Colaboración especial de María Isabel Martínez Morera
El arte contemporáneo ha sido un territorio fértil para la construcción de una narrativa sobre lo femenino, que ha centrado su discurso en el espacio corporal, distanciándose de las visiones antropocéntricas occidentales y cuestionándolas -desde la mirada femenina- a través de toda una diversidad de lenguajes.
En la pintura, la escultura, el dibujo, la fotografía y en otras prácticas artísticas, el cuerpo de la mujer es motivo de reflexión al abordar diversas problemáticas como la identidad, la violencia de género o la marginalidad social. Reflexiones que han puesto patas arribas la representación esencialista y canónica, establecida desde un discurso patriarcal, muchas veces fragmentado y erótico.
Obras como “Your body is a batlegrour” [Tu cuerpo es un campo de batalla] de la artista de origen serbio Bárbara Kruger, han complejizado el tratamiento del cuerpo femenino, en este caso, del rostro, en una fotografía que lo divide en dos mitades, una en positivo y la otra en negativo, “como piezas de un tablero de ajedrez enfrentadas en un campo de batalla”, para advertir sobre el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.
Otra figura muy destacada en la producción artística de los últimos tiempos, la francesa Louise Bourgeois, se inclina por reivindicar el matriarcado original, lo que podemos observar en creaciones como “Diosa Frágil”. En muchas de sus propuestas, Bourgeois profundiza en el impacto que suelen provocar las heridas emocionales, y sus consecuencias con relación a la vulnerabilidad del cuerpo femenino.
Para comprender mejor las proposiciones a través de las cuales han adquirido una dimensión cuestionadora las reflexiones en torno a lo femenino -desde la mirada femenina- no podemos dejar de mencionar a la artista de la performance Marina Abramovic que ha indagado en “el dolor corporal extremo, en los estados de inconciencia, en los límites de las conexiones artista-público y en las problemáticas ego e identidad”.
Dentro del amplio espectro de la creación contemporánea en cuanto al abordaje crítico de determinados contextos violentos, generadores de relaciones sicológicas traumáticas, donde el rol de la mujer es sometido a situaciones extremas, en ocasiones doblemente violentas, en nuestro país destaca, entre otras producciones, la obra de Inés Tolentino.
Esta artista, nacida en Santo Domingo, ha desarrollado gran parte de su trabajo en París. Con una amplia formación académica, Inés pertenece a la generación de creadores del 80.
Su obra ha sido merecedora de importantes reconocimientos tanto en el país como en el extranjero, entre los que destacan: Premio del Concurso Fundación José Bellapart, Santo Domingo (2022), Premio Categoría Dibujo, Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, Santiago de los Caballeros en dos ocasiones (2006-2008), Gran Premio del 8vo Salón de Pintura Contemporánea de Francia (1983), entre otras distinciones, A su vez, su trayectoria artística está respaldada por un gran número de exposiciones individuales y colectivas, en República Dominicana y en el exterior.
Una mirada que pretenda seguir el registro creativo de Inés Tolentino exige mencionar algunas de sus series más relevantes de los últimos tiempos, entre las que se encuentra “Las Ciguapas” (2023), donde la artista redimensiona el papel mítico de la mujer dentro del cuerpo simbólico caribeño y Centroamericano.
El rol de poder de la Ciguapa en la obra de Tolentino va más allá de su capacidad de seducción. Se trata del poder ancestral femenino ligado a la fecundidad, reproducción y ciclos vitales. De ese sitial, donde la mujer durante milenios ha ocupado un lugar privilegiado, tanto en las prácticas mágicos religiosas, como en los panteones clásicos más elaborados. En esta hermosa serie, el cabello como símbolo, sintetiza esa fuerza femenina que hunde sus raíces en las creencias y prácticas más antiguas. Algunos detalles como las fotografías que aparecen en aparente collage sobre el cabello de la Ciguapa – “La Enredadera de tu pelo”- van construyendo otros significados, con el propósito de contextualizar y resignificar la interpretación del mito.
Pero, para comprender con mayor amplitud el significado de este ciclo temático, resulta ilustrativo acudir a las declaraciones de la propia artista: La Ciguapa es pretexto para revisitar las creencias populares, las relaciones de género, la composición racial, las desapariciones, la violencia y el éxodo rural hacia las ciudades y suburbios.
Entre las obras que destacan en esta producción se encuentran “Con mi pelo y mis pies”, “Ciguapa del DN”, “La Enredadera de tu pelo” y “La vida secreta de la Ciguapa”. Todas ellas realizadas con técnicas mixtas, en las que Inés construye, como es habitual en sus piezas, un decorado de fondo, que a veces se superpone en varias capas, hasta confundirse con el dibujo. En este caso, se trata de fragmentos de tejidos con motivos florales o retazos rectangulares, que a manera de tapiz estructuran toda una ambientación un tanto kitsch -propia del gusto popular- y que va a ser enriquecida por un dibujo minucioso, que la artista elabora con gracia y síntesis impresionantes.
