La novela de Nan Chevalier es un trozo de tiempo congelado en el papel, es un fragmento del ayer dibujado para muchos en la memoria y será un tatuaje del tiempo que transcurre para los del presente. El frío de unos ojos que se te mueven detrás de la nuca, solo lo sabe quién estuvo en el mundo de las luchas y los ideales por un mejor país, esto, en el momento en que la realidad de la nación lo demandaba.
Sobre todo, porque la mirada de esos ojos podría ser lo de la muerte enviado en un uniforme te tela o de ideas. Eran días en que todos creíamos en algo (que era posible cambiar las cosas) alguien que no creía en las cosas ni en nadie que no fuera mantener la correlación de fuerzas del mundo bipolar en que naufragábamos como barco a la deriva.
La vieja confrontación ideológica del viejo orden atrapada en el tercio de isla. Esa es la tesis de Nan Chevalier en TIBIEZA. Y allí estuvimos muchos, no estuvimos todos, pero todos nos creímos en algún momento ser uno y ninguno al mismo tiempo.
Es que, sin mi permiso, Nan me retrata diría cual quera que fuera estudiante de aquellos días de la década perdida (los 80) que hoy sea un leyente de este narrar. TIBIEZA, sin dudas trae recueros a todos los que teníamos el resabio de los amargos 12 años balagueristas, de aquellos que nos forjamos entre lectura, estudios, lucha revolucionaria en los partidos de izquierda y grupos estudiantiles.
Otros dirán de aquellos que no fuimos comprados por el verde del dólar y las visas americana, o lo que muchos hicieron en el solar como lo dice el autor en la página 110-111: se Moria de hambre cuando un buen día recibió el mansaje de que alguien con mucho dinero, ligado al partido formado por otro de los viejos caudillos nacionales, quería hacerle una oferta…Y un sobre con dinero fue sustituido por muchos fajos de billetes en efectivo, y cuentas bancarias con las que jamás soñó.
Digamos que TIBIEZA, es denuncia de una época en que pensar distintos nos hacía objeto de selección para la disponer de nuestras vidas, siendo así, es entonces la denuncia del sicariato de estado, el abuso de poder y el haber vivido en una seudo democracia. Veamos esta cita del secuestro, pág.75…
Con todo, lo cierto es que Ignacio González Blonda fue encontrado tirado inconsciente en unos matorrales, a primeras horas de la mañana del día siguiente al secuestro, con el rostro desfigurado, y delirando.
Puedo afirmar que es la novela del tránsito, pero también la del recuerdo. Y puedo decir también con propiedad que esta TIBIEZA y NO TODO FUE TAN BREVE de Alejandro Santana, son las novelas dominicanas escrita por ochentistas que son un retrato de una década que, aunque se perdió, estremeció el mundo. Sí, que lo cambio. Pero ahí están ellas (las novelas) mencionadas como memorias, como faro alumbrando el pasar de un siglo que aún nos duele en el recuerdo de una guerra que no fue tan fría cuando de dejar páginas en blanco se trata.
Un cambio este tan profundo, que los seres llamados entre siglos (XX-XXI) hoy sufrimos las consecuencias de un choque de valores que nos hace incomprensible a la nueva camada, porque es ahí el detalle, no hay crisis de valores, hay cambios de valores que es diferentes, hay un cambio de paradigmas diríamos los teóricos del siglo pasado o de Chip dirán los jóvenes del presente y eso lo evidencia nuestro Nan Chevalier en el episodio LA SÚPER, en páginas 133-135, en la que nos dice entre otras cosas…
Es hermosa, y no escatimara esfuerzos para serlo más si el pequeño esmero se llamara cirugía plástica. Es un signo de nuestros tiempos…Avanza varias cuadras, al llegar a la W. Churchill dobla hacia la izquierda; en el semáforo de a 27 de febrero se detiene.
El minuto es suficiente para revisar cuatro de los cinco celulares; cambia la luz, reinicia la marcha, entre un mensaje de voz y otro: ¨amiga, ya tú sabes, viviendo la vida¨ y el otro, ¨hola, amor, salí para renovar el clóset¨; y ¨hola, má, devuélveme cuando puedas, pronto iré a visitarte al campo¨; y hola bebé, mañana temprano en el gimnasio. No tenga dudas. ¡Nadie igual que tú, bebé! Le daremos duro a las mancuernas. Lleva el aceite para el masaje¨.
Esa es la fotografía, el retrato al que aludimos en párrafos anteriores, es nuestro autor un paparazzi de nuestra realidad siglo XXI, es un calqueador del tiempo presente, Nan de los hechos hace un tatuaje en la espalda de la sociedad moderna a que nos enfrentamos. Antes era morir por la patria, ahora es que la patria muera por mí y eso no importa, importo yo la vuelta, hacer mi diligencia. No es ser devorador de libros (siglo pasado) sino, ser veedor de Netflix, porque ya ni Bakú de Tragón Boll Z, para también traerle un poco de recuerdo a los Chéen de los noventa.
TIBIEZA es denuncia, es proclama de lo bueno y de lo malo, uno en sentimientos y fracasos transitorios. Es denuncia de una sociedad que se nos despatilla, se nos desmiembra entre hechos y acciones que desmontan y laceran el privilegio de vivir en sociedad. Siendo uno de esto el de la corrupción estatal, y frente a ello una (in) justicia parcial, una complicidad gavilla, una protección hoy por ti mañana por mí.
El autor deja este grito de dolor y desesperación social en el pasaje Retorno a la Ciudad Colonial en las páginas 125- 127… en la que entre otras cosas nos dice: En las redes sociales se agigantaban los murmullos sobre su nombre en la lista infame de la corrupción; la llamada sociedad civil difundió un álbum en que Ignacio devenía figura central…estaba seguro – eso sí – de que la justicia no movería un dedo en su contra. Era su propio partido el que gobernaba la nación y nombraba al Procurador General de la República, marioneta del Poder Ejecutivo.
Esta es una novela en la que se desvivirá una parte de los leyentes del siglo pasado y otra se leerá en su propia salsa los del presente siglo. Es el no ser, del quiso ser y el ser del que no quiso ser, porque la revolución inminente que al parecer estaba a la vuelta de la esquina. Pero, de ¿cuál esquina? Ese fue el dato que falto tanto en la novela como en las acciones del quehacer revolucionario o de avanzada de aquellos días tormentosos de la posguerra.
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