a pesar de no contar con grandes recursos económicos, y su familia depender de una pequeña pizzería en Piedigrotta. La fraternidad se impone sobre las aspiraciones individuales de algunos de sus miembros, revelando cómo los vínculos afectivos y los mandatos sociales delimitan las posibilidades de realización personal.

La novela se desarrolla en diversos escenarios en los que la ópera adquiere un papel casi protagónico dentro del entramado narrativo. En este marco la autora transmite una emotividad similar a la que se percibe en un recital de ópera. Así como la perseverancia para el fortalecimiento de las competencias que conducen a la meta.

En síntesis, La chica italiana aborda una trama en la que la mujer asume las consecuencias de sus decisiones, como resultado de la romantización del amor para la que fue educada, en la sociedad tradicional. En un contexto en que la música de ópera es el medio que posibilita la movilidad socioeconómica de los personajes principales. Es una obra que aborda la trama Ideal para quienes prefieren pasar un momento relajado disfrutando de una narrativa elegante, bien cuidada, en un nivel lexical que facilita su comprensión.

Minerva González Germosén

Educadora y escritora

Mi nombre es Minerva González Germosén y me encanta la música, tengo muchas canciones favoritas, pero “Una palabra” de Carlos Valera tiene un significado especial para mí, por el rol que juega la palabra en mi desempeño como docente. Sueño con escribir cuentos y novelas, transmitirles a mis nietos la pasión por la lectura, me gustaría vivir el tiempo que me queda desde una perspectiva diferente a mis antepasados; donde la lectura y la escritura sean mi equipaje de viajes hacia lugares remotos en los que se alcanzan las utopías anheladas y las limitaciones económicas, sociales y políticas no me han permitido lograr.

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