Habría que destacar que, en estas obras, por motivos obvios, el cabello y los pies constituyen elementos visuales protagónicos.
“Los vestidos” es el título de otro conjunto de obras, realizadas por Inés Tolentino en el año 2023, que podrían aludir a condición social, etaria, de género y época, entre otras connotaciones. Sin embargo, en medio de la delicadeza que le caracteriza como creadora, Tolentino utiliza recursos como las vestimentas, con el interés de mimetizarlas con la piel femenina, donde subyace un tipo de información clasificable: sexualidad precoz, infancia vulnerada, y erotización del cuerpo femenino.
Con una poética que recrea aves y follajes de plantas; la artista transmite un doble mensaje. Nos referimos a una inocencia encubierta, en medio de un discurso propositivo, que utiliza determinados motivos: uñas pintadas de rojo, cuerpo suspendido en postura de sacrificio y rastro de gotas de sangre, mientras los transforma en símbolos, para dar relevancia a su significado original en tanto atadura y/o compromiso.
En este cuerpo de obras, los títulos también resultan reveladores: “La novia de 15”, “La novia de 12”, “La Ciguita del Manglar”, piezas en las que clavos o espinas se esparcen por la anatomía superior del traje-piel.
La capacidad creativa de la artista al plantearse situaciones complejas mediante composiciones simples e imágenes centradas en una opacidad aparente se evidencia en la multiplicidad de lecturas posibles sobre nuestro contexto social, que persiste en prácticas muy violentas con relación a las niñas y adolescentes.
Con el sugestivo título de “Las mujeres de abril”, preámbulo de la serie “La piel”, realizada entre los años 2023 y 2024, Inés profundiza en algunos tópicos relacionados con la imagen de “lo dominicano”, componiendo una especie de fresco por donde desfilan personajes disímiles, posibles heroínas y héroes anónimos, que representan esa diversidad de matices étnicos y sociales con los que entrelaza, mediante una colorida escenografía, una presunción de identidad, que se compone y recompone a través de gestos, indumentarias y rasgos étnicos. Todo este panorama afianzado por la presencia de figuras icónicas (“La marcha de las coronelas”).
En estas obras, la mayoría realizadas en acrílico sobre papel, el color vibrante y plano, adquiere una fuerza comunicativa impactante, sin que la artista abandone la línea y la expresividad gráfica tan propias de sus obras, para patentizar cierta afinidad con la estética POP, lo que explica su interés en recrear la vida de personajes cotidianos sobre decorados llamativos. Entre sus exponentes destacan: “Isabel en su casa”, “Reina de su King Size” y “El domingo de Felicia”.
Sutil y cuidadosa en relación con la técnica y materiales que emplea, esta artista incluye bordados sobre las superficies de sus obras, fragmentos de fibras textiles, elementos como la madera y flores plásticas, entre otros recursos.
Dada su relevancia expresiva es importante destacar que existe una conexión incuestionable entre estos elementos y las problemáticas que aborda, lo que resulta mucho más interesante si tomamos en cuenta esa zona del inconsciente femenino, tratado desde el sicoanálisis y que trasunta toda la obra de Inés de Tolentino, con menor o mayor insistencia.
Este sustrato relacionado con los impulsos humanos del inconsciente hace que sus propuestas puedan analizarse desde una posible relación con el deseo, la sexualidad, la identidad o como respuesta a determinados constructos arquetípicos jungianos, pero, sobre todo, desde una perspectiva experiencial o autorreferencial.
En estas circunstancias, algunas de sus últimas producciones como “No me desampares”, están concebidas como relatos de dolor, violencia, desamparo, memoria y espejo de vivencias personales o colectivas.
En la compleja iconografía de esta obra, sustentada en el uso de símbolos, destacan las flores mustias, las espinas, los exvotos, la representación del ánima, el lecho, el anagrama y un hilo rojo bordado en forma de corazón, útero y sagrado corazón de Jesús. Hilo que suele atravesar casi toda la producción de la artista, como también los pies o fragmentos del cuerpo femenino, el arma letal e imágenes religiosas.
Toda la combinación de símbolos que se yuxtaponen en esta obra podría remitirnos al duelo por mal de amores, al dolor del abandono, la pérdida o la ausencia, como heridas enquistadas en a ese espacio de la memoria que cuesta dejar salir, sino a través de la catarsis creativa.
Al mismo tiempo, si tomamos en cuenta las conexiones existentes entre esta obra y producciones anteriores como “Magdalena, Patricia e Inés”, del año 1922, podremos comprender como las preocupaciones esenciales de la artista, vuelven a su obra cíclicamente, para otorgar unidad y coherencia al conjunto de su producción, lo que nos permite argumentar que Tolentino centra su interés en profundizar en la siquis individual y colectiva de su contexto sociocultural.
Esencialmente en su unidad conceptual la obra de Inés Tolentino se percibe dentro de un entramado que recrea el espacio que habitamos -donde se sigue enhebrando la cultura- como una red de significados dinámicos, que codifican y enriquecen nuestro imaginario y nuestra manera particular de vivenciarlo.
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